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Opinión

Unos zapatos grandes

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Para Yoy

Con los dedos índice y medio toma un poco de base blanca y la unta sobre su rostro. La base es importante, es como el lienzo virgen que sustenta los trazos del artista. Las cejas, por su parte, son un elemento que armoniza el conjunto; arqueadas o pronunciadas, se conjugan en este ritual de la exageración.

Él sabe que el maquillaje es un elemento primordial para el artista, igual de importante que el vestuario, es como el cuerpo mismo que se transforma de acuerdo con los tiempos escénicos. Vaya, como la vida misma. Es el arte de la vida misma.

En él empezaron a habitar deseos de niño hasta transformarse gradualmente en ambiciones de artista. Desde pequeño denotaba una gracia muy particular para hacer reír a los demás. La banda de chiquillos del barrio festejaba sus ocurrencias.

Payaso era especial para las travesuras. Su mejor amigo era Jojoy, mejor conocido como el Dientei de Serrucho. Éste se ganó su sobrenombre debido a su problema de pronunciación: susituía las letras “erre” y “ese” por la letra “i”. De modo que si Jojoy intentaba piropear a una joven con la frase:

—“No muevas tanto la cuna porque despiertas al niño”, terminaba diciendo:

—“No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño”.

Esos piropos de Jojoy hacían reír a las jóvenes y le ganaron innumerables amigas al atrevido mozalbete. A ellas no les importaba que el ratón le hubiera devorado la lengua.

Payaso y Jojoy eran compañeros en la telesecundaria del barrio. Juntos echaban a andar las más notables travesuras: rompían los focos de las marquesinas, pintarrajeaban paredes, escribían recados de amor anónimos y los depositaban en los buzones de las casas de los maridos más celosos en la colonia. Mataban clase para irse a recorrer la colonia Maravillas, siempre atentos a las posibles miradas de familiares y vecinos. Compraban un peso de tortillas y un chile en vinagre, se sentaban a la orilla de la banqueta y consumían el taco y el tiempo hasta llegada la hora de salida de la escuela. Sus respectivas situaciones familiares, en ninguna forma representaban un motivo para amargarse.

Jojoy era hijastro de un proxeneta que golpeaba por igual a su madre, a él y a su hermano. El padrastro era tipo de baja estatura que compensaba sus complejos con bravatas y golpes. Para el muchacho resultaba más práctico salir de casa desde temprano y regresar por la noche, pero su madre le exigía que volviera a la hora de la comida, después de salir de la telesecundaria. Esa era la única hora obligada en que debía reportarse Jojoy. Así evitaba encontrarse con su padrastro que, por lo general, dormía la mona después de fumarse un churro. Los horarios del hombre fuera de la casa estaban entre las ocho de la noche y las diez de la mañana del día siguiente.

A las seis con cuarenta de la tarde, el hombre debía tener el agua caliente y a la temperatura correcta en un cubo de agua y lista en el improvisado baño. Un rastrillo con navaja nueva —debían dejar a la vista la envoltura de la navaja para que él pudiera comprobarlo—, un jabón para su uso exclusivo que le proveía un tendero del mercado y que conseguía sobre pedido en las tiendas grandes de la calle Jesús María. Las chanclas debían estar listas al pie del camastro donde dormía, y la ropa, perfectamente planchada y doblada sobre la silla de madera. Un trozo de espejo de regular tamaño, carcomido por la humedad le devolvía su luminosa sonrisa cuando orgulloso peinaba con vaselina su copete estilo Elvis Presley. Al pie del espejo, sobre una repisa, siempre en perfecto orden: un tarro grande de crema Teatrical, un peine de carey, un estuche con lentes ahumados tipo gota y un corta uñas.

Porque aquellos objetos eran de uso exclusivo del rey de la casa —así lo había declarado el propio monarca—, y ningún mocoso jijo de la tiznada tenía derecho a hacer uso de ellos.

—Primero deben aprender a ganar el dinero, para poder disfrutar de lo bueno. Por lo pronto sólo son piojos, alimañas que no producen, que sólo chupan la sangre de la gente que sí trabajamos, que somos productivos —era el sermón inspirador que daba el hombre a sus entenados.

