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El sueño de Aurelio

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Aurelio es ciego de nacimiento, Socorro es su lazarillo: menudita, mira fijamente con sus ojos pequeños y aguzados; el cabello azabache le cae sobre la frente como un mechón inquieto, una especie de limpiaparabrisas.

Aurelio y Coco, como suele llamarla él, habitan en una colonia popular rodeada de avenidas bulliciosas. Su vivienda es un espacio lineal muy similar al andén de una estación de tren, contigua al basurero del mercado local, por lo que, a la hora del calor, es urgente cerrar las ventanas para evitar que el olor a podrido impregne el lugar.

Sobre una fila de mesas, junto a la pared del lado izquierdo, Aurelio apila hierbas diversas sobre páginas de periódico extendidas; las sumerge en alcohol dentro de numerosos garrafones de vidrio, para extraer sus propiedades curativas. Del lado derecho, al fondo de la vivienda, hay dos camas individuales y varias sillas acomodadas con el respaldo hacia la ventana, tapizadas con plástico color dorado.

El primer paciente es atendido por Aurelio a las nueve de la mañana y, con frecuencia, el último abandona el lugar cuando ha llegado la noche. Una vez concluidas las consultas, Socorro tranca la puerta y se cerciora que las hierbas estén en su sitio, debidamente organizadas y sin mezclarse, sobre las hojas de los diarios; también revisa que los esparadrapos estén bien roscados en las bocas de los botellones bajo las mesas.

El ciego tiene un aguzado olfato para detectar un bidón mal cerrado o una hierba que se ha mezclado con otra distinta. Lo importante en esta profesión es garantizar la salud del paciente. Uno sólo es instrumento del altísimo, él te cura, yo ayudo —dice a sus pacientes que vienen desde zonas distantes de la ciudad y del país, en busca de aliviar sus malestares físicos o del alma.

No recuerdo con claridad el motivo por el que fuimos a consulta con Aurelio en la colonia Nueva Atzacoalco. Tal vez se trató únicamente de una limpia para “despojar” a la abuela de las sombras negativas, o el mero deseo de ella de sentirse protegida. Pero la abuela era cliente frecuente de ese tipo de alivios —como ella decía.

El mero trayecto para llegar al consultorio del ciego implicaba transbordar en dos ocasiones: salíamos de Lago Seco a bordo de un chimeco y en la estación San Lázaro trepábamos en otro transporte, éste de color amarillo, cuyo frente se asemejaba lo mismo a una pecera que a una vitrina de carnicería.

La hermana mayor de la abuela buscó afanosamente, durante varios años, a su primogénito desaparecido; recurrió a la brujería y a la cartomancia, intentó comunicarse con el espíritu del desaparecido a través de médiums.

Muchos fueron los resultados de esas consultas: está vivo y bien de salud, pero ahora no puede regresar porque está recorriendo el mundo en un barco italiano; perdió la memoria y ahora vive en Chiapas, ahí vive con una mujer buena, en un par de meses serán padres de un varón; un par de agentes policiacos lo asesinaron en una pelea en un bar y arrojaron su cuerpo al canal de aguas negras, pero su alma no encuentra descanso y pide que, por lo menos, hagamos diez sesiones como esta para pedirle al creador que le dé el eterno descanso, pues murió de forma violenta y no tuvo tiempo de arrepentirse de sus pecados —esto dijo el médium y cobró los veinte pesos por sus servicios, luego agendó una cita para la siguiente semana a la misma hora.

Entonces, a la hermana mayor de la abuela, se llamaba Marcelina, le recomendaron los servicios de Aurelio, el ciego. Él no dio le falsas expectativas, tampoco se aprovechó de la esperanza de la mujer. Esa actitud generó en la tía Marce un sentimiento de sosiego y paulatina resignación. Así fue como llegamos al consultorio del ciego, por recomendación de la tía.

Ya he dicho que la abuela era proclive a lo desconocido, prueba de ello es que en sus épocas más difíciles hubo de poner a su pequeño hijo Nicolás en manos de Dios:

Definitivamente, ese niño no era para mí; era como un angelito de los que están en los cuadros de la iglesia. Me duró seis días con sus noches el gusto de tener un cachito de cielo en mi casa, porque Nicolás empezó a ponerse morado, primero un dedito, después una mano, luego un brazo, hasta que el pecho se le tiñó de púrpura.

