Por Sebastian Barrionuevo, VP Latin America & Caribbean de Vingcard – ASSA ABLOY
La calidad de la conectividad en la infraestructura tecnológica de un hotel puede generar hasta un aumento de 121.8% en ingresos, gracias a la digitalización que impulsa en las operaciones y procesos. Una red inestable o saturada complica procesos internos como reservas, mantenimiento y comunicación del personal y afecta directamente la experiencia del viajero, generando frustraciones y malas reseñas que pueden dañar la reputación del hotel.
La preferencia por experiencias ágiles y sin fricciones continúa creciendo entre los huéspedes de hotel. Cerca de 50% ya opta por hacer el check-out desde su smartphone, mientras que 43% de los viajeros de lujo espera evitar filas por completo, según el 2025 State of Guest Tech Report, generado por Vingcard – ASSA ABLOY.
Estos datos reflejan cómo la conveniencia móvil se consolida como una expectativa básica en el sector. Paralelamente, la inteligencia artificial deja de ser vista como una innovación emergente para posicionarse como un recurso clave: el 58% de los huéspedes considera que puede mejorar de manera significativa su experiencia.
La gestión en una hospitalidad moderna requiere una infraestructura tecnológica capaz de soportar operaciones sin interrupciones. Sistemas internos como gestión, reservas, control de acceso, mantenimiento, seguridad y comunicación dependen en gran medida de una red robusta y segura. Ante ello, una falla en la conectividad puede traducirse en retrasos, errores administrativos o problemas de comunicación que afectan directamente la calidad del servicio, la eficiencia operativa, así como la experiencia y seguridad de los viajeros.
Todo gerente reconoce que la importancia de la conectividad no se limita a la operación interna: la reputación del hotel también está en juego. Según el reporte de Vingcard – ASSA ABLOY, 69% de viajeros esperan funciones inteligentes durante su estancia, así pues, los hoteles no tienen más remedio que ofrecer experiencias conectadas en todo momento, ya que –en la era de las reseñas digitales– un incidente técnico o una experiencia frustrante relacionada con problemas de conectividad puede convertirse en una valoración negativa que impactan la percepción de otros viajeros y pueden influir decisivamente en las decisiones, afectando la rentabilidad y la competitividad del hotel.
Los desafíos frecuentes de la conectividad hotelera
A pesar de su relevancia, muchos hoteles enfrentan obstáculos importantes para proporcionar una conectividad estable y de calidad, entre los principales se encuentran:
La insuficiente infraestructura de red, que limita el ancho de banda y genera cuellos de botella, especialmente en periodos de máxima ocupación.
La codependencia de múltiples dispositivos que incrementan la demanda de capacidad y la complejidad en la gestión del tráfico.
La fragmentación de soluciones tecnológicas y proveedores, dificultando una gestión centralizada y eficiente.
La dificultad de garantizar cobertura plena en todas las áreas del hotel, incluyendo habitaciones, zonas comunes y exteriores.
Estas problemáticas afectan la experiencia del huésped y la eficiencia operativa, generando retrasos, quejas y pérdida de ingresos.
La respuesta a estos desafíos es simple: una red confiable y segura es un activo que genera valor tangible. La inversión en una infraestructura bien diseñada, que incluya hardware y software especializada para entornos hoteleros permite operaciones eficientes y sin interrupciones.
Cuatro soluciones clave para la conectividad del futuro
Gateways de Internet de alta velocidad (HSIA): gestionan eficazmente la demanda de múltiples dispositivos y contenidos multimedia en HD, garantizando una experiencia fluida, priorizando servicios críticos y permitiendo la integración con sistemas de gestión propietaria y programas de fidelidad.
Infraestructura Wi-Fi: compuesta por switches PoE, puntos de acceso y plataformas de gestión centralizada, proporciona alta performance y confiabilidad, además de facilitar la expansión y adaptarse a nuevas tecnologías.
