{"id":9952,"date":"2021-09-21T15:04:46","date_gmt":"2021-09-21T20:04:46","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=9952"},"modified":"2021-09-22T18:11:27","modified_gmt":"2021-09-22T23:11:27","slug":"la-virgen-que-hablaba-ingles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/09\/21\/la-virgen-que-hablaba-ingles\/","title":{"rendered":"La virgen que hablaba ingl\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p>Pedrita sube sus medias color ala de mosca y las ajusta a sus corvas con una liga. Antes, estir\u00f3 y afloj\u00f3 la liga para que diera de s\u00ed y no le cortara la circulaci\u00f3n de la sangre. Su voz chillona resuena en toda la colonia cuando Raymundo, su nieto adoptivo, se niega a obedecerla: ella es la autoridad en la casa cuando Lala, la madre del chiquillo, sale a trabajar.<\/p>\n\n\n\n<p>Lala renta un par de cuartos techados con l\u00e1mina en una vecindad. Venida de provincia, lleg\u00f3 a la colonia hace algunos a\u00f1os. Tiene dos hijos mayores: Chiripas y Lolo. Comparte vivienda con ambos, y por supuesto, con Pedrita y Raymundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita quiere que la quieran. Raymundo se aprovecha de su necesidad afectiva y cuando las cosas se ponen feas, recurre al halago y la zalamer\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Abuelita chula. \u00bfQui\u00e9n quiere a esta viejita tan hermosa? \u2014acaricia la cabeza peque\u00f1a de la anciana. Entonces, brillan sus ojos peque\u00f1os y redondos como dos botones finamente adheridos a su cara achinada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita es defensora ac\u00e9rrima de su pureza. Las vecinas maliciosas le preguntan si alguna vez tuvo un qu\u00e9 ver con alg\u00fan hombre. Ella responde firme, pero p\u00edcara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sigo siendo se\u00f1orita.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres r\u00eden. Van y vienen entre las tolvaneras. Se sujetan las faldas con las manos: \u201cno vayamos a pescar un mal aire\u201d, dicen r\u00eden a carcajadas. Los chiquillos se entretienen mirando las piernas polveadas de las damas. Han bautizado las prendas \u00edntimas que observan como los \u201ccalzones de luchador\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grupo de parientes lleg\u00f3 reci\u00e9n a la vivienda de Lala: Pecas, Rulo, Chango, Guango, Leno y Momo son hermanos y todos vienen del pueblo \u2014ellos le llaman rancho. Por eso se les ubica como Los Hermanos Rancho\u2014. Las cosas no han estado bien en su terru\u00f1o y decidieron probar suerte en la capital.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma semana de su llegada encontraron trabajo en las obras del metro. Durante los primeros d\u00edas de labores, hubieron de comer tacos de canasta, tacos de queso con chile en vinagre y agua de la llave. Para la segunda semana, ya hab\u00edan recuperado un poco de su maltrecha dignidad de migrantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, Pedrita es la encargada de cocinarles la cena y lavar la ropa, a cambio recibe una m\u00f3dica remuneraci\u00f3n. Tambi\u00e9n les pone itacate en portaviandas apiladas de peltre para que no gasten en comida en la obra. Ellos agradecidos la llaman, cari\u00f1osamente, abuelita, pero ella les retoba y les pide que mejor la llamen t\u00eda: \u00bfno ven que me espantan a mis enamorados? Van a pensar que ya estoy vieja\u2014les dice coqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado cinco meses desde la llegada de Los Hermanos Rancho. Cada quince d\u00edas organizan una comisi\u00f3n para llevar dinero a su madre viuda. Ella permanece al cuidado de un hato de animales cada vez m\u00e1s cadav\u00e9ricos que pastan en los terrenos familiares. Han platicado al respecto y acordaron que tres de ellos correr\u00e1n la aventura de irse a probar fortuna al \u201cotro lado\u201d, a los Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Chango