La madre sólo guardaba silencio y bajaba la cabeza: cualquier mirada que pudiera ser interpretada por el hombre como una contravención de sus palabras resultaba en una andanada de puntapiés contra los insurrectos, quienes se limitaban a tirarse sobre el piso y adoptar la posición del caracol: encoger las piernas debajo del abdomen, cubrir con las manos la cabeza y ser dóciles ante la voluntad del soberano que se jactaba de tener dos mujeres en el negocio de la diversión, y gracias a ellas, y a su talento y finura, había comida en la mesa de ese cuchitril al que sólo regresaba porque era un hombre piadoso de verdad a quien debían agradecer —remataba su continua perorata.

Payaso, por su parte, sólo tenía un hermano. Era hijo de padre alcohólico y madre esquizofrénica. Por las tardes trabajaba en la tienda de La Chata acomodando las botellas retornables en sus rejas de plástico.

Frente a la tienda había un terreno baldío que hacía las veces de basurero. Ahí los chiquillos se entretenían apedreando ratas que rascaban hoyos en la tierra y lagartijas que asoleaban sus rugosas pieles sobre las bardas de tabique salitroso. Muchos tenían la sangre fría para apuntar y disparar proyectiles certeros contra los bichos que, con la mejor de las suertes, sólo perdían alguna extremidad.

El baldío conservaba un tramo de mampostería de aproximadamente un metro de alto. Monumento a la eterna construcción inconclusa en el barrio. La banda de bribones brincaba sin problemas aquel obstáculo para convertirse en pepenadores ocasionales de latas o botellas.

A la tienda de La Chata acudían los parroquianos para beber cervezas enfriadas en una hielera de lámina. Frecuentemente, los bebedores eran presa de la extorsión policiaca bajo el argumento de que estaba prohibido ingerir bebidas embriagantes en la vía pública.

Sin embargo, todas las tardes, una pareja de payasos se internaban en la noche sentados sobre aquel trozo de frustrada cimentación. Compraban varias cervezas en la tienda y fumaban cigarros Casinos, dejando cementerios nutridos de colillas a su alrededor. El hombre, que aparentaba, por su andar, más de cincuenta años, en cada sorbo a su bebida mostraba sus encías desdentadas y miraba de reojo a la mujer, quien, tímida, daba tragos largos que provocaban la espuma en la botella. De sus rostros blancos destacaban dos pares de ojos pequeños como estrellas. Era una especie de maquillaje de aparente ausencia, con unos labios tan rojos como una rebanada de sandía.

Aquel par, signo inequívoco de que el circo se había instalado sobre la calle siete, abonaban un paisaje diferente. La banda de pequeños rufianes siguió con atención sus movimientos durante tres días continuos, sin atreverse a molestarlos, incluso, sin la mínima aproximación. Eran regulares en su hora de llegada a la tienda: unos minutos, apenas pasadas las nueve de la noche; una vez que el público ingresaba a la última función, y ellos estaban libres de sus ocupaciones: lanzaban fuego durante dos horas continuas a la entrada de la enorme carpa para atraer espectadores, desde las siete hasta las nueve de la noche. El dueño del circo afirmaba que la mejor función, la más concurrida era la última.

Los payasos cara blanca aparecieron al tercer día en la tienda; tras varias cervezas y cigarros, algo en su corazón aceleró sus motores; tal vez era la gasolina que se filtró hasta su cuerpo, quizá, la que no terminó por consumirse en el estallido del dragón. La cerveza y el tabaco contribuyeron en aquella pirotecnia. Los dos vehículos de cara blanca, sin darse cuenta, giraron la llave de sus propios motores y su corazón gruñó como un Cadillac afinado y feroz. Porque bastó un cambio de luz imperceptible, pasaron del preventivo al verde intenso y juntaron sus labios en un beso, lubricado como un cigüeñal en perfecto estado. Así, pasaron a segunda, y luego a tercera, hasta que sus máquinas, ansiosas por devorar el camino del otro, por rasguñar y clavar sus afilados neumáticos sobre asfalto de los cuerpos, los estaba tornando en clásicos que deben tratarse con sumo cuidado.

