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Opinión

Invierten líderes en innovación y sustentabilidad

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Ciudad de México, 07 de diciembre, 2021.- Los corporativos Nestlé, Unilever, Tetra Pak, 3M, Bimbo, Bolsa Mexicana de Valores, Industria Mexicana de Coca-Cola, AES y Philip Morris continuarán con inversiones en estrategias e iniciativas sustentables para impulsar sus negocios, optimizar recursos e impactar sus entornos.

Durante el II Foro Líderes de la Sustentabilidad, organizado por el portal especializado Ideas de Negocios, directivos de corporativos líderes en sus industrias explicaron que las inversiones en sustentabilidad llevan años en crecimiento y serán cada vez mayores para los siguientes años.

Nestlé, con presencia en más de 190 países, resaltó sus 32 compromisos públicos alineados a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas e informó que en 2020 refrendó su compromiso de lograr cero emisiones netas en sus operaciones para el 2050.

“Hoy día 98% de nuestros empaques está diseñado para reciclarse, justo porque nuestro portafolio de materiales de empaque son con base principalmente en vidrio, hojalata, gran componente de cartón y de papel y, en el tema del plástico, practicamente es a través del PET”, expresó Inti Sarahí Pérez, gerente de Creación de Valor Compartido y Sustentabilidad de Nestlé México.

A nivel global, Nestlé tiene la visión de lograr sistemas alimentarios regenerativos e impactan en más de 500 mil agricultores y 150 mil proveedores, por lo que la compañía invertirá alrededor de mil 200 millones de francos suizos en los próximos cinco años.

Tetra Pak México consideró que la sostenibilidad es “una necesidad para el crecimiento empresarial”, por lo que hacia la próxima década prevé que sus envases sean 100% de origen renovable, al apostar a materiales más resistentes y seguros, a la energía y al reciclaje para generar la menor huella ambiental posible.

“Hoy tenemos 75% (de material reciclable) que es nuestro cartón y que proviene de bosques certificados, que son manejados de manera responsable. El siguiente paso es buscar cambiar el polietileno y el aluminio a través de la utilización de elementos renovables”, expresó Alfredo Román, gerente de Sostenibilidad para Tetra Pak México.

Román destacó que para lograr esta meta, en México se ha realizado un arduo trabajo desde hace 25 años en toda la cadena de valor del reciclaje de los envases, por lo que “el año pasado fueron 43 mil 600 toneladas de envase que se reciclaron. Esto se dice fácil pero realmente es un gran trabajo”.

La firma 3M, dueña de marcas como Scotch Brite, trabaja en cómo hacer que sus clientes reduzcan la huella de carbono a través de sus productos, por lo que se ha planteado hacia 2025 reducir la dependencia de plásticos de origen fósil en 125 millones de libras y lograr cero residuos en más del 30% de sus fábricas.

Jana Nieto Karan, directora ejecutiva Government Affairs & ESG de 3M México y América Latina, manifestó que si bien los objetivos son claros, el reto es cómo lograrlos cuando la empresa de manufactura debe sumar mil nuevos productos innovadores al año a una familia de 60 mil productos, los cuales estarán enfocados en cuatro áreas principales: seguridad de las personas, transporte, cuidado de salud y consumo.

“3M para poder cumplir con estos Objetivos de Desarrollo Sostenible tenemos una inversión de mil millones de dólares con cada una de estas iniciativas (de sustentabilidad) para asegurar que tenemos los recursos para poder implementar el centro de distribución en las plantas, en las oficinas y poder cumplir con estos objetivos y compromisos”, dijo.

La Industria Mexicana de Coca-Cola, integrada por Coca-Cola México, ocho grupos embotelladores, Jugos Del Valle – Santa Clara y las plantas de reciclaje Petstar e IMER, tiene dentro de sus objetivos hacia 2030 reducir sus emisiones en 25%, lograr la recolección del 100% de los empaques que coloca en el mercado y tener, por lo menos, 50% en su contenido material reciclado.

“Hemos anunciado inversiones por 11 mil millones de pesos para los próximos tres años para aumentar en 50% más la capacidad de empleos y toneladas de reciclaje”, expresó César Espinosa, líder de Sustentabilidad para Coca-Cola México.

En el tema del agua, el directivo dijo que la firma busca regresar a la naturaleza 100% del agua que utiliza para la producción de sus bebidas y hacia 2030 llevar agua limpia a un millón de mexicanos, por lo que bajo este objetivo ha invertido 170 millones de pesos en la creación de humedales.