Portal exclusivo para huéspedes: una vía personalizada y segura para gestionar el acceso de clientes y visitantes, mejorando su experiencia y fidelización mediante procesos de autenticación en múltiples idiomas, integración con sistemas de gestión y campañas promocionales.
Tecnología Passpoint: la próxima generación en conectividad Wi-Fi, que permite accesos automáticos, seguros y sin interrupciones, incluso en redes interconectadas, fortaleciendo la protección contra amenazas y facilitando la gestión de relaciones con huéspedes recurrentes.
Estas soluciones permiten ofrecer, tanto a empleados como huéspedes, conexiones rápidas, estables y seguras, eliminando interrupciones y gestionando eficientemente el ancho de banda. Los beneficios incluyen:
Mejora en la productividad interna y en la experiencia del cliente.
Capacidad para integrar soluciones innovadoras como IoT o servicios personalizados.
Mayor control sobre la infraestructura, menor necesidad de intervención técnica y reducción de fallas técnicas.
Desde la perspectiva de los gerentes y directivos de hotel, esto se traduce en un control total sobre la infraestructura y menos tiempo dedicado a resolver problemas relacionados con la conectividad, que se traducen en una mayor disponibilidad para centrarse en otros aspectos estratégicos del hotel.
En un mercado donde cada interacción digital influye en la percepción del huésped y en la reputación del hotel, contar con una infraestructura de conectividad sólida se convierte en un diferenciador clave. Por tanto, la gestión de la hospitalidad moderna requiere de ver a la infraestructura de conectividad como un activo estratégico, capaz de impulsar el crecimiento, mejorar la experiencia del cliente y fortalecer la competitividad en un mercado en constante evolución.
México mantiene una contradicción en su política energética: mientras el discurso apuesta por la soberanía, la realidad profundiza la dependencia del extranjero. Importamos gas licuado de petróleo, combustibles automotrices y gas natural. El caso de este último energético es quizá el ejemplo más evidente. México vive atado a las importaciones, especialmente de Estados Unidos y esa dependencia se acentuó durante el sexenio del nacionalista Andrés Manuel López Obrador.
En 2025, México importó en promedio de 6 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) y el Sistema de Información Energética (SIE). Esto equivale a aproximadamente 68 mil millones de metros cúbicos anuales, un volumen histórico que confirma una tendencia creciente desde 2018.
El volumen del gas proviene del extranjero (principalmente de Texas) y que utiliza México, especialmente para la industria y para la generación de energía eléctrica equivale al 76% del consumo total nacional. Esto significa que tres de cada cuatro moléculas que consumimos no se extraen del subsuelo mexicano, aunque ahí está el gas natural: enterrado.
El balance del sexenio anterior es claro: las importaciones crecieron de manera sostenida, con un incremento promedio anual cercano al 5%, y un aumento acumulado de más de 30% respecto a 2018. Este fenómeno no fue casual. Respondió, por un lado, a la caída relativa de la producción nacional de gas y, por otro, a una política energética que, en los hechos, relegó el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente el gas de lutitas.
La negativa al fracking durante el sexenio pasado -más ideológica que técnica- dejó sepultado uno de los mayores potenciales energéticos del país. México cuenta con recursos prospectivos de hasta 141.5 billones de pies cúbicos de gas natural en yacimientos no convencionales, ubicados principalmente en tres cuencas: Burgos, Sabinas-Burro Picachos y Tampico-Misantla que abarcan parte de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.
De estas, la Cuenca de Burgos, en el noreste del país, es considerada la más importante por su extensión, infraestructura existente y cercanía con los desarrollos shale de Estados Unidos. Es, en términos geológicos y económicos, la gran reserva estratégica de gas natural de México.
Por eso, el giro del actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para volver a permitir extraer el gas natural alojado en las rocas mediante el fracking o fracturamiento hidráulico bajo nuevos estándares técnicos y ambientales no sólo resulta relevante, sino necesario, ya que marca el abandono de una narrativa que durante años frenó el aprovechamiento del gas natural y provocó el aumento en las importaciones.