Pero en aquel desboque de la máquina, no hubo clutch, ni balata, ni freno de motor. Era un camino interminable de bajada. Sus besos acelerados rompieron la tarde. Untaron sus lenguas sobre el maquillaje barato de sus rostros. Se besaron el cuello, y sus manos trazaron nuevas rutas bajos aquellos trajes desgastados, renegridos.

Los pequeños gandules contemplaron curiosos aquellos besos, aquel amor que los payasos se dieron a su manera, sin recatos, incendiario, provocador, extraño por desconocido; en el mismo lugar donde cazaban lagartijas y ratas. Los chiquillos sólo miraron, mudos, sin gestos, como posando para una fotografía; voyeristas de ocasión asomándose a otras realidades, estatuas de sal cuyo pecado, si algo pudiese imputárseles, hubiese sido la oportunidad: estaban en el momento justo y en el lugar preciso. Cualquier juez, bajo esas circunstancias, no dudaría: culpables. Milagrosamente, ninguna de las madres de familia se apersonaba a esa hora en la tienda de La Chata. No había motivo para temer que alguien rompiera la escena. Las estufas debían estar cociendo la cena y los tendederos soportando grandes cargas de ropa extendida, lista para orearse toda la noche.

Payaso y Jojoy rompieron aquel silencio atronador, tan lleno de preguntas, tan desbordante. En sus respectivos hogares, la mejor aproximación al verbo amar se relacionaba con los verbos tragar: “si no te quisiera no te daría de tragar”; golpear: “porque te quiero te pego”; habitar: “dale gracias a Dios que tienes un techo y no andas como perro en la calle dando lástimas” …

—No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño —dijo Jojoy.

—Jojoy dientei de serrucho —dijo Payaso y una feroz carcajada hizo que La Chata de la tienda saliera a correr con agua a los chamagosos.

—Órale, a su casa o le voy a decir a sus madres lo que estaban viendo —amenazó la dependienta y los chamacos corrieron en desbandada.

Los payasos cara blanca, atolondrados, medio abotonaron sus ropas, y caminaron abrazados, tambaleantes en dirección al circo, a cinco calles de distancia.

Los años transcurrieron. Payaso se casó joven y se convirtió en padre con las obligaciones que ello implica. Ejerció diferentes oficios: fue ayudante de taquero, pero picar cebolla y lavar las tripas le causaba llanto y repulsión; fue morrongo, pero la sangre le daba asquito; como ayudante de albañil también fracasó porque la mezcla le quedaba aguada.

Pero los caminos de Dios son inescrutables, y Payaso encontró la oportunidad de oro para ejercer profesionalmente el trabajo soñado, aquel que garantiza hacer lo que a cada uno le gusta y, además, recibir un salario por ejercerlo: se transformó en un auténtico payaso. Al principio no fue fácil. Aprender las rutinas y perfeccionarse en el difícil arte de hacer reír le costó varios litros de lágrimas: hubo quienes se negaron a pagarle bajo argumentos absurdos, y también recibió amenazas de muerte porque no hizo reír al padre del festejado. Pero quién puede hacer reír a un tipo drogado con solvente que se siente más gracioso que el artista.

Historias de este tipo le sucedieron con frecuencia. Regularmente, los chiquillos malcriados le arrancaban las narices postizas; en la mente de muchos estaba la idea de que agredir al payaso era un derecho, aceptable por aquello de “el que paga manda”, y “si no le gusta hacer reír, para qué se alquila”.

También hubo intentos fallidos de parroquianos que se creían graciosos e intentaron alburear al payaso sin medir las consecuencias; porque en eso de Melón y Melames, el payaso se pintaba solo y rápido como pronto les daba la vuelta y los volteaba de revés en su ignorancia supina, en lo más básico: el lenguaje del barrio. Pero a nadie le gusta perder, y menos ser albureados con inteligencia, por eso se victimizaban, y se negaban a pagar el espectáculo porque el payaso les había exhibido en sus primitivas pretensiones de joder a alguien, porque Payaso entendía bien aquello de la dignidad del artista. Porque les faltó barrio y sensibilidad para saber dónde y cuándo. Porque su jefita sólo les dijo que eran bonitos y ellos lo creyeron. Porque pensaron que sólo ellos podían ser malos y gandallas. Y de eso, payaso sabía mucho, y Jojoy, y la banda de chamagosos también. Porque Payaso estaba ganándose el pan haciendo algo que le gustaba, y que disfrutaba desde niño: hacer reír. Porque sabía que vivir amargado es un pesar. Por eso Payaso salía de su casa, casi todas las tardes de sábado y domingo, y se persignaba pidiéndole a Dios que le evitara tratos con tipos frustrados y gandallas.

