Conecta con nosotros

Opinión

Unos zapatos grandes

Publicado

el

Para Yoy

Con los dedos índice y medio toma un poco de base blanca y la unta sobre su rostro. La base es importante, es como el lienzo virgen que sustenta los trazos del artista. Las cejas, por su parte, son un elemento que armoniza el conjunto; arqueadas o pronunciadas, se conjugan en este ritual de la exageración.

Él sabe que el maquillaje es un elemento primordial para el artista, igual de importante que el vestuario, es como el cuerpo mismo que se transforma de acuerdo con los tiempos escénicos. Vaya, como la vida misma. Es el arte de la vida misma.

En él empezaron a habitar deseos de niño hasta transformarse gradualmente en ambiciones de artista. Desde pequeño denotaba una gracia muy particular para hacer reír a los demás. La banda de chiquillos del barrio festejaba sus ocurrencias.

Payaso era especial para las travesuras. Su mejor amigo era Jojoy, mejor conocido como el Dientei de Serrucho. Éste se ganó su sobrenombre debido a su problema de pronunciación: susituía las letras “erre” y “ese” por la letra “i”. De modo que si Jojoy intentaba piropear a una joven con la frase:

—“No muevas tanto la cuna porque despiertas al niño”, terminaba diciendo:

—“No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño”.

Esos piropos de Jojoy hacían reír a las jóvenes y le ganaron innumerables amigas al atrevido mozalbete. A ellas no les importaba que el ratón le hubiera devorado la lengua.

Payaso y Jojoy eran compañeros en la telesecundaria del barrio. Juntos echaban a andar las más notables travesuras: rompían los focos de las marquesinas, pintarrajeaban paredes, escribían recados de amor anónimos y los depositaban en los buzones de las casas de los maridos más celosos en la colonia. Mataban clase para irse a recorrer la colonia Maravillas, siempre atentos a las posibles miradas de familiares y vecinos. Compraban un peso de tortillas y un chile en vinagre, se sentaban a la orilla de la banqueta y consumían el taco y el tiempo hasta llegada la hora de salida de la escuela. Sus respectivas situaciones familiares, en ninguna forma representaban un motivo para amargarse.

Jojoy era hijastro de un proxeneta que golpeaba por igual a su madre, a él y a su hermano. El padrastro era tipo de baja estatura que compensaba sus complejos con bravatas y golpes. Para el muchacho resultaba más práctico salir de casa desde temprano y regresar por la noche, pero su madre le exigía que volviera a la hora de la comida, después de salir de la telesecundaria. Esa era la única hora obligada en que debía reportarse Jojoy. Así evitaba encontrarse con su padrastro que, por lo general, dormía la mona después de fumarse un churro. Los horarios del hombre fuera de la casa estaban entre las ocho de la noche y las diez de la mañana del día siguiente.

A las seis con cuarenta de la tarde, el hombre debía tener el agua caliente y a la temperatura correcta en un cubo de agua y lista en el improvisado baño. Un rastrillo con navaja nueva —debían dejar a la vista la envoltura de la navaja para que él pudiera comprobarlo—, un jabón para su uso exclusivo que le proveía un tendero del mercado y que conseguía sobre pedido en las tiendas grandes de la calle Jesús María. Las chanclas debían estar listas al pie del camastro donde dormía, y la ropa, perfectamente planchada y doblada sobre la silla de madera. Un trozo de espejo de regular tamaño, carcomido por la humedad le devolvía su luminosa sonrisa cuando orgulloso peinaba con vaselina su copete estilo Elvis Presley. Al pie del espejo, sobre una repisa, siempre en perfecto orden: un tarro grande de crema Teatrical, un peine de carey, un estuche con lentes ahumados tipo gota y un corta uñas.

Porque aquellos objetos eran de uso exclusivo del rey de la casa —así lo había declarado el propio monarca—, y ningún mocoso jijo de la tiznada tenía derecho a hacer uso de ellos.

—Primero deben aprender a ganar el dinero, para poder disfrutar de lo bueno. Por lo pronto sólo son piojos, alimañas que no producen, que sólo chupan la sangre de la gente que sí trabajamos, que somos productivos —era el sermón inspirador que daba el hombre a sus entenados.