Nomás lloraba, siempre de noche. Dios me perdone, pero no dudo que algo malo me le hayan hecho a mi niño, puede que la mujer con la que andaba mi esposo haya querido hacerme mal a mí, pero Dios, como es tan grande, lo detuvo a través de mi angelito. No sé, sólo imagino. Murió una noche, iban a dar las doce. Lo estaba acomodando para darle pecho, nomás se quedó con la boca abierta, una gota de leche se cuajó apenas hubo salido de mi pezón.

No te miento. Es más, tardé varios meses en quitarme la sensación de seguir amamantando a Nicolás, a pesar de que mi cuerpo ya no producía leche. Él nació antes que Juan y hubiera sido más grande que mi hija Rosa, pero éramos muy pobres y mi marido andaba de picos pardos; no tenía ni para el doctor, de hecho, los doctores me pidieron que les regalara el cuerpo de mi Nicolás, dizque para estudiarlo porque su enfermedad era muy rara. Yo les dije que no, y pedí prestado para sepultar a mi niño. Pero eso sí, cuando lo vi muy malo se lo encomendé al creador y le dije: si no ha de ser para mí, por favor, quítalo de sufrir. Creo que por eso se murió esa misma noche, porque a Dios no se le ponen condiciones. También puede que Dios se apiadara de nuestro sufrimiento. No sé, sólo pienso.

La abuela hablaba y hablaba en esas largas sesiones con Aurelio, me evadía de su monólogo, apenas ponía atención, como entre sueños, a sus historias de hambre, muerte y desesperanza. Durante el viaje de ida, miraba a través del parabrisas del autobús, por eso me gustaba sentarme en el pasillo. Esos camiones, por lo general, no circulaban con gente de pie, eso me parecía.

Salíamos de Lago Seco pasadas las nueve de la mañana, hacíamos una escala en casa de la tía Marce para platicar un rato —eran tres horas de historias y almuerzo—. Luego caminábamos rumbo al consultorio de Aurelio.

Me aturdía el olor a hierbas que impregnaba el ambiente. En tanto, Aurelio sentaba a la abuela sobre una silla y colocaba ambas manos sobre la cabeza de ella, musitaba algo como una oración que involucraba santos, ángeles y querubines; sus párpados plegados hacían conjunto con aquellos ojos blancos de persianas cerradas que miraban dentro de sí y escudriñaban las penas que atormentaban las almas de sus clientes.

La abuela cerraba los ojos y se abandonaba a la imposición de manos del ciego que lanzaba chillidos y elevaba el rostro hacia el cielo, tal vez solicitando a la divinidad, de tú a tú, que el alma atormentada de la abuela fuera liberada. Tal vez por eso ella recurría a su ciego de lujo, entrón y sanador. Yo, sentado al borde de una de las camas al fondo de la habitación, miraba los ojos cocidos del ciego. Era extraño, pero me sentía observado por él. Era lógico: si él era capaz de escudriñar las cosas más íntimas del alma ajena, qué podía impedirle asomarse a mis pensamientos. Eso me incomodaba.

En una de esas sesiones, conocí de voz de la abuela, por vez primera, la historia de la tía Cuca, mujer del tío José, que estuvo en la cárcel un año, por matar al querido de ella:

Cuca siempre fue muy livianita. Como dirían en mi pueblo, le gustaba el lingo lilingo. Eso sí, era muy guapa, de ojos muy grandes y verdes; era coqueta, siempre andaba muy arreglada, con unos vestidos bonitos. La mamá de mi tío José siempre dijo que esa mujer le daría problemas, pero él nunca quiso oírla. Se casó con ella, eso sí, de blanco. Y la llevó a vivir cerca de los padres de él. José salía a trabajar y ella se quedaba en la casa. Dicen, a mí no me consta, que hasta en su propia cama se acostaba con el querido. Los viejitos, los suegros de ella, bien que se daban cuenta, pero no querían darle un disgusto al hijo. Pues no pasó ni un año y a ella le ganó más la comezón y se escapó con el otro, y dejó a José. Pero mi tío no era tarugo, lo querían hacer tarugo, pero eso es diferente, por eso anduvo averiguando a dónde se habían ido “los novios” hasta que dio con ellos. Sin decirle nada a nadie tomó un camión a Guadalajara y luego otro que lo llevó hasta donde habían hecho hogar. Llegó a la tienda y haciéndose el desentendido le dijo al tendero que andaba buscando a una pareja de recién casados, que ella se llamaba Refugio y que era muy amigo de ellos, pero quería darles una sorpresa y… en fin, que el cuento funcionó y el mismo tendero, gustoso, fue a informar al nuevo marido de Cuca que un buen amigo lo estaba esperando en la tienda. Pasados cinco minutos regresó el tendero con el rival del tío José.

