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No hubo polkas en sus quince

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En la pileta del lavadero, Juan Basaguren se da un baño ruso: con la cara limpia y lo demás sucio. Su madre lo arrea para que se vaya pronto al trabajo o llegará tarde. Son casi las cinco de la mañana. A esa hora, hasta las legañas se congelan.

Hace un mes que consiguió esta chamba como ayudante de repartidor. Su trabajo consiste en acarrear, en cubetas de lámina, los pequeños trozos de hielo amontonados en el interior de la caja de un camión de redilas. Junta los trozos con una enorme pala y los vacía en la cubeta, luego se baja, el camión sigue avanzando, y pega la carrera para vaciar el contenido en una hielera que es propiedad de una marca de cerveza. Casi todas las tiendas de Lago Seco ya tienen una hielera.

Juan sabe que, si se ataruga, corre el riesgo de romperse una pierna o puede caer de trompa porque el camión no detiene la marcha. El conductor debe hacer su chamba y el chalán la suya.

Basaguren es bueno para el fútbol, por eso le adosaron el mote, por don Nacho, El Fraile, jugador del equipo Atlante. Pero muchos creen que le va mejor el sobrenombre por aquello del madruguete. Es bueno para el negocio, ha sido vendedor de paletas en los camiones y ha acarreado agua. Aprendió a manejar en los carros de los Ortega, sus vecinos de la calle doce. Espera que se la den de chofer algún día. Por eso le pone enjundia a la corretiza:  todo está cronometrado, el hielo debe entregarse antes del meridiano para que los cerveceros puedan beberlas bien muertas a la hora del calor. Al cliente lo que pida, y más si es posible.

  Juan tiene los ojos rasgados, como asiático. Dice su madre que los tiene de persiana horizontal. Es el menor de los varones de un total de cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. Siempre ha sido de espíritu inquieto. Le gusta el negocio y ha sabido navegar entre el fuego sin quemarse. Para ser trucha hubo de nadar río arriba a fin de aprender los trucos del barrio. Ahí no se andan con cuentos ni historias para dormir al velador. O como se dice cuando un ventajoso intenta verle la cara a alguien: qué dijiste, este cuaresmeño ya lo desnudé.

La malicia no le llegó a Juan de buenas a primeras. No. Resulta que, años atrás, su santa mamacita estuvo junte y junte billetitos en una lata de galletas que guardaba al fondo del ropero. Todas las noches hacía el mismo ritual: abrir el ropero, sacar la lata, abrirla, quitar la liga al envoltorio y ponerse saliva en las yemas de los dedos, pulgar e índice, para contar el fajo como verdadera cajera virtuosa de una sucursal bancaria.

Juan y sus hermanos tomaban asiento en el piso de tierra de su vivienda y contemplaban el prodigio: el dinero pasaba rápidamente ante sus ojos resbalando sobre los dedos de su madre, como el gatillo rápido de un pistolero de película.

—Este dinero lo vamos a usar para comprar un tocadiscos y hacerle su fiesta de quince años a La Negra. Para que se baile unas polkas —dijo orgullosa la mujer, volvió a poner la liga al paquete de billetes, una vez anexado el nuevo capital, lo depositó en la lata de galletas y lo regresó al escondrijo del ropero.

Los chiquillos, que nunca habían visto tal cantidad reunida, sentían que estaban transformándose en personas importantes. La Negra ya se veía bailando a media calle terregosa con sus chambelanes y sus hermanos pequeños imaginaban de qué tamaño sería el pastel y cuántas rebanadas podrían comer. Era la primera vez que serían anfitriones en una fiesta.

La lista de invitados ya estaba casi lista, aunque seguía en duda la invitación a El Compadre Narices, porque era bien briago y le andaba tirando la onda a la madre de los pequeños. Para entonces, El Difunto, que todavía no era difunto, padrastro de los niños, sólo se aparecía por la casa cada cierto tiempo y no había alguien de respeto en aquella familia; por eso el languso estaba en veremos. Además, sería la presentación de La Negra en sociedad y la oportunidad de mostrarle al barrio que en Lago Seco también soplaba el aire.