La madre sólo guardaba silencio y bajaba la cabeza: cualquier mirada que pudiera ser interpretada por el hombre como una contravención de sus palabras resultaba en una andanada de puntapiés contra los insurrectos, quienes se limitaban a tirarse sobre el piso y adoptar la posición del caracol: encoger las piernas debajo del abdomen, cubrir con las manos la cabeza y ser dóciles ante la voluntad del soberano que se jactaba de tener dos mujeres en el negocio de la diversión, y gracias a ellas, y a su talento y finura, había comida en la mesa de ese cuchitril al que sólo regresaba porque era un hombre piadoso de verdad a quien debían agradecer —remataba su continua perorata.

Payaso, por su parte, sólo tenía un hermano. Era hijo de padre alcohólico y madre esquizofrénica. Por las tardes trabajaba en la tienda de La Chata acomodando las botellas retornables en sus rejas de plástico.

Frente a la tienda había un terreno baldío que hacía las veces de basurero. Ahí los chiquillos se entretenían apedreando ratas que rascaban hoyos en la tierra y lagartijas que asoleaban sus rugosas pieles sobre las bardas de tabique salitroso. Muchos tenían la sangre fría para apuntar y disparar proyectiles certeros contra los bichos que, con la mejor de las suertes, sólo perdían alguna extremidad.

El baldío conservaba un tramo de mampostería de aproximadamente un metro de alto. Monumento a la eterna construcción inconclusa en el barrio. La banda de bribones brincaba sin problemas aquel obstáculo para convertirse en pepenadores ocasionales de latas o botellas.

A la tienda de La Chata acudían los parroquianos para beber cervezas enfriadas en una hielera de lámina. Frecuentemente, los bebedores eran presa de la extorsión policiaca bajo el argumento de que estaba prohibido ingerir bebidas embriagantes en la vía pública.

Sin embargo, todas las tardes, una pareja de payasos se internaban en la noche sentados sobre aquel trozo de frustrada cimentación. Compraban varias cervezas en la tienda y fumaban cigarros Casinos, dejando cementerios nutridos de colillas a su alrededor. El hombre, que aparentaba, por su andar, más de cincuenta años, en cada sorbo a su bebida mostraba sus encías desdentadas y miraba de reojo a la mujer, quien, tímida, daba tragos largos que provocaban la espuma en la botella. De sus rostros blancos destacaban dos pares de ojos pequeños como estrellas. Era una especie de maquillaje de aparente ausencia, con unos labios tan rojos como una rebanada de sandía.

Aquel par, signo inequívoco de que el circo se había instalado sobre la calle siete, abonaban un paisaje diferente. La banda de pequeños rufianes siguió con atención sus movimientos durante tres días continuos, sin atreverse a molestarlos, incluso, sin la mínima aproximación. Eran regulares en su hora de llegada a la tienda: unos minutos, apenas pasadas las nueve de la noche; una vez que el público ingresaba a la última función, y ellos estaban libres de sus ocupaciones: lanzaban fuego durante dos horas continuas a la entrada de la enorme carpa para atraer espectadores, desde las siete hasta las nueve de la noche. El dueño del circo afirmaba que la mejor función, la más concurrida era la última.

Los payasos cara blanca aparecieron al tercer día en la tienda; tras varias cervezas y cigarros, algo en su corazón aceleró sus motores; tal vez era la gasolina que se filtró hasta su cuerpo, quizá, la que no terminó por consumirse en el estallido del dragón. La cerveza y el tabaco contribuyeron en aquella pirotecnia. Los dos vehículos de cara blanca, sin darse cuenta, giraron la llave de sus propios motores y su corazón gruñó como un Cadillac afinado y feroz. Porque bastó un cambio de luz imperceptible, pasaron del preventivo al verde intenso y juntaron sus labios en un beso, lubricado como un cigüeñal en perfecto estado. Así, pasaron a segunda, y luego a tercera, hasta que sus máquinas, ansiosas por devorar el camino del otro, por rasguñar y clavar sus afilados neumáticos sobre asfalto de los cuerpos, los estaba tornando en clásicos que deben tratarse con sumo cuidado.