Este día, Jojoy toma en sus manos la urna que contiene las cenizas de Payaso. Con un trozo de papel higiénico quita el polvo que ha logrado colarse al nicho donde reposa desde hace varios años. Esas inescrutables rutas divinas lo llevaron a formar una nueva familia en un país de Sudamérica, donde murió. Sólo la mitad del polvo al que volvió, según reza la sentencia bíblica, regresó al país. La otra mitad se quedó allá.

Jojoy resiste las ganas de reírse, porque aprendió a reír en la tragedia. Porque le causa gracia que su mejor amigo esté metido en una caja de madera aparentando ser la mismísima muerte: bufona, vacía, blofera y fanfarrona. Está seguro de que el Payaso está actuando.

Una vez que el empleado del panteón coloca el seguro en el nicho. Jojoy imagina a su amigo Payaso cumpliendo el viejo ritual del maquillaje. Mira su rostro tipo Augusto, aunque siempre ha sabido que su corazón era Tramp o vagabundo. Sabe por él que la mera existencia requiere de unos zapatos grandes.

En el camposanto, la voz y las risotadas de dos cábulas se escuchan claramente piropeando jóvenes imaginarias: “No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño”.

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Gas natural: del dogma a la realidad

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México mantiene una contradicción en su política energética: mientras el discurso apuesta por la soberanía, la realidad profundiza la dependencia del extranjero. Importamos gas licuado de petróleo, combustibles automotrices y gas natural. El caso de este último energético es quizá el ejemplo más evidente. México vive atado a las importaciones, especialmente de Estados Unidos y esa dependencia se acentuó durante el sexenio del nacionalista Andrés Manuel López Obrador.

En 2025, México importó en promedio de 6 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) y el Sistema de Información Energética (SIE).  Esto equivale a aproximadamente 68 mil millones de metros cúbicos anuales, un volumen histórico que confirma una tendencia creciente desde 2018.

El volumen del gas proviene del extranjero (principalmente de Texas) y que utiliza México, especialmente para la industria y para la generación de energía eléctrica equivale al 76% del consumo total nacional.  Esto significa que tres de cada cuatro moléculas que consumimos no se extraen del subsuelo mexicano, aunque ahí está el gas natural: enterrado.

El balance del sexenio anterior es claro: las importaciones crecieron de manera sostenida, con un incremento promedio anual cercano al 5%, y un aumento acumulado de más de 30% respecto a 2018. Este fenómeno no fue casual. Respondió, por un lado, a la caída relativa de la producción nacional de gas y, por otro, a una política energética que, en los hechos, relegó el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente el gas de lutitas.

La negativa al fracking durante el sexenio pasado -más ideológica que técnica- dejó sepultado uno de los mayores potenciales energéticos del país. México cuenta con recursos prospectivos de hasta 141.5 billones de pies cúbicos de gas natural en yacimientos no convencionales, ubicados principalmente en tres cuencas: Burgos, Sabinas-Burro Picachos y Tampico-Misantla que abarcan parte de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

De estas, la Cuenca de Burgos, en el noreste del país, es considerada la más importante por su extensión, infraestructura existente y cercanía con los desarrollos shale de Estados Unidos. Es, en términos geológicos y económicos, la gran reserva estratégica de gas natural de México.

Por eso, el giro del actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para volver a permitir extraer el gas natural alojado en las rocas mediante el fracking o fracturamiento hidráulico bajo nuevos estándares técnicos y ambientales no sólo resulta relevante, sino necesario, ya que marca el abandono de una narrativa que durante años frenó el aprovechamiento del gas natural y provocó el aumento en las importaciones.