Basaguren, que para entonces rondaba los doce años, tenía el mal hábito, según su madre, de ser jacalero: metiche en las casas ajenas. Era compañero de escuela y muy amigo de los hijos de los carniceros, una pareja que tenía negocios con este giro en el barrio.

Lo común era ver reses y cerdos, en canal, colgados en ganchos de acero a medio patio de su casa: un lugar con piso de tierra que frecuentemente se anegaba y volvía el piso lodoso, mezcla de sangre y tierra suelta; así como el muy particular hedor que emanaba de la letrina ubica en el otro extremo del terreno y que se confundía con el olor a cadáver de animal en el ambiente.

Los hijos de los carniceros presumían ser diestros con los cuchillos afilados. Incluso, Juan fue testigo el día que uno de sus pequeños amigos, de una certera puñalada en el corazón de un cerdo amordazado, demostró ser un experto matancero. Los cerdos, con las patas amarradas, suplicaban por su vida con chillidos ahogados y el hocico amordazado.

—Arrima la bandeja. No te quedes mirando nomás —gritó la mujer a Basaguren. Ella era grande y gruesa, de peinado permanente y labios rojo carmesí, y fungía como madre de sus amigos.

Frunciendo el ceño, Juan arrimó el recipiente hasta donde la vida escapaba del animal a borbotones.

—Ahora haces gestos, pero, cuando te comas un taco de rellena, verás qué sabrosa. Hay que acostumbrarse a lo apestoso si quieres disfrutar de lo sabroso —remató la mujer riendo a carcajadas. Después siguió dando órdenes a los hombres que, rápidamente, extrajeron las entrañas del animal y las colocaron en una tina grande de aluminio donde las mujeres del barrio acostumbraban a remojar la ropa blanca en agua con cloro.

El olor a hierro de la sangre de aquel matadero clandestino se impregnaba en las fosas nasales del pequeño Juan Basaguren. Pese a que no era la primera vez que entraba en aquella casa, siempre había algo que le sorprendía, ya fuese una orden a los empleados dada con palabras de carretonero o los brazos de ellos, marcados por innumerables tasajeadas y cortes que terminaban por dejar cicatrices permanentes sobre su piel mortecina.

Pero su natural curiosidad no lo abandonaba: todas las tardes al salir de la escuela, apenas se cambiaba los zapatos y el uniforme, se enfilaba a la casa de los carniceros que le producían una especial fascinación. La neurosis de aquellos seres enfundados en sus batas blancas de manga corta, salpicadas con fluido rojo, le provocaba descargas de adrenalina.

Aquella noche, como siempre, la madre de Juan cumplió con el ritual de incrementar el ahorro para la fiesta de La Negra. Añadió tres billetes más al paquete, ante la mirada de sus hijos que esperaban, impacientes, la fiesta. Por vez primera en su vida, tendrían oportunidad de ser el centro de atención de aquella colonia naciente en Lago Seco.

Al día siguiente, Juan salió de la escuela, sustituyó sus zapatos y su uniforme y corrió a toda prisa rumbo a la casa de los carniceros. Era día de celebración: en medio del patio, empleados y patrones bebían cervezas y comían tacos de carnitas de cerdo.

Un gran barullo que semejaba un nido de avispas se mezclaba con el ruido de una consola que reproducía la música estridente de un bolero. La aguja del equipo rasgaba los surcos de los discos de acetato y de ellos brotaba la melodiosa voz de El Ruiseñor de América: …ató con cinta los desnudos huesos/ el yerto cráneo coronó de flores/ la horrible boca, la llenó de besos/ y le contó, sonriendo, sus amores…

En medio del jolgorio, y envalentonado por la camaradería de los matanceros, El Basaguren comentó, dándose su importancia:

—Mi mamá está guardando dinero para los quince años de mi hermana La Negra. Vamos a comprar un tocadiscos como ése, y señaló la consola. Ya tiene bastante, sé dónde lo guarda.