Pero en aquel desboque de la máquina, no hubo clutch, ni balata, ni freno de motor. Era un camino interminable de bajada. Sus besos acelerados rompieron la tarde. Untaron sus lenguas sobre el maquillaje barato de sus rostros. Se besaron el cuello, y sus manos trazaron nuevas rutas bajos aquellos trajes desgastados, renegridos.

Los pequeños gandules contemplaron curiosos aquellos besos, aquel amor que los payasos se dieron a su manera, sin recatos, incendiario, provocador, extraño por desconocido; en el mismo lugar donde cazaban lagartijas y ratas. Los chiquillos sólo miraron, mudos, sin gestos, como posando para una fotografía; voyeristas de ocasión asomándose a otras realidades, estatuas de sal cuyo pecado, si algo pudiese imputárseles, hubiese sido la oportunidad: estaban en el momento justo y en el lugar preciso. Cualquier juez, bajo esas circunstancias, no dudaría: culpables. Milagrosamente, ninguna de las madres de familia se apersonaba a esa hora en la tienda de La Chata. No había motivo para temer que alguien rompiera la escena. Las estufas debían estar cociendo la cena y los tendederos soportando grandes cargas de ropa extendida, lista para orearse toda la noche.

Payaso y Jojoy rompieron aquel silencio atronador, tan lleno de preguntas, tan desbordante. En sus respectivos hogares, la mejor aproximación al verbo amar se relacionaba con los verbos tragar: “si no te quisiera no te daría de tragar”; golpear: “porque te quiero te pego”; habitar: “dale gracias a Dios que tienes un techo y no andas como perro en la calle dando lástimas” …

—No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño —dijo Jojoy.

—Jojoy dientei de serrucho —dijo Payaso y una feroz carcajada hizo que La Chata de la tienda saliera a correr con agua a los chamagosos.

—Órale, a su casa o le voy a decir a sus madres lo que estaban viendo —amenazó la dependienta y los chamacos corrieron en desbandada.

Los payasos cara blanca, atolondrados, medio abotonaron sus ropas, y caminaron abrazados, tambaleantes en dirección al circo, a cinco calles de distancia.

Los años transcurrieron. Payaso se casó joven y se convirtió en padre con las obligaciones que ello implica. Ejerció diferentes oficios: fue ayudante de taquero, pero picar cebolla y lavar las tripas le causaba llanto y repulsión; fue morrongo, pero la sangre le daba asquito; como ayudante de albañil también fracasó porque la mezcla le quedaba aguada.

Pero los caminos de Dios son inescrutables, y Payaso encontró la oportunidad de oro para ejercer profesionalmente el trabajo soñado, aquel que garantiza hacer lo que a cada uno le gusta y, además, recibir un salario por ejercerlo: se transformó en un auténtico payaso. Al principio no fue fácil. Aprender las rutinas y perfeccionarse en el difícil arte de hacer reír le costó varios litros de lágrimas: hubo quienes se negaron a pagarle bajo argumentos absurdos, y también recibió amenazas de muerte porque no hizo reír al padre del festejado. Pero quién puede hacer reír a un tipo drogado con solvente que se siente más gracioso que el artista.

Historias de este tipo le sucedieron con frecuencia. Regularmente, los chiquillos malcriados le arrancaban las narices postizas; en la mente de muchos estaba la idea de que agredir al payaso era un derecho, aceptable por aquello de “el que paga manda”, y “si no le gusta hacer reír, para qué se alquila”.

También hubo intentos fallidos de parroquianos que se creían graciosos e intentaron alburear al payaso sin medir las consecuencias; porque en eso de Melón y Melames, el payaso se pintaba solo y rápido como pronto les daba la vuelta y los volteaba de revés en su ignorancia supina, en lo más básico: el lenguaje del barrio. Pero a nadie le gusta perder, y menos ser albureados con inteligencia, por eso se victimizaban, y se negaban a pagar el espectáculo porque el payaso les había exhibido en sus primitivas pretensiones de joder a alguien, porque Payaso entendía bien aquello de la dignidad del artista. Porque les faltó barrio y sensibilidad para saber dónde y cuándo. Porque su jefita sólo les dijo que eran bonitos y ellos lo creyeron. Porque pensaron que sólo ellos podían ser malos y gandallas. Y de eso, payaso sabía mucho, y Jojoy, y la banda de chamagosos también. Porque Payaso estaba ganándose el pan haciendo algo que le gustaba, y que disfrutaba desde niño: hacer reír. Porque sabía que vivir amargado es un pesar. Por eso Payaso salía de su casa, casi todas las tardes de sábado y domingo, y se persignaba pidiéndole a Dios que le evitara tratos con tipos frustrados y gandallas.