y Guango son los elegidos por el destino. Reunieron la cantidad de dinero suficiente y un poco m\u00e1s para llegar a la frontera. De madrugada, despedidos por los ladridos de los perros, se encomendaron a Dios y se encaminaron a dar el brinco. Saben que deber\u00e1n sortear coyotes y migra. Muchos paisanos del rancho han muerto en El R\u00edo Bravo, otros en el desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Hermanos Rancho tienen fe. Conforme avanzaban por territorio mexicano iban report\u00e1ndose a la base de operaciones llamando a la \u00fanica casa que cuenta con l\u00ednea telef\u00f3nica. Tener tel\u00e9fono en casa es un lujo. Por eso, s\u00f3lo marcaban el n\u00famero para decir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas. Soy fulano. Por favor, d\u00edgales a mis hermanos que estamos bien. Vamos en tal lugar. Gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este tipo de llamadas m\u00e1s telegr\u00e1ficas que telef\u00f3nicas, Los Hermanos Rancho dan seguimiento a los que avanzan en busca del <em>american dream<\/em>. El resto contin\u00faa trabajando en las obras del metro de la Ciudad de M\u00e9xico, y se hacen cargo de proveer a su madre cada quince d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita se da un respiro y se sienta en una silla de madera, tama\u00f1o infantil, bajo los rayos del sol de mayo. Coloca un espejo frente de s\u00ed y sostiene otro m\u00e1s sobre su coronilla. Su t\u00e9cnica es infalible para evitar que la edad se manifieste: arranca sus canas. Su cabeza asemeja un religioso franciscano. Pedrita tiene el coraz\u00f3n joven y la virginidad intacta. Se proclama lista para el t\u00e1lamo donde deshojar\u00e1 su rosa el apuesto doncel que la despose.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras saca la ropa de la tina donde la remoja, se da tiempo para hacer la competencia a Virginia L\u00f3pez y su tr\u00edo, y canta hasta desga\u00f1itarse: <em>No, t\u00fa no puedes dejar de adorarme \/Porque sabes que Dios ya sabr\u00e1 castigarte \/Si rompes tu promesa de amor\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Raymundo, el nieto de Pedrita, volvi\u00f3 a hacer de las suyas. La mujer es estricta y de ninguna forma permitir\u00e1 que el chiquillo se le descarr\u00ede. Deja por un momento su af\u00e1n por desmugrar la ropa de Los Hermanos Rancho y toma el palo de la escoba. Patizamba, corretea a Raymundo por entre el caser\u00edo. Muchacho condenado, no para de gritar al chiquillo que corre por el terregal con dos enormes cirios saliendo por sus fosas nasales.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los d\u00edas, a cierta hora, se repite el espect\u00e1culo del gato y el rat\u00f3n. Raymundo se niega a prepararse para partir con rumbo a la primaria del turno vespertino. La mujer hace su mejor esfuerzo para cumplir la encomienda de la madre del muchacho. A cambio, recibe techo y comida.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque Lala y Pedrita s\u00f3lo son amigas, sin alg\u00fan lazo de sangre. Se conocieron trabajando en un taller de costura y decidieron que una de ellas ganar\u00eda el sustento y la otra atender\u00eda a Lolo, el hijo mayor de Lala. Despu\u00e9s vino Chiripas, y despu\u00e9s Raymundo. Lala estaba gustosa con sus chilpayates y no le afectaba tener que mantenerlos sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso trabajaba como costurera en una f\u00e1brica de ropa y Pedrita era el ama de casa que educaba a Raymundo, atend\u00eda a sus hermanos mayores y a los hermanos Rancho.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a sus m\u00faltiples ocupaciones, Pedrita se daba tiempo durante sus idas al mercado para echar ojo e ir tanteando prospectos de marido. El carnicero estaba muy bien, pero era casado, y eso no iba con sus buenas costumbres. El verdulero no estaba de malos bigotes, pero era mujeriego. No era para ella eso de ser plato de segunda mesa. El del expendio de hielo estaba muy joven, y en una de esas, capaz de que me deja muerta porque no le di bater\u00eda en la noche de bodas \u2014pensaba y re\u00eda de sus propias ocurrencias.