GRANDES OPORTUNIDADES

Bimbo, Unilever, Bolsa Mexicana de Valores y AES coincidieron que operar de manera sustentable convierte a un negocio en rentable y próspero para el largo plazo, sin embargo, el éxito consistirá en generar mayores alianzas entre las empresas para acelerar las metas en beneficio de todos.

Grupo Bimbo, que desde hace años se dirige hacia la energía más limpia y lograr cero emisiones de carbono netas, se dio a la tarea en 2020 de replantear una nueva estrategia de sustentabilidad: “Alimentamos un mundo mejor, bajo tres vertientes: nutrición, empoderamiento de comunidades y regeneración de procesos agrícolas, con una visión más ambiciosa hacia los próximos 10, 15 y 20 años”, refirió Alejandra Vázquez Langle, directora global en Sustentabilidad de la panificadora más grande del mundo.

“El equipo de energías renovables hoy se está moviendo a ser el equipo de carbono cero y tiene el reto fundamental de descarbonizar nuestra cadena de valor (…) lograr que 100% de nuestra energía eléctrica de todos los países donde operamos provengan de fuentes renovables y hacia 2030, con la reducción del 50% de las emisiones, y hacia 2050 con cero neto”, dijo.

Resaltó que actualmente la panificadora mexicana con presencia en 33 países, se abastece en 80% de energía de fuentes renovables; además, cuentan con alrededor de 75 mil paneles solares en 70 instalaciones como centros de ventas o plantas, así como alrededor de mil vehículos eléctricos que operan tan solo en Ciudad de México; el primero de estos transportes se puso en marcha en 2012.

La multinacional Unilever, dueña de las marcas como Dove y eGo, lanzó desde hace 11 años el Plan de Vida Sustentable que la llevó a reducir la huella ambiental de los consumidores con el uso sus productos en 32 por ciento, en su manufactura de 50% y lograr abastecerse en 100% de energía renovables. Hoy la firma cuenta con una estrategia renovada de negocio llamada Compass Unilever, con el que buscan lograr las cero emisiones al 2030.

Laura Bonilla, directora de Asuntos Corporativos de Unilever Norte de Latinoamérica, detalló que actualmente la compañía recolecta 30% del plástico que colocan en el mercado y prevén llegar al 100% antes del 2025; también han dejado de utilizar más de 5 mil toneladas de plástico virgen en México en marcas como Pons, Dove y Savilé, productos que ya incorporan plástico reciclado en sus envases.

“Nos hemos comprometido a ser una compañía cero emisiones en nuestras operaciones al 2030 y en nuestros productos, desde la materia prima y hasta el punto de venta en 2039, 11 años antes del Acuerdo de París, ese es el compromiso”, aseguró.

Para AES, el quinto desarrollador de proyectos solares más grande en el mundo, la sustentabilidad es parte de su estrategia de negocios, es por esta razón que entre sus objetivos están reducir sus emisiones en 10% de su cartera para 2025, lograr cero emisiones netas de carbono de las ventas de electricidad hacia 2040, así como añadir de 3 a 4 gigavatios de capacidad de proyectos de energía renovable y almacenamiento de energía en los diferentes países en los que participa.

De acuerdo con Emmanuel Moctezuma, gerente de Almacenamiento de Energía de AES, las prioridades en México están enfocadas al desarrollo social, acceso a la energía, desarrollo económico, medio ambiente y ayuda humanitaria.

“En 2020 ejecutamos cerca de 125 proyectos y programas alineados al desarrollo sostenible, en los cuales cerca de 145 mil fueron beneficiados entre las diferentes 12 comunidades con las que estamos trabajando”, aseguró.

Grupo Bolsa Mexicana de Valores (BMV), que forma parte del Consejo Consultivo de Finanzas Verdes, ha emitido desde 2016 a la fecha 86 mil 600 millones de pesos en 38 bonos sustentables.

“De estos 35 bonos, 17 fueron de este año y de los 86 mil 600 millones de pesos, 36 mil 500 corresponden a este 2021, por lo que cada vez más empresas tienen una estrategia de sostenibilidad”, aseguró Nalleli Barajas López, subdirectora de Sostenibilidad de Grupo BMV.

Manifestó que la BMV también tiene el compromiso de ser una empresa con emisiones netas cero y cuenta con instrumentos de inversión como son los bonos etiquetados, que pueden ser verdes, sostenibles y sociales.

Este tipo de instrumentos de deuda permiten que el uso de los recursos se destinen en financiar proyectos que impacten al medio ambiente o al desarrollo social; además, recién se lanzaron los bonos vinculados a la sostenibilidad para empresas con objetivos concretos en temas ambientales.