La decisión significa reconocer que el gas natural no es el enemigo de la transición energética, sino su aliado. En un sistema eléctrico donde más del 60% de la generación depende de este combustible, su disponibilidad es indispensable para garantizar estabilidad, respaldo a energías renovables y competitividad industrial. 

El gas natural es el combustible de transición ya que genera menos emisiones contaminantes que el carbón o el combustóleo; es más económico que otras opciones energéticas y es esencial para sostener el crecimiento económico mientras se avanza hacia un sistema más limpio.

Apostar por su producción nacional no significa renunciar a la transición energética, sino hacerla viable porque seguir dependiendo del gas importado representa riesgos como la vulnerabilidad ante eventos climáticos, tensiones geopolíticas que derivan en la volatilidad y, casi siempre, en aumento de precios, como se evidenció durante la crisis energética de Texas, en 2021.

Reevaluar el fracking significa dejar atrás el oscurantismo ideológico para adoptar una política energética informada y orientada al bienestar nacional. Ahora el reto es atraer y garantizar inversiones público-privadas; una regulación estricta y una supervisión clara de las prácticas para disminuir el daño al medio ambiente.

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Fuera de Balance / Inversión privada, motor que no debe detenerse

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Por Ángel Pérez Sánchez

La inversión privada se mantiene como el pilar más sólido para garantizar la estabilidad y el crecimiento de México. Más allá de los indicadores macroeconómicos, es el flujo de capitales, nacionales y extranjeros, lo que traduce las proyecciones en empleos reales, infraestructura y competitividad. Cuando una empresa destina sus recursos económicos en territorio mexicano, no solo apuesta por un mercado consumidor, sino por la capacidad técnica de su gente y la posición estratégica del país en las cadenas de valor globales.

Esta semana, tres anuncios de sectores tan diversos como el de consumo masivo, la belleza y la manufactura pesada, confirman que, pese a los retos, la brújula de los negocios sigue apuntando hacia la consolidación en suelo azteca.

Nestlé apuesta en el Edoméx

La firma suiza Nestlé destinará una inversión de 455 millones de dólares. Lo interesante de este movimiento es su dualidad: 275 millones se destinan a modernizar sus cinco plantas ya existentes (desde el alimento para mascotas en Cuautitlán hasta los snacks saludables en Tultitlán), mientras que 180 millones dan vida a un nuevo Centro de Distribución (CEDIS) en Zumpango.

Con una capacidad de 90 mil posiciones de pallets, este CEDIS no es solo un almacén; es una declaración de eficiencia. Según Fausto Costa, presidente ejecutivo de la compañía, la hoja de ruta incluye automatización y mejoras en eficiencia hídrica y energética. Para una entidad que alberga a casi 3,000 colaboradores directos de la firma, esta inyección de capital asegura que la manufactura mexiquense siga siendo el corazón operativo de Nestlé en la región.

Natura y la conquista del “retail”

Por otra parte, en el sector de venta directa, Natura está rompiendo el molde tradicional. La compañía anunció la apertura de 10 nuevas tiendas y 10 franquicias para este 2026, buscando alcanzar 34 puntos de venta físicos. El objetivo es claro: capitalizar un mercado de belleza que en México supera los 14,000 millones de dólares anuales.

Francisco Demesa, director general de Natura y Avon, ha sido enfático: México es el mercado de habla hispana con mejores oportunidades en Latinoamérica. El giro hacia las franquicias es estratégico, pues permite fomentar el emprendimiento local manteniendo los estándares de una marca global. Es, en esencia, la evolución de la venta por catálogo hacia una experiencia omnicanal donde el consumidor decide dónde y cómo interactuar con la marca.

Die Casting: El silencio estratégico de la manufactura

El sector industrial se prepara para una cita clave en el Bajío. Los próximos 15 y 16 de abril, la Die Casting Expo México 2026 aterrizará en el Centro de Congresos de Querétaro. La fundición a presión es, quizás, uno de los héroes anónimos de nuestra economía; sin ella, las industrias automotriz y aeroespacial simplemente se detendrían.