Este día, Jojoy toma en sus manos la urna que contiene las cenizas de Payaso. Con un trozo de papel higiénico quita el polvo que ha logrado colarse al nicho donde reposa desde hace varios años. Esas inescrutables rutas divinas lo llevaron a formar una nueva familia en un país de Sudamérica, donde murió. Sólo la mitad del polvo al que volvió, según reza la sentencia bíblica, regresó al país. La otra mitad se quedó allá.

Jojoy resiste las ganas de reírse, porque aprendió a reír en la tragedia. Porque le causa gracia que su mejor amigo esté metido en una caja de madera aparentando ser la mismísima muerte: bufona, vacía, blofera y fanfarrona. Está seguro de que el Payaso está actuando.

Una vez que el empleado del panteón coloca el seguro en el nicho. Jojoy imagina a su amigo Payaso cumpliendo el viejo ritual del maquillaje. Mira su rostro tipo Augusto, aunque siempre ha sabido que su corazón era Tramp o vagabundo. Sabe por él que la mera existencia requiere de unos zapatos grandes.

En el camposanto, la voz y las risotadas de dos cábulas se escuchan claramente piropeando jóvenes imaginarias: “No muevai tanto la cuna poique deipieitai al niño”.

Continuar leyendo
Deja tu comentario

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Opinión

Presos de la celda COVID

Publicado

el

Por: Andrea Leal Cajero*

La pandemia a la que nos hemos enfrentado desde hace más de dos años, ha causado un impacto social que ha golpeado rotundamente al sector penitenciario, dejando la secuela más grave e incurable en la vida y salud de los presos en las cárceles mexicanas.

La COVID-19 ha venido a revelar una vez más las condiciones insalubres en las que se encuentran las cárceles y lo que se vive detrás de las rejas y del sistema penitenciario de nuestro país y del mundo.

Esta vez se hace un enfoque en las prisiones mexicanas, donde el SARS-CoV-2 ha causado un daño físico y sobre todo emocional irreversible en la vida de los presos. Se conoce que las personas privadas de su libertad padecen miserables condiciones de aseo y deja una profunda indignación por la situación de vida de estos seres humanos que han sido olvidados por el gobierno, alejándolos de poder gozar y ejercer sus derechos humanos en prisión.

Es bien conocido que el sistema penitenciario se encuentra en la precariedad y que dentro de las cárceles mexicanas se tiene un riesgo latente para la pronta propagación del virus, viéndose así afectada la población de más de 225,000 personas, de las cuales no se cuenta con una cifra actual fehaciente que nos pueda arrojar con certeza el número de casos infectados dentro de los centros penitenciaros y de las muertes que ha cobrado este virus.

Cabe mencionar que se ha generado una crisis carcelaria, es por ello que  para contrarrestar esta enfermedad, se debe atender a las necesidades de los reos así como garantizar la atención médica, suministros de medicamentos y de información esencial que llegue a los internos para conocer la manera de enfrentar al virus dentro de las celdas. Es importante facilitarles insumos necesarios que les garanticen tener una adecuada higiene y alimentación tomando en cuenta las precauciones sanitarias que los mantengan a salvo.

La Organización Mundial De la Salud y la Organización de las Naciones Unidas han hecho un llamado a los gobiernos para que emitan acciones de prevención y de atención a los casos COVID dentro de las prisiones, toda vez que este sector se ha visto golpeado de manera desproporcionada por la pandemia, siendo afectados en diversas áreas de su vida como lo es la salud física, emocional, familiar, entre otros. La situación de las cárceles se ha vuelto más intensa de lo habitual, la restricción de visitas, el escaso contacto por periodos prolongados con sus familiares, el hacinamiento, la situación procesal de los internos, la falta de insumos, condiciones insalubres, la restricción de actividades recreativas, el alojamiento de personas infectadas, la falta de información y sobre todo la carente atención medica ha dejado a los internos en un estado vulnerable que debe ser atendido por las autoridades nacionales.