Se hizo un silencio general. Julio Jaramillo terminó la última frase de su canción y en el preciso instante en que la música decreció hasta esfumarse y sólo la aguja avanzaba y retrocedía sobre la pasta del disco, como una puerta que se abre y se cierra con insistencia, el chiquillo logró atraer para sí toda la atención. Basaguren dio pormenores sobre el capital para la fiesta, ante el insistente interrogatorio de los padres de sus amigos; precisó el monto y las denominaciones de los billetes que conformaban el dinero ahorrado por su madre.

—Aquí no pasa nada —dijo el padre de familia, un hombre gordo de baja estatura, cabello negro y grasoso peinado hacia atrás y cara de pitbull.

—A ver chamaco, vente para acá. Ahorita nos vas a explicar cómo es que tu raza miserable tiene tanto dinero, cuando a nosotros se nos acaba de perder justo esa cantidad que dijiste —la mujer tomó con fiereza el brazo de Basaguren y prácticamente lo arrastró hacia uno de los cuartos al fondo del terreno, sin dejar de injuriarlo y mostrándole uno de los cuchillos con los que los cerdos del corral eran sacrificados en medio del patio.

—Miren, esta es la cucaracha que trajeron a la casa para que nos robara. Uno que es gente decente, persona de trabajo y cualquier hijo de la tiznada viene y se lleva lo que tanto esfuerzo nos ha costado —remató el gordo, líder de familia, dirigiéndose a sus hijos que en nada parecían asombrados, sino parte de una mala representación teatral, perfectamente montada, que todos sabían al dedillo.

¿Quién está ahorita en tu casa?, preguntó la mujer a Juan y, luego de corroborar que estaba el campo libre, amenazó al chiquillo, nuevamente, con el arma y le recordó los horrores de la matanza de cerdos que tanto le habían sorprendido. Te vamos a sacar la sangre como a los cochinos y los alimentaremos con tus pellejos, subrayó la madre con un gesto, mezcla de indignación y advertencia.

Ante tales augurios, Juan Basaguren salió del lugar escoltado por los dos carniceros y se dirigió a su casa, ahí tomó el dinero escondido al fondo del ropero, dentro de la lata de galletas, para entregarlo en propia mano a sus extorsionadores.

—Ora sí, a la tiznada. Muchacho ratero. Y no te quiero ver por mi casa porque te haremos comida para puercos —sentenció el gordo padre de familia y se embolsó el fajo de billetes, luego se enfiló a su hogar dulce hogar, abrazado con su enorme esposa.

Cuatro horas después, cuando los perros ya ladraban a las sombras, la madre del Basaguren abrió la puerta desvencijada de su vivienda, volvía de trabajar. Se puso cómoda calzándose unas chanclas. Puso a hervir, a fuego lento, en un pocillo de peltre, un poco de agua sobre la estufa de petróleo para prepararse una taza de café. Preguntó a sus hijos sobre sus actividades del día y se dispuso a cumplir con el ritual de la lata de galletas: abrió el ropero, tomó el recipiente y lo sintió menos pesado, retiró la tapa y miró dentro:

—¡Aquí no hay nada! — se sintió más vacía que la propia lata. Sintió que perdía el resuello, que sus rodillas se doblaban, que la vista se le nublaba y que de su boca salía espuma en lugar de palabras. Los chiquillos asustados del otro lado de la cama abrieron los ojos tratando de encontrar la mejor explicación, pero no estaban en posibilidad alguna de proporcionarla. El único que sabía sobre lo sucedido permaneció con la vista clavada en el piso, deseando que la tierra se abriera, que lo tragara entero y luego cerrara su boca como él no fue capaz de hacerlo.

La madre, conocedora de cada uno de sus polluelos, notó al instante aquel comportamiento y se arrojó sobre Juan para aplicarle un interrogatorio del tipo agente de la Dirección Federal de Seguridad, pero los otros pequeños se lo impidieron rogándole que se calmara. Como pudo y arrebatándose el nudo que le oprimía el gañote, el pequeño Basaguren explicó lo sucedido. Entonces la madre lo tomó del brazo, del mismo brazo del que lo había atenazado horas antes la mujer gruesa, y lo llevó a casa de los carniceros para exigirles la devolución del dinero.