La decisión significa reconocer que el gas natural no es el enemigo de la transición energética, sino su aliado. En un sistema eléctrico donde más del 60% de la generación depende de este combustible, su disponibilidad es indispensable para garantizar estabilidad, respaldo a energías renovables y competitividad industrial.
El gas natural es el combustible de transición ya que genera menos emisiones contaminantes que el carbón o el combustóleo; es más económico que otras opciones energéticas y es esencial para sostener el crecimiento económico mientras se avanza hacia un sistema más limpio.
Apostar por su producción nacional no significa renunciar a la transición energética, sino hacerla viable porque seguir dependiendo del gas importado representa riesgos como la vulnerabilidad ante eventos climáticos, tensiones geopolíticas que derivan en la volatilidad y, casi siempre, en aumento de precios, como se evidenció durante la crisis energética de Texas, en 2021.
Reevaluar el fracking significa dejar atrás el oscurantismo ideológico para adoptar una política energética informada y orientada al bienestar nacional. Ahora el reto es atraer y garantizar inversiones público-privadas; una regulación estricta y una supervisión clara de las prácticas para disminuir el daño al medio ambiente.
La inversión privada se mantiene como el pilar más sólido para garantizar la estabilidad y el crecimiento de México. Más allá de los indicadores macroeconómicos, es el flujo de capitales, nacionales y extranjeros, lo que traduce las proyecciones en empleos reales, infraestructura y competitividad. Cuando una empresa destina sus recursos económicos en territorio mexicano, no solo apuesta por un mercado consumidor, sino por la capacidad técnica de su gente y la posición estratégica del país en las cadenas de valor globales.
Esta semana, tres anuncios de sectores tan diversos como el de consumo masivo, la belleza y la manufactura pesada, confirman que, pese a los retos, la brújula de los negocios sigue apuntando hacia la consolidación en suelo azteca.
Nestlé apuesta en el Edoméx
La firma suiza Nestlé destinará una inversión de 455 millones de dólares. Lo interesante de este movimiento es su dualidad: 275 millones se destinan a modernizar sus cinco plantas ya existentes (desde el alimento para mascotas en Cuautitlán hasta los snacks saludables en Tultitlán), mientras que 180 millones dan vida a un nuevo Centro de Distribución (CEDIS) en Zumpango.
Con una capacidad de 90 mil posiciones de pallets, este CEDIS no es solo un almacén; es una declaración de eficiencia. Según Fausto Costa, presidente ejecutivo de la compañía, la hoja de ruta incluye automatización y mejoras en eficiencia hídrica y energética. Para una entidad que alberga a casi 3,000 colaboradores directos de la firma, esta inyección de capital asegura que la manufactura mexiquense siga siendo el corazón operativo de Nestlé en la región.
Natura y la conquista del “retail”
Por otra parte, en el sector de venta directa, Natura está rompiendo el molde tradicional. La compañía anunció la apertura de 10 nuevas tiendas y 10 franquicias para este 2026, buscando alcanzar 34 puntos de venta físicos. El objetivo es claro: capitalizar un mercado de belleza que en México supera los 14,000 millones de dólares anuales.
Francisco Demesa, director general de Natura y Avon, ha sido enfático: México es el mercado de habla hispana con mejores oportunidades en Latinoamérica. El giro hacia las franquicias es estratégico, pues permite fomentar el emprendimiento local manteniendo los estándares de una marca global. Es, en esencia, la evolución de la venta por catálogo hacia una experiencia omnicanal donde el consumidor decide dónde y cómo interactuar con la marca.
Die Casting: El silencio estratégico de la manufactura
El sector industrial se prepara para una cita clave en el Bajío. Los próximos 15 y 16 de abril, la Die Casting Expo México 2026 aterrizará en el Centro de Congresos de Querétaro. La fundición a presión es, quizás, uno de los héroes anónimos de nuestra economía; sin ella, las industrias automotriz y aeroespacial simplemente se detendrían.