El hombre caminaba entelerido. No tuvo tiempo de entender: sólo alcanzó a abrir desmesuradamente los ojos cuando el tío le arrebató la vida vaciándole el cargador del arma. Al tío José le dieron una pena de cárcel de 25 años. Reunía todas las agravantes: premeditación, alevosía y ventaja. Te vas a pudrir en la cárcel, le dijo la tía Cuca durante una inesperada visita en la cárcel, la última vez que se vieron con una reja de por medio. Pero la mujer no partió sin antes sentenciar: me mataste uno, a ver, mátamelos a todos. Dio media vuelta y coqueta salió de la cárcel echando miradas invitadoras a los custodios. Pero mira que Dios es grande: José dormía en una especie de cueva, así era la cárcel de ese entonces; los metían con la cabeza hacia dentro, boca arriba, en una especie de tumba donde no podían darse vuelta y apenas se podía respirar. A muchos los sacaban muertos, anochecían y no amanecían.

Así pasó un año, pero le prometió a la virgen de San Juan de los Lagos que, si lo libraba de esa pena, para agradecérselo, él iría caminando desde la misma puerta de la cárcel hasta el santuario de la morenita, pero iría descalzo, con los ojos vendados; cargando dos pencas de nopal, una en el pecho y una en la espalda; también llevaría un mecate amarrado del pescuezo, de donde su madre lo iría arreando, como un buey. En esos tiempos, cuando iniciaba en el encargo el nuevo presidente de la república, se acostumbraba a indultar un cierto número de presos, y le tocó a mi tío José. Un año estuvo dentro, condenado por homicidio, con todas las agravantes. Sólo un año. Dios bendito. Y le cumplió a la virgen. Pagó sangre con sangre, porque sólo así se pagan estas cosas.

Yo miraba a la abuela, sin descuidar los ojos cocidos del ciego. Mis pulmones estaban repletos del olor a hierbas y alcohol. De pronto, en el ambiente se hizo un gran vacío, un silencio que parecía trasladarnos de la vida hacia la muerte y de regreso. El olor a podrido se impuso al aroma de las hierbas con alcohol y Aurelio lanzó un nuevo chillido elevando la cara hacia el cielo. Así permaneció por unos segundos, tal vez fueron minutos, como una escultura, petrificado, con los brazos abiertos, extasiado. Hasta que el olor a podrido se disipó. La abuela suspiró y de su suspiro brotaron mil desahogos —o eso me pareció— que estallaron en luces blancas y rojas, y se esparcieron, primero por la vivienda y luego se arrastraron por debajo de la puerta para escapar y anidarse en otro sitio. La abuela permaneció quieta, con los ojos cerrados, sentada sobre la silla. Pude sentir la densidad del ambiente.

Salimos de aquel lugar cuando la calle ya estaba oscura. Al salir, sentí la mano del ciego acariciarme la coronilla. Estaba seguro de que él no veía con los ojos, pero era capaz de observarlo todo. Socorrito me regaló una sonrisa. El ciego también sonrió, ese gesto me sigue inquietando: suelo soñar que miro mi reflejo en el par de espejos incrustados detrás de mis párpados. En ellos no existen las dimensiones de espacio o tiempo. Escucho mis latidos. Sueño que duermo y vuelvo a despertar, de forma intermitente.

Todo sucede durante un imaginario traslado desde la colonia Nueva Atzacoalco hasta nuestra casa en Lago Seco, a bordo de un camión que asemeja la vitrina de una carnicería o una pecera. Intento ver a través del pasillo repleto de personas que se aferran a los pasamanos donde nadie toma asiento. Afuera, los demás vehículos lanzan destellos luminosos esporádicos. Desde el interior, miro con atención los reflejos distorsionados en las ventanillas.