Con sorna, los carniceros dieron una repuesta precisa:

—Tiene usted un chamaco ratero y todavía se atreve a venir a esta casa decente, con total desvergüenza, a reclamar. Váyase mucho a la…

La última frase no terminó por llegar a los oídos de la mujer. Un mecanismo de defensa la obligó a bajar los brazos; dio media vuelta y regresó a su vivienda, a poco más de trescientos metros de distancia.

Fueron tres años de acumular propinas; más de mil días consolidando un ritual del que todos en casa eran adeptos; aquel fajo enorme de billetes de baja denominación se había esfumado a causa de los dichos fáciles y confiados de un escuincle que acababa de dejar sin quince años a su hermana La Negra. Todas las ilusiones de ser alguien en el barrio se esfumaron, sólo estaba la lata de galletas y un par de ligas en el fondo de esta. Empezar de nuevo será difícil, pensó la mujer.

—Por eso te voy a matar, por hocicón, por lengua suelta, por jacalero. Pero lo que más me encanija es que me restrieguen delante del mundo que eres un ratero. Te prefiero tieso a que me salgas malo, porque yo no voy a criar lacras. Por eso te vas a morir —dijo la madre, visiblemente alterada. Se sentía masticada, escupida, y con la dignidad pisoteada. Su deseo de figurar como persona respetable en la naciente Lago Seco se había ido, y en su lugar rondaba el fantasma del desprestigio, del escarnio, la vuelta a la letrina. Tomó un cuchillo de sobre la mesa de la estufa de petróleo. El agua hervía y se evaporaba en múltiples burbujas que estallaban dentro del pocillo. Arrastró los pies y miró a sus hijos alejarse de ella, aterrorizados.

Nada le dolía más que la deshonra: poco importaba saber que las acusaciones contra su hijo fueran falsas. Se hizo el silencio, como si el aire del lugar hubiera sido extraído por una bomba gigante de succión. Los niños la miraban fijamente.

Todo estaba mal en esos momentos, pero, podía ponerse peor. Bastó en un segundo de introspección y se aterró de sí misma. Arrojó el arma lejos y se recostó sobre la cama. Pidió a los pequeños que se acostaran junto a ella, que la abrazaran. También tú, le dijo a Juan Basaguren. Una tibia caricia en el ambiente los envolvió. Así permanecieron largo rato, en silencio, mirando el techo agujereado por donde se colaban las estrellas. Después durmieron profundamente.

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En riesgo, meta para aumentar generación de energía limpia en México

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El año pasado, México estuvo a punto de alcanzar la meta establecida en la Ley de Transición Energética, al generar 29.5% de la energía eléctrica con fuentes limpias. El compromiso era de 30% para el 2021; sin embargo, estaría en riesgo la meta de llegar al 35% hacia el 2024.

En el Reporte de Avance de Energías Limpias, la Secretaría de Energía asegura que el 0.5% faltante para llegar al 30%, se debe principalmente al impacto negativo de la emergencia sanitaria por causa de la epidemia de enfermedad generada por el virus SARS-CoV2 (Covid19); el diferimiento de la fecha de entrada en operación de proyectos de generación privados y públicos; así como las distintas suspensiones judiciales a instrumentos de planeación que garantizarían una incorporación segura de centrales de generación intermitentes, entre otros”.

Indica que, derivado de la Resolución del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), a la Controversia Constitucional 64/2021, será posible incorporar la generación limpia proveniente de centrales hidroeléctricas, geotermoeléctricas y nuclear de la Comisión Federal de Electricidad, que en la actualidad no pueden ser despachadas en su totalidad por dar prioridad al Mercado Eléctrico.

La Ley de Transcición Energética y la Ley General de Cambio Climático prevén una tasa de 35% hacia el 2024 y aunque la Sener asegura que la política de transición energética avanza con acciones en materia de generación de Energías Limpias y, en particular de las renovables, que permitirán abastecer el suministro de electricidad de todos los sectores productivos y de la sociedad Mexicana, bajo los principios de eficiencia, calidad, confiabilidad, continuidad, seguridad y sustentabilidad, las acciones regulatorias reflejan que no podrán cumplir con la meta.