México se ha consolidado como un centro de manufactura avanzada, y la región del Bajío —Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes— es el epicentro de este ecosistema. El evento no solo será una vitrina de maquinaria y aleaciones, sino un termómetro para medir cómo la automatización y la ingeniería de precisión están respondiendo a la creciente demanda de componentes especializados en Norteamérica.
En el balance final…
Desde el café que consumimos hasta las piezas de alta precisión de un motor, la inversión privada está presente. Que estas empresas sigan expandiendo sus líneas de producción y abriendo puntos de venta es la mejor señal de que México, con su infraestructura y talento, sigue siendo un destino indispensable para el capital global.
El Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), como cualquier otro, se mueve al ritmo de la oferta y la demanda. En el sector energético, más allá de una simple ley de mercado, las fluctuaciones de los precios reflejan las condiciones de todo el sistema eléctrico.
A partir del 2023, los precios en el Mercado para el Balance de Potencia (MBP), que forma parte del MEM, captaron la atención del sector y las empresas debido a su aumento exponencial. En términos sencillos, la potencia puede entenderse como la disponibilidad de capacidad firme para atender la máxima demanda de electricidad que requieren los usuarios para cubrir sus necesidades.
Los costos de la Potencia para un año se calculan por el nivel de oferta y demanda durante las 100 horas críticas del año anterior. Durante la pandemia, los precios se mantuvieron por debajo de 1 millón de pesos (mdp) por MW/año. En 2022, bajo el cálculo de 2021, aún se mantenía un rezago, con precios que incluso llegaron a cero. Posteriormente, hubo incrementos: de 0 a 3 mdp y luego a 4.6 mdp. En febrero de 2025, con la operación de 2024, el precio por MW alcanzó un récord histórico con 4.9 MDP/MW-año.
En 2025, cuatro factores propiciaron un panorama más equilibrado: mayor generación hidroeléctrica, ausencia de salidas a mantenimiento en verano, mejor planeación del sistema y una mayor disponibilidad de generación de energía. Esto permitió que las condiciones fueran más favorables, con un precio neto de 4.3 MDP/ MW. De hecho, en 2025, las horas críticas se concentraron principalmente entre abril y junio, periodo en el cual la disponibilidad de generación fue mayor, logrando un factor de cruce de oferta y demanda de 1.37 (menor al factor de 2.00 de 2024)
Tecnología y planeación
En este 2026, bajo el cálculo de 2025, el Mercado para el Balance de Potencia (MBP) inició un nuevo ciclo tras la revisión de la Tecnología de Generación de Referencia (TGR) realizada en 2025, proceso que ocurre cada tres años, la cual sirve como base para calcular el precio de la potencia.
Si bien la actualización de los parámetros asociados a la TGR es favorable para reflejar la situación actual del sistema eléctrico y los costos actuales de las Centrales de Generación, así como para dar visibilidad a las empresas que ya operan en el MEM, en esta nueva etapa el verdadero ahorro no solo dependerá de un mercado más ordenado, sino de la integración estratégica de tecnologías “detrás del medidor”.
Al sumar soluciones de almacenamiento en baterías (BESS) para la gestión de picos de demanda y el traslado de consumo de horarios en dónde la red está más saturada a horarios con menor estrés, las organizaciones no solo estarían comprando energía más barata, también blindarían su operación contra futuras fluctuaciones en los precios del MBP.
El futuro que marca la regulación
La industria energética en México está en plena evolución. Los cambios regulatorios recientes, como la publicación de la Ley del Sector Eléctrico (LSE) y la incorporación de las Disposiciones Administrativas de Carácter General (DACG) para el autoconsumo, están sentando las bases para una mayor claridad y flexibilidad en la integración de soluciones energéticas.
El futuro del MEM y del Mercado de Potencia parece estar tomando un giro positivo. Aunque persisten varios retos, la planeación estratégica es una oportunidad para las empresas que deseen fortalecer su posición en el mercado a través de la implementación de soluciones integrales de energía.
*El autor es Director de Suministro Calificado de Energía Real.