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Cierre de minas a cielo abierto dejaría sin litio a gobierno

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En el “Foro Estatal: maíz transgénico, fracking, minería y agua”, organizado por la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural, Agrícola y Autosuficiencia Alimentaria, de la Cámara de Diputados, realizado en la sede de la Universidad Autónoma de la Universidad de Nuevo León (UANL), representantes de la industria minería, entre ellos de la Cámara Minera de México (Camimex) pidieron a los integrantes del Congreso de la Unión tomen con seriedad la importancia de la minería en nuestro país.

La directora general de la Camimex, Karen Flores Arredondo, mencionó que la minería a cielo abierto aporta más de 60% del valor de la producción minera metalúrgica nacional.

Aseguró que prohibir esta actividad, como pretende el Ejecutivo, sería catastrófico para la industria, para la economía del país y para más de 3 millones de personas que dependen de la actividad.

El evento fue organizado con diferentes mesas de análisis en las que participaron representantes de los diversos partidos políticos y en las que se consideraron los puntos de vista y opiniones de expertos respecto al Proyecto de Decreto por el que se Reforman Diversas Disposiciones de la Constitución en Materia de Derecho a la Alimentación, Medio Ambiente Sano y Derecho al Agua, emitido por el Ejecutivo el 5 de febrero.

En ese sitio Flores Arredondo explicó que el tipo de minado de la minería a cielo abierto es un proceso en el cual se incluyen las canteras, la sal, el litio, y otros minerales que conforman el cemento y los materiales de construcción que también se verían afectados, “y México sufriría un déficit difícil de revertir”, alertó.

Es decir, sólo por poner un ejemplo, si el gobierno cierra las minas a cielo abierto se quedaría sin litio y su proyecto Litio para México que tiene como objetivo realizar la exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del litio también tendría que cerrar sus puertas.

Prohibir la minería a cielo abierto afectaría a 70 industrias, a más de 200 mil empleos directos, a un millón de empleos indirectos, a cerca de 20 mil estudiantes de carreras en Ciencias de la Tierra; dejaría de generar más de 40 mil millones de pesos en impuestos que, obvio, obtiene el gobierno y se dejarían de percibir 14 mil millones de pesos en ingresos.

La directiva de Camimex planteó que, si se impulsa la minería mexicana y se aprovecha para beneficio de todos, “podemos crecer en extracción de 2.4 a 3%; generaría más de 500 mil empleos directos, crearía inversiones superiores a los 28 mil millones de dólares y, al mismo tiempo, derivaría en beneficio para todos los habitantes de las comunidades mineras.

En ese sentido, es conveniente recordar que, en un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México, se comprobó que 91% de las comunidades mineras cuentan con el mayor índice de calidad de vida porque tienen excelentes servicios en salud, educación, infraestructura, entre otros.

Este sector productivo genera una derrama económica en más de 696 comunidades ubicadas en el país que asciende a más de 249 mil millones de pesos y en donde se generan empleos y negocios alternos a la minería.

La industria minera contribuye de manera importante al erario federal: en los últimos siete años pagó 300 mil millones de pesos en impuestos, que al año representaron más de 72 mil millones de pesos.

Este sector, a diferencia de otras industrias, no sólo paga el Impuesto Sobre la Renta (ISR), sino otros derechos adicionales: 7% sobre las utilidades; .5% para los mineros que producen oro y plata.

Dijo que, si la pretensión del gobierno federal es cerrar las zonas mineras, ya sea por declararlas áreas protegidas o prohibidas, pues “las van a dejar como tierra de nadie y quedarán en manos de gente que vive el margen de la ley”.

La diputada Luz Adriana Candelario indicó que los resultados de los foros serán enviados a la Cámara de Diputados (a la Junta de Coordinación Política) para su análisis y posterior discusión por los integrantes de todos los partidos políticos. Al tiempo.

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Zaldívar y el desgastado manto presidencial

***Miguel Ángel Romero Ramírez

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¿Qué tan bueno o malo es que el presidente AMLO te respalde? Es una de las preguntas que comienzan a hacerse distintos funcionarios públicos de alto rango en el gobierno.

La pregunta es relevante porque el manto presidencial ha sufrido un severo desgaste tanto por las pifias presidenciales como por la forma en que se ha venido usando y quiénes lo han recibido. Más aún, a unos días de las elecciones del 2 de junio ya no tiene el mismo peso y sus propiedades comienzan a desaparecer. Es, en ese contexto, en el que Arturo Zaldívar lo recibe.