El II Foro Líderes de la Sustentabilidad de Ideas de Negocios pretende contribuir en la sustentabilidad como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas (ONU).

Durante la Conferencia Magistral presentada por Philip Morris, Paulina Villegas, gerente regional de Sustentabilidad para Latinoamérica de la compañía, informó que invertirán 8 millones de dólares en una planta de captura de CO2 en Guadalajara, Jalisco, para lograr neutralidad de carbono o “cero neto”, en línea con su plan global hacia 2025 y 2030.

“Hacia futuro invertiremos 8 millones de dólares más en una planta de captura de CO2, esto nos permitirá ser carbono negativo, es decir, que retiraremos más emisiones de las que generamos a la atmósfera”, expresó.

Philip Morris vive una transformación única en su historia al reemplazar su negocio de cigarrillos por mejores alternativas para fumadores, por lo que hacia 2025 prevé que 50% de sus ingresos netos provengan de productos libres de humo.

En este cambio hacia la sustentabilidad las inversiones de la compañía superan los 12 millones de dólares de 2016 a la fecha.

Opinión

¿Quién se robó mi leche?

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Importancia de la leche

Pamela Cerdeira

Hay una sensación que me ha acompañado toda la vida. Es algo que nunca he podido nombrar. No sé si le pasa a otras personas. Se siente como si tuvieras un hueco; está en algún lugar del cuerpo y en todo el cuerpo al mismo tiempo. Se parece a la nostalgia, cuando extrañas algo pero no sabes qué es eso que extrañas. Tiene el rostro de mi infancia, el color de la pintura de la casa de mis papás, sus espacios, y momentos suspendidos; son tan únicos que es imposible distinguir uno solo. Es como querer regresar a un lugar seguro. No sé qué lo desata, es repentino. He llegado a creer que es sólo sed y mi forma peculiar de interpretarla. Pero de lo único que estoy segura es de que en ese momento solo quiero un vaso con leche. Y creo que empezó cuando dejé de vivir ahí.

Mi mamá decía con orgullo y sorpresa: “mis hijos toman leche hasta con la comida”. Era cierto, siempre había agua de limón, pero nosotros preferíamos leche. Leche con chocolate en la mañana, leche en la comida y leche en la cena. ¿Sed a mitad del día? Leche. Era la época en la que nadie contaba vasos de agua ni necesitaba sensores para medir la biología más básica como los pasos o el sueño.

Estaba en segundo de primaria, aprendíamos BASIC en la clase de computación, una fila de instrucciones para que la Macintosh hiciera un círculo. Alejandro, mi compañero de máquina, volteó a verme con desagrado y me dijo: “Awww, tienes bigote”. Sí, tenía bigote y no tenía a Frida Kahlo de referencia. Así que para resolverlo se me ocurrió la brillante idea de pintarme el bigote con sombras para ojos color blanco. Mi bigote quedó tan bien escondido como un bandido gordo tras un poste de luz. A la mañana siguiente, un minuto antes de bajarme del coche, mi mamá me miró (de esas miradas que escanean en busca de algo que corregir) y me dijo: “te dejaste bigote de leche”, chupó su dedo y me limpió la cara. Pero yo no iba a rendirme, tenía un plan. Así que al otro día utilicé sombras color café claro. Y la escena se repitió, esta vez mi mamá dijo: “Te dejaste bigote de chocolate, te lo limpio”, y me lo quitó de nuevo.

Llegó la adolescencia y la leche se transformó, como toda la comida, en puntos intercambiables. Entré en el imposible laberinto de contar calorías y todo tenía un límite: una porción del circulito azul que era el que representaba a los lácteos. Como debe sucederle a la mayoría de quienes me leen, mi relación con la comida era como la vida amorosa de Johnny Depp: complicada. Tardé mucho en cambiar la forma de mirarla, de poner el valor nutricional primero y disfrutar y agradecer cada bocado por todo lo que aporta a mi cuerpo. Hace poco, en un Starbucks, me sorprendió la cantidad de veces que tuve que aclarar que quería leche. ¿Quiere leche de almendra? No, solo leche. ¿De soya? No, leche, de vaca. Tengo leche light. No, solo quiero leche. ¿Deslactosada? Leche. Leche y ya. La señorita me vio con ojos de sospecha.