Las dudas están sustentadas. El gobierno federal alcanzó a casi cubrir la meta el año pasado porque aumentó la generación de energía hidroeléctrica de 32 mil 234 GigaWatts/Hora (GWh) en 2018 a 34,717.16 e incrementó de manera exponencial la generación eoloeléctrica al pasar de 123 mil 435 GWh a 21mil 074 GWh.

Pero, en su intento por fortalecer a la CFE, la Comisión Reguladora de Energía (CRE), entre 2021 y lo que va de este año, ha negado permisos para generar energía eléctrica con tecnología renovable a empresas privadas y ha autorizado la exclusión de los centros de carga de diversos establecimientos y socios de permisos en las modalidades de cogeneración y autoabastecimiento.

La CRE, a cargo de Leopoldo Melchi García negó los permisos para generar electricidad a las empresas Energía el Trojano, 360 Plaza de Cibeles, FRV San Isidro, Parque Solar las Lomas de Ocampo III, Parques Eólicos de México, Recursos Solares PV de México y Scutti Solar 3, por mencionar sólo algunas.  No así al sector público, dígase CFE, principalmente.

El principal golpe lo han recibido los permisionarios de la figura conocida hasta la reforma de 2014 como permisos de autoabastecimiento, bajo la cual había 468 permisionarios de los cuales 347 estaban vigentes -privados y públicos-.

En aras de fortalecer a la CFE, la CRE ha ayudado a adelantar la caducidad de los permisos de autoabastecimiento, denominados desde 2014 como legados, lo que atenta conta el Estado de derecho porque vulneran las condiciones bajo las cuales las empresas construyeron las centrales de generación eléctrica.

Pero más allá de eso, tema que hemos tratado en otros espacios, lo relevante es que al autorizar sólo permisos al sector público la administración está haciendo más lenta la instalación de los proyectos de energía renovable.

La meta casi se alcanzó el año pasado porque muchos proyectos estaban en construcción y traían su propia inercia de crecimiento y producción, pero al evitar y limitar la inversión privada en esa infraestructura, el gobierno se está autocondenando a no cumplir con las metas de reducción de emisiones y crecimiento de la energía renovable en la matriz energética.

Foto: Freepik

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¿Y la autosuficiencia energética, apá?

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La producción de petróleo ha disminuido alrededor de dos millones de barriles diarios en 20 años, según datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).

Mientras que de 2002 a 2006, la producción de petróleo se mantenía en casi 3.4 millones de barriles diarios, en el periodo de gobierno actual, se mantiene en un promedio de 1.5 millones de barriles diarios.

El declive de producción comenzó en 2006, después de concluir el periodo presidencial de Vicente Fox. Desde ese entonces, la producción inició su caída hasta llegar al gobierno actual.

Es una realidad que la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador no ha sido responsable de la disminución de la producción; pero de lo que sí es responsable es de asegurar y reiterar que México alcanzará la soberanía y autosuficiencia energética en 2024, sin un fundamento sólido que lo avale.

Durante su cuarto informe de gobierno aseveró que la rehabilitación de seis refinerías, la construcción de dos plantas coquizadoras y la compra de la refinería Deer Park, en Houston, Texas, ayudará a lograr este objetivo.

Destacó que durante su gobierno se invirtieron 24 mil millones de dólares en el sector de hidrocarburos y 9 mil 200 millones de dólares en el sector eléctrico, no obstante, olvidó mencionar sobre la disminución en la producción de petróleo, ya que para él no es conveniente decir que la producción al principio de su gobierno (diciembre 2018) oscilaba en 1.7 millones de barriles diarios y en la actualidad ha disminuido hasta 1.5.

Octavio Romero Oropeza, indicó que la compra de Deer Park, ayudará a que México produzca dos millones de barriles diarios de crudo, así como a refinar el 100% del crudo mexicano cuando concluya la administración federal, sin embargo, esta producción sólo es una posible proyección, además que producir 2 millones de barriles diarios no asegura la autosuficiencia, ni soberanía energética.