Los centros de reclusión deben de atender las necesidades de los internos, otorgarles la facilidad de video – llamadas con sus familiares, con la finalidad de impedir que la población se amotine, darles platicas de medidas sanitarias, dotarles de agua potable, habilitar espacios para evitar la sobrepoblación en las celdas, tratar de que pasen el mayor tiempo posible fuera de las celdas y no dejar que hagan reuniones de más de 10 internos.

Se les debe aplicar las vacunas y los refuerzos, atender a los reos infectados con atención médica inmediata, hacer un enfoque en los presos que padecen de enfermedades crónico degenerativas para que se les mantenga asilados de la demás población y considerar un arraigo domiciliario, con esto  atender mediante pre liberaciones a personas que estén prontas a cumplir con sus sentencias y estudiar casos de internos que puedan obtener su libertad para evitar el hacinamiento en las cárceles y con esto lograr que la población privada de su libertad tenga oportunidad de salvaguardar su vida.

Con estas propuestas se pretende también tratar la salud mental de los internos la cual es de suma importancia para una reinserción social, el que estén en contacto con sus familias garantiza una estabilidad emocional, permitirles el acceso a sus visitas con todas las medidas sanitarias necesarias aún y cuando el semáforo epidemiológico cambie constantemente de acuerdo al índice de casos infectados en el país.

Se debe usar un calendario de visitas por módulos cuando el semáforo este en rojo o bien planear horarios de video llamadas si es que el riesgo de infección es alarmante, pero que COVId por los menos quincenalmente para que tengan la seguridad de que se encuentran sin incidencia del virus. Estas medidas convertirían a esta situación social en una situación menos lesiva dentro de las cárceles mexicanas.

Para que todo esto funcione las autoridades nacionales deben de prestar la suficiente atención a los presos durante la pandemia aún y cuando la mayoría de la población en general ya cuenta con la vacunación, se debe de hacer énfasis en robustecer las medidas sanitarias para el ingreso de las familias y abogados a los penales, toda vez que las prisiones son un foco de infección latente por los factores que se ha venido mencionando, ya que la población carcelaria registra a menudo una incidencia de enfermedades transmisibles y no trasmisibles que ponen en riesgo a la población en general.

No basta con que autoridades internacionales emitan opiniones o recomendaciones si los estados no ejercen las acciones y medidas necesarias. Se debe actuar y garantizar los Derechos Humanos de las personas privadas de su libertad apegándose a los cinco ejes de la reinserción social sin perder de vista que los presos también son seres humanos.

*Alumna de la Maestría en Ciencias Penales y Criminalística de la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados

Continuar leyendo

Opinión

Coca-Cola multiplica “amor” e inversión

Publicado

el

La Industria Mexicana de Coca-Cola (IMCC) tiene claro que la mejor manera de llegar a las personas, es a través de un mensaje simple y que las pequeñas acciones transforman vidas, lo que se traduce en desarrollo económico e inversión.

Esta industria que nació en 1926 y que hoy agrupa a ocho grandes embotelladores, junto con Jugos del Valle-Santa Clara y la planta de reciclaje Petstar e IMER, busca ser un agente de cambio a través de la iniciativa “El amor multiplica”.

¿Cuáles son los objetivos? Impulsar el talento femenino, el desarrollo de las comunidades, el uso responsable del agua y el reciclaje.

Las tareas planteadas no parecen sencillas, pero vamos punto por punto:

Talento femenino. IMCC ha planteado la importancia de que las mujeres emprendedoras, pilares en la economía nacional, tengan las herramientas necesarias para hacer crecer su negocio.

Una de estas herramientas es la capacitación y a la fecha suman más de 180 mil mujeres que han aprendido sobre administración, el manejo de su negocio y más.

También, la Industria Mexicana de Coca-Cola destinó en 2021 una inversión de 5 mil millones de pesos en el mantenimiento y la mejora de tiendas, de las cuales seis de cada 10 son operadas por mujeres.