Y es que, en tiempos donde todo parece inmediato, ultraprocesado o hiperespecializado, a veces nos cuesta entender la belleza de lo simple. Se nos olvida que la leche es un alimento que la naturaleza diseñó con una ingeniería perfecta. Hay que sumar el viaje titánico que ocurre antes de abrir el refrigerador. Ese vaso de “leche y ya” empieza en el origen, en una historia que tan solo en México sostienen treinta y cinco mil colaboradores que forman parte de la familia Lala.

La historia de nuestro vaso de leche diario empieza a las tres de la mañana, bajo un silencio que solo conocen quienes trabajan la tierra. Mientras nosotros damos la media vuelta en la cama, en alguno de los más de ciento veinticuatro ranchos que proveen a Lala en México comienza el primer ordeño de un total de casi quinientas mil vacas. Muchas de las familias ganaderas detrás de este esfuerzo llevan más de cincuenta años trabajando de la mano con la marca.

Al final, esta inmensa cadena de valor no solo mueve cajas y botellas de un punto a otro. Detrás de cada trago trabajan miles de personas: ganaderos, veterinarios, nutriólogos, ingenieros y expertos en sustentabilidad que generan empleos, impulsan las economías de nuestras regiones y fortalecen el campo mexicano. Entender este camino invisible no solo nos nutre físicamente; también nos conecta con quienes lo hacen posible y nos recuerda que agradecer lo que comemos sigue siendo una de las formas más profundas de reconocer la vida cotidiana.

La edad me ha devuelto la leche, y con ella, la gratitud. Los músculos se convierten en un baúl sin fondo sediento de proteína y los lácteos han sido mi mejor forma de darles lo que necesitan. Cada vaso de leche, fría porque así me gusta —y que al final es solo uno de los más de 33 millones de vasos que Lala procesa al día en nuestro país—, entra a mi cuerpo mientras pienso en todo lo que me aporta, que en mi caso, es una mezcla de nutrición y ese algo imposible de nombrar que llega directo al corazón.

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Fuera de balance / Empresas por la resiliencia operativa

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Por Ángel Pérez Sánchez

El error más común de la alta dirección empresarial es ver la gestión ambiental como un costo administrativo. La realidad, respaldada por datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial, indica que el cambio climático ya no es un fenómeno meteorológico, sino un riesgo sistémico de mercado.

En ese sentido, la llegada de la ISO 14001:2026 marca el fin de la era del “cumplimiento por compromiso” para inaugurar la era de la resiliencia operativa. En el contexto actual de relocalización de cadenas de suministro (nearshoring), la trazabilidad ambiental ha dejado de ser un “plus” para convertirse en un filtro de exclusión.

En sectores de alta precisión como el automotriz o el aeroespacial, no tener la certificación ISO 14001:2026 equivale a tener un pasaporte vencido: simplemente no puedes cruzar la frontera de las cadenas globales de valor. Los inversionistas y reguladores ya no preguntan si tienes un plan ambiental, sino cómo este garantiza que no perderás contratos por sanciones o interrupciones climáticas.

La nueva norma no pide que las empresas “sean buenas con el planeta”, pero sí exige que analicen cómo el entorno externo puede colapsar su continuidad operativa. Cuando Lillian Peregrina, directora comercial en Mexico & LATAM de BSI, afirma que la inversión se amortiza en menos de 18 meses, se refiere en concreto a la eficiencia en agua, energía y materias primas como optimización directa del flujo de caja.

Como bien señala Andrés Ibarra, gerente de desarrollo de negocios de BSI en México, el verdadero reto para las organizaciones en México y Latinoamérica es cerrar la brecha entre el discurso corporativo y la operación diaria.

Si el operador de la planta no entiende que su eficiencia es la que garantiza la permanencia de la empresa en mercados exigentes, la certificación es solo un maquillaje costoso.

Para Peregrina e Ibarra postergar la adopción de la norma ISO 14001:2026 no es ahorrar dinero, es acumular una deuda de riesgo que, tarde o temprano, los mercados, los seguros y los bancos cobrarán con intereses impagables.

Iniciativa privada invierte en Sinaloa

El grupo TransitionIndustries, anunció una de las inversiones industriales más relevantes en la historia reciente del país: 3,300 millones de dólares, mediante el proyecto Pacífico Mexinol que contribuirá a posicionar a México como un actor estratégico en la nueva industria química de bajo carbono y en la transición energética global.

El proyecto, ubicado en Topolobampo, Sinaloa, contempla la construcción de la planta de metanol con emisiones ultra bajas más grande del mundo en su tipo, bajo un modelo orientado a emisiones netas cercanas a cero (Net Zero), mediante el uso de tecnologías de captura de carbono, energías limpias e hidrógeno verde.