Por su puesto que para el expresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que buscó reelegirse en el cargo violando la Constitución y quien también priorizó en su agenda perfilarse como un influencer, es estratégico generar la percepción de que lo han adoptado en el corazón de la nueva clase política gobernante.

Es decir, su pretensión es que dicho manto protector sea transexenal como pago a sus buenos oficios como un personaje que prefirió la abyección al poner al Poder Judicial a disposición del Ejecutivo mientras estuvo al frente del Máximo Tribunal. El secreto a voces dejó de serlo una vez que el propio presidente López Obrador ha detallado poco a poco en sus conferencias de prensa cómo Zaldívar servía al poder cuando se le requería. Sumisión disfrazada de coordinación.

Sin darse cuenta, Zaldívar está siendo ubicado en esa área gris que la política mexicana conoce bien. Ese lugar en donde quedan empantanados personajes que al conocer detalles sobre las complicidades no es posible deshacerse de ellos pero que tampoco resultan suficientemente útiles hacia adelante. Su reciclaje suele ser complejo, toda vez que su ciclo se cumplió.

Hacia allá están por transitar, casi de manera natural, los personajes que fueron “respaldados” por un Andrés Manuel López Obrador que está por consolidarse como una de las grandes decepciones latinoamericanas.

Ese poderoso halo lleno de pureza con el que absolvía a unos y otros el líder de –presunta– izquierda a inicios de su sexenio se ha vuelto pernicioso y casi se configura como una confesión de culpabilidad. No es tan complicado advertirlo, entre los “beneficiarios” con los que comparte lugar el ahora ministro en retiro están un Ignacio Ovalle, quien fuera titular de Segalmex y en donde se cometió un fraude de más de 15 mil millones de pesos.

En esa misma categoría se ubica un Hugo López-Gatell a quien la evidencia científica lo coloca como el artífice de la criminal estrategia sanitaria que provocó un exceso de mortalidad durante la pandemia de Covid-19. Mínimamente 24 mil mexicanos no debieron de haber muerto. En ese prestigiado club selecto también está Manuel Bartlett quien fue arropado por AMLO cuando se cuestionó su inexplicable riqueza y quien es mejor conocido por la caída del sistema electoral en 1988, dando el triunfo a Carlos Salinas de Gortari.

Los protegidos por el manto presidencial son muchos. Ahí están Rocío Nahle, zacatecana que busca gobernar Veracruz, ex titular de la Secretaría Energía, y a quien se le ha dificultado aclarar la compra de mansiones por 60 millones de pesos, casi todo en efectivo. Por supuesto, coordinó en su momento, la construcción de la Refinería Dos Bocas, proyecto que inicialmente costaría 8 mil millones de dólares y que terminará en 18 mil 900 millones de dólares.

En ese mismo rubro, se encuentra también el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, quien ha gozado, una y otra vez, de dicho manto protector y quien paradójicamente, en un sexenio en donde presuntamente uno de los principales objetivos era combatir la corrupción, no ha podido conformar de manera sólida una sola carpeta que permita enjuiciar a esos terribles personajes del pasado que tanto ha acusado AMLO.

A días de que la ciudadanía acuda a las urnas, el manto presidencial ya no es ni significa lo mismo, el desgaste del propio AMLO y las figuras que lo comparten producen, incluso, un efecto inverso. Muchos funcionarios de alto nivel prefieren brincar en silencio hacia la nueva administración antes de sufrir el daño reputacional que pueda causar el “arropamiento” del titular del Ejecutivo. Zaldívar lo recibió muy tarde.

Su renuncia a la Corte para ceder un lugar al oficialismo en el Máximo Tribunal para luego convertirse en porrista de Claudia Sheinbaum, está siendo pagado con algo que tiene una franca depreciación y que incluso está a punto de desaparecer el próximo 2 de junio. El ministro en retiro fue timado víctima de su soberbia.

***Miguel Ángel Romero Ramírez

Analista y consultor político. Por más de 12 años, creador de estrategias de comunicación para el sector público y privado. Licenciado en comunicación y periodismo por la UNAM y maestro en gobierno por el Instituto Ortega y Gasset. Observador del uso de las nuevas tecnologías y su impacto en la democracia.

X: @MRomero_z

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Opinión

El renovado abandono a Xóchitl

***Miguel Ángel Romero Ramírez

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Las expectativas nunca fueron altas, pero siempre hay espacio para la novedad. Sin embargo, no fue el caso del primero de los tres debates rumbo a la sucesión presidencial de México.