Comunidades. Las problemáticas que estos grupos enfrentan se debaten en conversaciones y diálogos promovidos por IMCC para poner en la mesa sus principales necesidades en la búsqueda de posibles soluciones.

A inicios de julio de este año se celebró el primero de cuatro foros cuyas sedes son lugares abiertos al público y tienen como finalidad invitar a realizar acciones que beneficien su entorno y su país.

A la par de estos foros, se develó el primer mural comunitario de la muralista Dulce V. Ríos, y vecinos del pueblo de Xoco, en la alcaldía Benito Juárez, en Ciudad de México, con lo cual se dio inicio a una serie de 10 obras artísticas que se realizarán por todo el país.

Agua. Para generar consciencia sobre un mayor cuidado del agua, IMCC es consciente de que la mejor manera de enseñar es con el ejemplo, por lo que hoy devuelve 100% del líquido vital que utiliz en la elaboración de sus productos. 

Con el objetivo de llevar agua limpia a las comunidades a través de la construcción de cuatro humedales que benefician al Estado de México, Baja California, Jalisco y Quintana Roo, el año pasado, se destinaron 170 millones de pesos. 

Reciclaje. La simple acción de recoger una botella de plástico o una lata de aluminio de la cual se disfrutó su contenido es sin duda el comienzo de la cultura de reutilizar. 

El resultado de esta labor, es que los embotelladores que integran a IMCC: Arca Continental, Bebidas Refrescantes de Nogales, Bepensa, Coca-Cola FEMSA, Corporación del Fuerte, Corporación RICA, Embotelladora de Colima y Embotelladora del Nayar, procesan 85 mil toneladas de PET o Polietileno Tereftalato al año.

Este año la cadena de acopio, reciclaje y retornables en el país comprometió una inversión de 175 millones de pesos.

Sin duda las pequeñas acciones sí cuentan y se multiplican. 

Ecoce protagonistas del reciclaje en México 

Ecoce, al frente de Carlos Sanchez, y sus asociados, han trabajado durante 20 años con gobiernos y organizaciones civiles, en rubros como la educación ambiental, el acopio, así como el manejo de envases y empaques en México.

Estas acciones permiten el desarrollo de la industria del reciclado, considerada actualmente como la más grande de América Latina.

La historia inició hace dos décadas, cuando un grupo de empresarios de la industria de bebidas y alimentos, preocupados por la problemática ambiental, notó que en México no existía una Ley de Residuos ni reglamentos o normas para manejarlos, por lo que conformaron Ecología y Compromiso Empresarial o Ecoce.

Entre los logros obtenidos a lo largo de estos años están más de 79 mil toneladas de materiales reciclables, principalmente de PET, PEAD, aluminio, hojalata, empaques flexibles metalizados y no metalizados, vidrio y cartón.   

Lo anterior se traduce en el ahorro de 62 millones de kilogramos de materia prima, así como el ahorro de agua para llenar 12 albercas olímpicas y una reducción de 305 camiones de basura en rellenos sanitarios.

Es de destacar que el organismo lidera los programas Eco Reto, Acopio Institucional y Acopio Móvil, así como diferentes jornadas de limpieza. 

Continuar leyendo

Opinión

Exigen justicia para víctimas de ataques con sustancias corrosivas

Publicado

el

Desafortunadamente, en lo que va del presente año, en México se siguen acumulando los casos de ataques a mujeres con ácido sulfúrico o ácido clorhídrico u otras substancias corrosivas, cáusticas, irritantes, tóxicas e inflamables.

Es importante mencionar que sobre este tipo de agresiones no se tiene el registro de la cifra oficial del número de mujeres víctimas ya que existen muchos casos que no se denuncian y, por lo mismo, no se hacen públicos.

A través de los diferentes medios de comunicación, nos hemos enterado de algunos casos de ataques con ácido, por ejemplo: en Estado de México, tres; en Aguascalientes, dos; en Hidalgo, Quintana Roo, Oaxaca, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Querétaro y Yucatán, solamente uno en cada entidad.

Un dato importante que se tiene de estos acontecimientos, es el que la edad promedio de las víctimas se ubica entre 20 y 30 años; además de que, en la mayoría de ellos, los agresores fueron su pareja o expareja y, por si algo faltara, la mayoría de los casos están en la impunidad y sin reparación integral del daño.