Déjeme decirle que el metanol es un insumo clave para múltiples cadenas industriales, utilizado en la producción de materiales, combustibles y productos químicos de uso cotidiano. En su versión de bajas emisiones, como la que producirá en Sinaloa, se convierte además en un componente relevante para avanzar hacia procesos industriales y energéticos más limpios.

Se espera que Pacífico Mexinol inicie operaciones para el 2030, con una producción de 1.8 millones de toneladas anuales de metanol azul y 350 mil toneladas de metanol verde, lo que fortalecerá la competitividad industrial de México y su integración en cadenas globales de valor.

Durante su etapa de construcción, el proyecto generará alrededor de 6,000 empleos, así como más de 400 empleos permanentes en operación, impulsando el desarrollo económico regional, la formación de talento especializado y el fortalecimiento de proveedores locales.

Considera además el uso exclusivo de agua residual tratada, buscando evitar la presión sobre fuentes de agua potable, y cuenta con más de 200 medidas de mitigación ambiental.

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Gas natural: del dogma a la realidad

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México mantiene una contradicción en su política energética: mientras el discurso apuesta por la soberanía, la realidad profundiza la dependencia del extranjero. Importamos gas licuado de petróleo, combustibles automotrices y gas natural. El caso de este último energético es quizá el ejemplo más evidente. México vive atado a las importaciones, especialmente de Estados Unidos y esa dependencia se acentuó durante el sexenio del nacionalista Andrés Manuel López Obrador.

En 2025, México importó en promedio de 6 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) y el Sistema de Información Energética (SIE).  Esto equivale a aproximadamente 68 mil millones de metros cúbicos anuales, un volumen histórico que confirma una tendencia creciente desde 2018.

El volumen del gas proviene del extranjero (principalmente de Texas) y que utiliza México, especialmente para la industria y para la generación de energía eléctrica equivale al 76% del consumo total nacional.  Esto significa que tres de cada cuatro moléculas que consumimos no se extraen del subsuelo mexicano, aunque ahí está el gas natural: enterrado.

El balance del sexenio anterior es claro: las importaciones crecieron de manera sostenida, con un incremento promedio anual cercano al 5%, y un aumento acumulado de más de 30% respecto a 2018. Este fenómeno no fue casual. Respondió, por un lado, a la caída relativa de la producción nacional de gas y, por otro, a una política energética que, en los hechos, relegó el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente el gas de lutitas.

La negativa al fracking durante el sexenio pasado -más ideológica que técnica- dejó sepultado uno de los mayores potenciales energéticos del país. México cuenta con recursos prospectivos de hasta 141.5 billones de pies cúbicos de gas natural en yacimientos no convencionales, ubicados principalmente en tres cuencas: Burgos, Sabinas-Burro Picachos y Tampico-Misantla que abarcan parte de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

De estas, la Cuenca de Burgos, en el noreste del país, es considerada la más importante por su extensión, infraestructura existente y cercanía con los desarrollos shale de Estados Unidos. Es, en términos geológicos y económicos, la gran reserva estratégica de gas natural de México.

Por eso, el giro del actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para volver a permitir extraer el gas natural alojado en las rocas mediante el fracking o fracturamiento hidráulico bajo nuevos estándares técnicos y ambientales no sólo resulta relevante, sino necesario, ya que marca el abandono de una narrativa que durante años frenó el aprovechamiento del gas natural y provocó el aumento en las importaciones.

La decisión significa reconocer que el gas natural no es el enemigo de la transición energética, sino su aliado. En un sistema eléctrico donde más del 60% de la generación depende de este combustible, su disponibilidad es indispensable para garantizar estabilidad, respaldo a energías renovables y competitividad industrial. 

El gas natural es el combustible de transición ya que genera menos emisiones contaminantes que el carbón o el combustóleo; es más económico que otras opciones energéticas y es esencial para sostener el crecimiento económico mientras se avanza hacia un sistema más limpio.

Apostar por su producción nacional no significa renunciar a la transición energética, sino hacerla viable porque seguir dependiendo del gas importado representa riesgos como la vulnerabilidad ante eventos climáticos, tensiones geopolíticas que derivan en la volatilidad y, casi siempre, en aumento de precios, como se evidenció durante la crisis energética de Texas, en 2021.

Reevaluar el fracking significa dejar atrás el oscurantismo ideológico para adoptar una política energética informada y orientada al bienestar nacional. Ahora el reto es atraer y garantizar inversiones público-privadas; una regulación estricta y una supervisión clara de las prácticas para disminuir el daño al medio ambiente.

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