La conclusión es demoledora para aquellos sectores que están en contra del partido en el poder: su candidata, es decir, Xóchitl Gálvez, es pésima y no ha logrado encarnar el coraje necesario para combatir a una administración que en los hechos ha sido un fracaso.

El sentimiento de desesperanza se acentuó entre las personas que apoyaban al Frente opositor luego de haber visto su desempeño por televisión y en redes sociales.

¿Cómo escapar de la militarización que implantó un gobierno que se dice de “izquierda”? ¿Hacia dónde acudir cuando los datos demuestran que se pudo evitar la muerte de 224 mil mexicanos si no fuera por la negligencia de Andrés Manuel López Obrador y el manejo criminal de Hugo López-Gatell durante la pandemia de Covid-19? ¿Qué opción tienen los votantes que ven con repulsión la corrupción en Segalmex (representa más del doble de la Estafa Maestra) o el desastre ecológico del Tren Maya con los hijos del presidente señalados como cabilderos y “hombres de negocios”?

¿Qué pueden hacer las personas que han sufrido con AMLO el dramático desmantelamiento del sector salud si Claudia Sheinbaum promete continuidad? Los datos de la investigación de Nayeli Roldán en su trabajo especial para Animal Político “No fuimos Dinamarca” son brutales pues demuestran que el “gobierno más humanista” no sólo abandonó a los más vulnerables sino que tampoco ahorró y lo que sí hizo fue crear nuevas redes de corrupción.

¿Qué opción tendrán en la boleta electoral aquellas personas que no están de acuerdo con que en 2022 hubo 44 millones de consultas menos que en 2018; medio millón de personas no tuvieron la cirugía que necesitaban y no se realizaron 20 millones de estudios de laboratorio con más de 45 millones de recetas sin surtir? ¿Alguien se siente orgulloso de esto? Más de 500 mil niños sin vacunar en 2019 por desabasto.

Es previsible que el natural desencanto democrático se traduzca en abstención el próximo 2 de junio. Ha sido palpable que la expectativa sobre el proceso electoral es casi nula. La mayoría de encuestas post debate son ridículas y parten de muestras ínfimas (470 a mil personas) que de ninguna manera son representativas sobre los 100 millones de ciudadanos llamados a participar. El debate fue visto por apenas por 13.7 millones de personas.

Mientras los propagandistas juegan a instaurar en medios de comunicación la “inevitabilidad” del triunfo de la candidata oficialista Claudia Sheinbaum e intentan borrar el récord de homicidios en este sexenio (más de 183 mil) en la oposición no atinan a diseñar un encuadre narrativo que, al tiempo que sea atractivo y busque atraer a los decepcionados y a militantes de Morena, también sea relevante y trascendente en medio de una contienda electoral muy particular en donde el principal protagonista sigue siendo el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien de forma sistemática y flagrante se mantiene violando la ley electoral por encima de cualquier institución.

Bajo este panorama, el renovado abandono a Xóchitl por parte de líderes de opinión, intelectuales y personajes de los medios de comunicación derivado de su decepcionante participación en el primer debate es un mal presagio, pero es totalmente merecido. La candidata no reúne el coraje de quienes han sido afectados por la administración. Puede tener la información y los datos del fracaso gubernamental, pero tanto ella como su equipo no han logrado articularlo.

Existen quienes buscan ser benévolos con la candidata respaldada por el PRI, PAN y PRD, pero esos mismos pierden de vista que en esa incapacidad de autocrítica está la complacencia de la derrota. Esta nueva condición por la que atraviesa es, a su vez, una excelente oportunidad para que ella pueda demostrar si es capaz de superar la adversidad y configurarse como una líder que merece encabezar un Estado como el mexicano.

Todavía no termina la campaña, pero este primer debate puede significar o el parteaguas, por las acciones que tome hacia adelante, o como la confirmación de su fracaso anticipado que se muchos le asignaron por las formas y el proceso mediante el cual se convirtió en candidata.

***Miguel Ángel Romero Ramírez

Analista y consultor político. Por más de 12 años, creador de estrategias de comunicación para el sector público y privado. Licenciado en comunicación y periodismo por la UNAM y maestro en gobierno por el Instituto Ortega y Gasset. Observador del uso de las nuevas tecnologías y su impacto en la democracia.

X: @MRomero_z

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