Para que estos ataques no se queden en la cifra oscura o en la impunidad, algunas de las víctimas han contado sus historias para visibilizar todo lo que han enfrentado, desde la carencia en la atención médica, falta de apoyo, hasta la re-victimización y falta de justicia, ya que sus agresores siguen libres o sin sentencia.

En Huixquilucan, Estado de México, se realizó un mural que visibiliza y nombra a algunas de las mujeres atacadas con ácido en México, además se muestra los rostros del dolor y la rabia de algunas de ellas, como es el caso de Carmen Sánchez, Esmeralda Millán, Elena Ríos y Ana Saldaña, ya que, como lo mencioné, desafortunadamente aún existe impunidad. Este mural fue creado por los artistas Pedro Peña Reyes, Trom y Miguel Sant, con el apoyo de Alejandro León del Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil del Estado de México.

Ante esta situación, algunas legisladoras se han pronunciado por la defensa de las víctimas de estos ataques, por lo que se envió al Congreso una iniciativa que está dirigida a todas las personas expuestas a múltiples y diversos riesgos de sufrir un ataque con substancias corrosivas y por quienes nadie hace efectiva y eficiente justicia.

Dicha iniciativa busca elevar de 15 a 25 años de prisión y multa de 500 a 5 mil veces el valor diario de la UMA, a quien provoque dolosamente una lesión que deje en la víctima cicatriz perpetuamente notable en la cara o en cualquier parte de su cuerpo.

Asimismo, cabe resaltar que la iniciativa tiene como prioridad robustecer el Código Penal Federal, en materia de sanciones contra victimarios de mujeres agredidas con sustancias corrosivas, como ácido o alcohol, además de duplicar las penas señaladas cuando la agresión se cometa por razones de género, con premeditación, alevosía y ventaja.

Con esta reforma al Código Penal Federal, se busca establecer una herramienta jurídica para que los juzgadores tengan en sus manos la capacidad fundada de imponer sanciones más severas a los responsables de estos actos.

La reforma consiste en adicionar al artículo 294 del Código Penal Federal, que se incremente la pena de prisión si las lesiones corporales son causadas con ácido o cualquier otra sustancia corrosiva, dejando un daño físico, motriz, psicológico o económico.

Ahora bien, vale la pena hacernos dos preguntas, ¿Es necesario aumentar las penas para castigar a los responsables de cometer agresiones contra la mujer con sustancias corrosivas? ¿Con aumentar la pena de prisión se eliminará o por lo menos se reducirán las agresiones de este tipo?

Mi respuesta es que, si es necesario aumentar las penas, ya que con ello se puede inhibir a cualquier persona para que no incurra en dicha acción contra la mujer, sin embargo, para la segunda pregunta, mi respuesta es que no se eliminará, pero sí puede disminuir, ya que el privar de la libertad a una persona por mucho tiempo no garantiza que dejará de hacerlo, sin embargo, se puede considerar una forma de que otras personas no lo hagan y eso tiene como consecuencia la reducción de casos.

También considero que no solamente se tiene que llevar a cabo una reforma penal, es muy importante establecer estrategias y líneas de acción que instrumente el Estado en materia de prevención, atención, sanción y erradicación de cualquier tipo de violencia contra las mujeres, para garantizar a las victimas el derecho, efectivo y real al acceso a una vida libre de violencia que favorezca su desarrollo y bienestar.

Por ello, es incuestionable la necesidad de tener las políticas públicas del Estado debidamente articuladas y sistematizadas, esto solo es posible a través de un programa que aporte la metodología adecuada, con la firme posibilidad de no solamente disminuir la violencia, sino erradicarla para que, cualquier mujer, se sienta debidamente segura en su casa, en la calle, en el trabajo o donde quiera que se encuentre.

 “Cada mujer dañada, agredida, asesinada, es el testimonio mudo e indefenso de lo peor que encierra el ser humano: del triunfo de la fuerza bruta, ciega, salvaje, enferma, sobre cualquier sentimiento, sobre cualquier pensamiento, sobre todo lo que nos hace dignos. Gritemos basta” (David del Puerto).

Continuar leyendo