De echo la autosuficiencia energética se refiere a reducir el consumo de energía y a aumentar la generación de energía local renovable, cosa que en la que el gobierno de México no se enfoca, pues el principal mandatario continua en la falsa nostalgia de riqueza con base en los hidrocarburos, mientras que países europeos se enfocan en la innovación en la producción de energía limpia, en la descarbonización y en la reducción de huella de carbono.

Sobre esto, México Evalúa –centro de análisis de políticas– realizó una investigación que presento en un informe titulado “La paradoja energética: motivos para abandonarla”, onde se destaca que México podría satisfacer más de 100 veces las necesidades eléctricas totales del país en 2024, a través de energías renovables y no, como lo espera el presidente, a base de los derivados del petróleo.

México Evalúa, aseguró que no será viable alcanzar los objetivos de soberanía energética en la ruta actual del gobierno debido al rechazo a la inversión privada, a la integración regional y a la falta de integración de energía renovable.

El informe destaca que, si se proyecta la producción nacional a partir de una capacidad de refinación al 80%, más la producción de la nueva refinería Olmeca y las importaciones de Deer Park, el país seguiría necesitando importar aproximadamente el 20% de la demanda de combustibles en 2024.

Además, señala que el Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC), puede ofrecer una oportunidad para que México satisfaga sus necesidades eléctricas con inversiones adecuadas de empresas extranjeras; de hecho, también destaca que la integración de energías renovables ayudaría con la integración energética en Norteamérica, para lograr una reducción del 80% de las emisiones de carbono en el sector eléctrico para el 2050.

Lamentablemente el presidente continúa cerrándose a la inversión privada, hasta el punto de que Estados Unidos y Canadá solicitaron una consulta sobre el T-MEC en el sector energético que resolverá en los próximos días.

Por otro lado, pese a los millones invertidos en el sector energético la dependencia de las importaciones de algunos combustibles se ha incrementado, debido a que la plataforma de producción de crudo se encuentra prácticamente sin cambios; de acuerdo con datos de la Secretaría de Energía al cierre de 2021 México importó 10.8% más gas natural seco que en 2018, y 4.1% más que en 2020.

Por lo anterior México evalúa indicó que lo mejor sería transitar a un modelo energético global a través de una política de integración energética en Norteamérica en la cual se desarrollen proyectos de reducción de emisiones a la atmósfera, con una armonía regulatoria suministro confiable, y a precios asequibles de energéticos para la población.

Entonces el objetivo del gobierno no debería llegar a una soberanía y autosuficiencia energética, pues en las condiciones actuales esto queda en una utopía difícil de alcanzar, sobre todo si se cree que la respuesta se encuentra en las producciones de petróleo; si no por el contrario generar sinergias aprovechando el T-MEC, con empresas privadas; así como invertir en la producción tecnológica de nuevas formas de generar energía limpia, no refinadoras y coquizadoras que sigan centrando la idea de energía únicamente en los hidrocarburos.

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Presos de la celda COVID

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Por: Andrea Leal Cajero*

La pandemia a la que nos hemos enfrentado desde hace más de dos años, ha causado un impacto social que ha golpeado rotundamente al sector penitenciario, dejando la secuela más grave e incurable en la vida y salud de los presos en las cárceles mexicanas.

La COVID-19 ha venido a revelar una vez más las condiciones insalubres en las que se encuentran las cárceles y lo que se vive detrás de las rejas y del sistema penitenciario de nuestro país y del mundo.

Esta vez se hace un enfoque en las prisiones mexicanas, donde el SARS-CoV-2 ha causado un daño físico y sobre todo emocional irreversible en la vida de los presos. Se conoce que las personas privadas de su libertad padecen miserables condiciones de aseo y deja una profunda indignación por la situación de vida de estos seres humanos que han sido olvidados por el gobierno, alejándolos de poder gozar y ejercer sus derechos humanos en prisión.