México se ha consolidado como un centro de manufactura avanzada, y la región del Bajío —Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes— es el epicentro de este ecosistema. El evento no solo será una vitrina de maquinaria y aleaciones, sino un termómetro para medir cómo la automatización y la ingeniería de precisión están respondiendo a la creciente demanda de componentes especializados en Norteamérica.

En el balance final…

Desde el café que consumimos hasta las piezas de alta precisión de un motor, la inversión privada está presente. Que estas empresas sigan expandiendo sus líneas de producción y abriendo puntos de venta es la mejor señal de que México, con su infraestructura y talento, sigue siendo un destino indispensable para el capital global.

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Precios en Mercado de Potencia marcan futuro del MEM

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Por Emiliano Sánchez*

El Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), como cualquier otro, se mueve al ritmo de la oferta y la demanda. En el sector energético, más allá de una simple ley de mercado, las fluctuaciones de los precios reflejan las condiciones de todo el sistema eléctrico.

A partir del 2023, los precios en el Mercado para el Balance de Potencia (MBP), que forma parte del MEM, captaron la atención del sector y las empresas debido a su aumento exponencial. En términos sencillos, la potencia puede entenderse como la disponibilidad de capacidad firme para atender la máxima demanda de electricidad que requieren los usuarios para cubrir sus necesidades.

Los costos de la Potencia para un año se calculan por el nivel de oferta y demanda durante las 100 horas críticas del año anterior. Durante la pandemia, los precios se mantuvieron por debajo de 1 millón de pesos (mdp) por MW/año. En 2022, bajo el cálculo de 2021, aún se mantenía un rezago, con precios que incluso llegaron a cero. Posteriormente, hubo incrementos: de 0 a 3 mdp y luego a 4.6 mdp. En febrero de 2025, con la operación de 2024, el precio por MW alcanzó un récord histórico con 4.9 MDP/MW-año.

En 2025, cuatro factores propiciaron un panorama más equilibrado: mayor generación hidroeléctrica, ausencia de salidas a mantenimiento en verano, mejor planeación del sistema y una mayor disponibilidad de generación de energía. Esto permitió que las condiciones fueran más favorables, con un precio neto de 4.3 MDP/ MW. De hecho, en 2025, las horas críticas se concentraron principalmente entre abril y junio, periodo en el cual la disponibilidad de generación fue mayor, logrando un factor de cruce de oferta y demanda de 1.37 (menor al factor de 2.00 de 2024)

Tecnología y planeación

En este 2026, bajo el cálculo de 2025, el Mercado para el Balance de Potencia (MBP) inició un nuevo ciclo tras la revisión de la Tecnología de Generación de Referencia (TGR) realizada en 2025, proceso que ocurre cada tres años, la cual sirve como base para calcular el precio de la potencia.

Si bien la actualización de los parámetros asociados a la TGR es favorable para reflejar la situación actual del sistema eléctrico y los costos actuales de las Centrales de Generación, así como para dar visibilidad a las empresas que ya operan en el MEM, en esta nueva etapa el verdadero ahorro no solo dependerá de un mercado más ordenado, sino de la integración estratégica de tecnologías “detrás del medidor”.

Al sumar soluciones de almacenamiento en baterías (BESS) para la gestión de picos de demanda y el traslado de consumo de horarios en dónde la red está más saturada a horarios con menor estrés, las organizaciones no solo estarían comprando energía más barata, también blindarían su operación contra futuras fluctuaciones en los precios del MBP.

El futuro que marca la regulación

La industria energética en México está en plena evolución. Los cambios regulatorios recientes, como la publicación de la Ley del Sector Eléctrico (LSE) y la incorporación de las Disposiciones Administrativas de Carácter General (DACG) para el autoconsumo, están sentando las bases para una mayor claridad y flexibilidad en la integración de soluciones energéticas.

El futuro del MEM y del Mercado de Potencia parece estar tomando un giro positivo. Aunque persisten varios retos, la planeación estratégica es una oportunidad para las empresas que deseen fortalecer su posición en el mercado a través de la implementación de soluciones integrales de energía.

*El autor es Director de Suministro Calificado de Energía Real.

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