Celaya, Guanajuato, 09 de mayo, 2022.- Los impactos que la pandemia por COVID-19 ha originado en los estilos de vida de la población mundial, son de tal magnitud, que no se ha alcanzado a comprender su dimensión y mucho menos su trascendencia.
El aislamiento social y los largos espacios de soledad han afectado la forma de vida a partir de las políticas públicas de confinamiento para evitar la propagación de la pandemia por la COVID-19, circunstancias que siguen causando, particularmente en niños y adolescentes, percepciones de abandono, inseguridad, pérdida de libertad, previsibilidad y autosuficiencia y que requiere del reto de reiniciar o refundar el hábitat humano: “reseat el hábitat”.
Lo anterior se destaca en el Manifiesto Nacional-Hacia la nueva Normalidad- Prospectiva del Hábitat Postpandemia VIVIENDA, que presentaron en Celaya, Guanajuato, Marco Antonio Vergara, presidente de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM) y Luis Enrique López Cardiel, coordinador ejecutivo del Comité Mexicano para la Práctica internacional de la Arquitectura (COMPIAR) y José Luis Cortés, presidente de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA).
El documento tiene el propósito de mejorar las condiciones de vida de las personas y reiniciar o refundar el hábitat humano como un instrumento que impulse el compromiso de transformar las ciudades y de reconstruirlas dentro de la denominada nueva normalidad.
“Este Manifiesto es el resultado de un modelo de participación incluyente y bajo convocatoria abierta a todas las Regiones y Colegios integrantes de la FCARM, extendida a las organizaciones e instituciones profesionales, de investigación y académicas afines a la arquitectura, a sus especialistas y expertos de cada uno de los nichos temáticos”, informó Marco Vergara, presidente de la FCARM.
Agregó: El desarrollo del documento se integró bajo Grupos de Simulación y Prospectiva (GSP), organizados como Nodos de Tanques de Pensamiento (Think Tank) coordinadas por los vicepresidentes regionales, abarcando la diversidad de todos los estados, municipalidades y ciudades del país, con el aporte de la Coordinación de la Comisión de Arquitectas FCARM, bajo la premisa de incorporar una visión de género. Debido a la cuarentena de COVID-19, la mayor parte de este proceso se realizó a través de la modalidad virtual o a distancia.
Agregó que a raíz de la pandemia se registró un drástico impacto en la forma de vida y en el hábitat en el mundo. Debido a la emergencia sanitaria hubo caídas de hasta 70% anual de obras que fueron detenidas o retrasadas con respecto a la tipología de vivienda. De acuerdo con la Revista CIDOC-2020, la inversión en edificación residencial (construcción de vivienda) decreció 15.6 % y la no residencial lo hizo en 20.1% respecto a 2019.
El Manifiesto subraya que la vivienda durante la pandemia incrementó exponencialmente el “Trabajo En Casa”, mediante el uso de la tecnología y la conectividad. Las viviendas que tienen patio y/o terrazas propias, pudieron resolver de una mejor manera las actividades cotidianas.
Sin embargo, en los casos de los multifamiliares o viviendas masivas, al inicio buscaron desarrollarlas en espacios al aire libre, por lo tanto, hubo un aumento de afluencia en espacios públicos como parques, plazas, inclusive áreas deportivas. Más tarde las autoridades cerraron esta posibilidad ampliando el estado de frustración social.
La pandemia acrecentó las condiciones de inequidad, las ciudades siguen siendo inseguras y la vivienda se convirtió en un sitio desfavorable para las mujeres, niños, personas con discapacidad y adultos mayores. De acuerdo con el Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la violencia intrafamiliar en el año 2020 se incrementó un 5.1% (respecto al año 2018) y en el 2021 se incrementó un 15.3% (respecto al 2020).
Al saturarse los espacios de atención en hospitales, también la vivienda se transformó en un espacio de atención y procedimientos médicos para atender pacientes infectados por COVID-19, sin tener las capacidades y características para ello, ocasionando cadenas de contagios familiares, que se convirtieron en pérdidas de familias completas.
Asimismo, la importante relación y liga de la vivienda con el espacio público, los parques, jardines y campos deportivos, fue un factor que, en su caso, redujo las condiciones de estrés y tensión, hasta la prohibición de su uso y disfrute. Sin embargo, uno de los mayores hallazgos es que en grandes zonas de vivienda, el espacio público sólo existe como banqueta-arroyo, fortaleciendo las teorías del desequilibrio y la desigualdad territorial.
“Además, la precipitada adaptación de las diversas comunidades a las nuevas condiciones ha sido cuesta arriba, bajo ejercicios que han sido erróneos y a veces contraproducentes; en general las soluciones trans-pandemia no han contado con la capacidad de identificar la multiplicidad de retos y sobre todo en el campo de las políticas públicas, han tenido que ver con adaptaciones parciales, acciones de carácter temporal o paliativo, de muy corto plazo y, por el contrario, no en pocos casos, han hilado o causado otras cadenas de problemas no previstos”, indicó López Cardiel.
Bajo estas premisas, hay tendencias en las que habrá que poner atención:
· Para el año 2030 la población mundial que vive en asentamientos informales se incrementará en un 15%, respecto al año 2020. La mancha urbana de las ciudades crecerá por los desarrollos inmobiliarios que ocupan suelo de conservación, ejidos y bosques.
· En México, el macro diagnóstico señala que los modelos de vivienda continúan cumpliendo en forma reducida con las necesidades básicas de una familia promedio mexicana y no coadyuvan al aseguramiento del derecho a un nivel de vida adecuado. En este sentido, el proceso de mejora para reducir el impacto negativo generado por modelos de vivienda del pasado que, si bien no son del todo negativos, la nula capacidad de corrección y autocrítica por décadas, así como los intereses particulares sobre los generales, propician estados de insatisfacción, infelicidad y disgusto de la población, estados que coadyuvan a crear movimientos sociales descontrolados y violentos.
· La definición y concepto de “vivienda digna y decorosa” se mantiene en la Constitución, ocasionando que en la diversidad de instrumentos jurídicos (estatales y municipales) tengan una interpretación confusa, subjetiva y forzada. En este mismo caso se encuentra el concepto de “familia”, el cual ha rebasado los límites de una base social tradicional y que para el año 2030 el 51% de los hogares se integrarán por las denominadas “Familias en Transición”. La recuperación de la vivienda deshabitada es mínima, el rezago habitacional continúa su incremento con cuando menos un 0.8% anual, llegando a un alarmante 31.6%, y donde el porcentaje de mujeres propietarias únicas de vivienda amplía su rezago a un 37%.
La vivienda (edificación residencial a nivel global) en el año 2030 generará el 24% del total de emisiones por CO2 relacionadas con las energías, incrementándose en un 8% con relación al año 2019. · El exitoso crecimiento económico de los desarrolladores de vivienda tiene consecuencias graves para el desarrollo urbano, la movilidad y el transporte público, el equipamiento para la educación, la cultura, la salud y el abasto y comercio, entre otros, repercutiendo en la desigualdad y cohesión social, las identidades y particularmente ampliando la brecha de la pobreza y la pobreza extrema.