Es bien conocido que el sistema penitenciario se encuentra en la precariedad y que dentro de las cárceles mexicanas se tiene un riesgo latente para la pronta propagación del virus, viéndose así afectada la población de más de 225,000 personas, de las cuales no se cuenta con una cifra actual fehaciente que nos pueda arrojar con certeza el número de casos infectados dentro de los centros penitenciaros y de las muertes que ha cobrado este virus.

Cabe mencionar que se ha generado una crisis carcelaria, es por ello que  para contrarrestar esta enfermedad, se debe atender a las necesidades de los reos así como garantizar la atención médica, suministros de medicamentos y de información esencial que llegue a los internos para conocer la manera de enfrentar al virus dentro de las celdas. Es importante facilitarles insumos necesarios que les garanticen tener una adecuada higiene y alimentación tomando en cuenta las precauciones sanitarias que los mantengan a salvo.

La Organización Mundial De la Salud y la Organización de las Naciones Unidas han hecho un llamado a los gobiernos para que emitan acciones de prevención y de atención a los casos COVID dentro de las prisiones, toda vez que este sector se ha visto golpeado de manera desproporcionada por la pandemia, siendo afectados en diversas áreas de su vida como lo es la salud física, emocional, familiar, entre otros. La situación de las cárceles se ha vuelto más intensa de lo habitual, la restricción de visitas, el escaso contacto por periodos prolongados con sus familiares, el hacinamiento, la situación procesal de los internos, la falta de insumos, condiciones insalubres, la restricción de actividades recreativas, el alojamiento de personas infectadas, la falta de información y sobre todo la carente atención medica ha dejado a los internos en un estado vulnerable que debe ser atendido por las autoridades nacionales.

Los centros de reclusión deben de atender las necesidades de los internos, otorgarles la facilidad de video – llamadas con sus familiares, con la finalidad de impedir que la población se amotine, darles platicas de medidas sanitarias, dotarles de agua potable, habilitar espacios para evitar la sobrepoblación en las celdas, tratar de que pasen el mayor tiempo posible fuera de las celdas y no dejar que hagan reuniones de más de 10 internos.

Se les debe aplicar las vacunas y los refuerzos, atender a los reos infectados con atención médica inmediata, hacer un enfoque en los presos que padecen de enfermedades crónico degenerativas para que se les mantenga asilados de la demás población y considerar un arraigo domiciliario, con esto  atender mediante pre liberaciones a personas que estén prontas a cumplir con sus sentencias y estudiar casos de internos que puedan obtener su libertad para evitar el hacinamiento en las cárceles y con esto lograr que la población privada de su libertad tenga oportunidad de salvaguardar su vida.

Con estas propuestas se pretende también tratar la salud mental de los internos la cual es de suma importancia para una reinserción social, el que estén en contacto con sus familias garantiza una estabilidad emocional, permitirles el acceso a sus visitas con todas las medidas sanitarias necesarias aún y cuando el semáforo epidemiológico cambie constantemente de acuerdo al índice de casos infectados en el país.

Se debe usar un calendario de visitas por módulos cuando el semáforo este en rojo o bien planear horarios de video llamadas si es que el riesgo de infección es alarmante, pero que COVId por los menos quincenalmente para que tengan la seguridad de que se encuentran sin incidencia del virus. Estas medidas convertirían a esta situación social en una situación menos lesiva dentro de las cárceles mexicanas.

Para que todo esto funcione las autoridades nacionales deben de prestar la suficiente atención a los presos durante la pandemia aún y cuando la mayoría de la población en general ya cuenta con la vacunación, se debe de hacer énfasis en robustecer las medidas sanitarias para el ingreso de las familias y abogados a los penales, toda vez que las prisiones son un foco de infección latente por los factores que se ha venido mencionando, ya que la población carcelaria registra a menudo una incidencia de enfermedades transmisibles y no trasmisibles que ponen en riesgo a la población en general.

No basta con que autoridades internacionales emitan opiniones o recomendaciones si los estados no ejercen las acciones y medidas necesarias. Se debe actuar y garantizar los Derechos Humanos de las personas privadas de su libertad apegándose a los cinco ejes de la reinserción social sin perder de vista que los presos también son seres humanos.

*Alumna de la Maestría en Ciencias Penales y Criminalística de la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados

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