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00fanico hombre que la conquistaba, que la seduc\u00eda, que la hac\u00eda so\u00f1ar, estaba en sus pensamientos. Ah\u00ed viv\u00eda inalterable, pero poco definido, a\u00fan para ella. Hab\u00edan sido tantas las im\u00e1genes construidas en su mente que el hombre ideal acab\u00f3 por volverse borroso, deslavado, casi transparente. Pero ella segu\u00eda cre\u00e1ndolo, d\u00e1ndole vueltas, cocin\u00e1ndolo, zurci\u00e9ndolo, forj\u00e1ndolo, limpi\u00e1ndolo, ajust\u00e1ndolo, prepar\u00e1ndolo para que no hubiera sorpresas en el momento que se vieran de frente.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque ella nunca tuvo un novio ni un amante ocasional. Todo fue trabajar y cuidar hijos ajenos durante los \u00faltimos treinta a\u00f1os. Hab\u00eda olvidado hasta su propia historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque de nada le val\u00eda que la llamaran abuela. Chiripas, Lolo y Enrique eran una especie de nietos de ceniza que el aire desdibujaba, que del polvo de la esperanza ven\u00edan y al mismo polvo regresaban. Porque su deseo siempre fue ser mujer de su propia casa, de sus propios hijos. Siempre quiso atender al propio marido y ponerse bella para orgullo de \u00e9l, para que la besara, la estrujara; la levantara en vilo con sus fuertes brazos, mientras el fondo le asomaba bajo su vestido de raso. Porque de <em>L\u00e1grimas, Risas y Amor<\/em> hab\u00eda obtenido su educaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hasta Pedrita nunca llegaron las verdaderas oportunidades. Todos los hombres pasaron de largo sin mirarla siquiera. Y a ella que se le quemaban las habas, que le herv\u00eda la sangre mientras cantaba boleros de desamor sin comprenderlos, porque nunca, ni de lejos, tuvo la m\u00ednima experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque todo fue coser para ganar dinero, coser para otra gente. Mirar bodas de lejos y mirar c\u00f3mo se alejaban los sue\u00f1os y los a\u00f1os. Mirar el <em>Fab<\/em> hirviendo en el lavadero, c\u00f3mo se multiplicaba en su inmensa prole de espuma, estallando en toda su blancura, humedeci\u00e9ndole el vientre, pero, tristemente, escapando de ella por el desag\u00fce, vaci\u00e1ndose, expirando en un cl\u00edmax exiguo, ef\u00edmero.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda del mes de julio, Chango y Guango se comunicaron con sus hermanos en M\u00e9xico. Hab\u00edan logrado cruzar la frontera y estaban instalados en un rancho de la uni\u00f3n americana. Prometieron mandar efectivo para que otro hermano lo intentara. Tambi\u00e9n dijeron que mandar\u00edan d\u00f3lares y regalos para Lala y Pedrita.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue: semanas despu\u00e9s, un paisano que regres\u00f3 al pa\u00eds trajo d\u00f3lares y regalos. Se bebi\u00f3 un par de cervezas con el resto de Los Hermanos Rancho y les cont\u00f3 pormenores de la vida en <em>el otro lado<\/em>. Agradeci\u00f3 la hospitalidad y sigui\u00f3 su camino con sus enormes maletas, sombrero texano y botas piteadas, rumbo al estado de Hidalgo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita, gustosa, tom\u00f3 el dinero que generosamente le enviaron los mojados. Tambi\u00e9n abri\u00f3 su regalo, un envoltorio de papel peri\u00f3dico y cinta adhesiva. Abri\u00f3 grandes los ojos cuando descubri\u00f3 su presente: una virgen, dijo con alegr\u00eda. Y gustosa pens\u00f3 en la cantidad de milagros que obtendr\u00eda de la imagen. Ofreci\u00f3 disculpas a San Mart\u00edn Caballero, a quien releg\u00f3 al fondo de la repisa. Tambi\u00e9n se deshizo de la alfalfa del caballo del santo, y coloc\u00f3 su virgen en primera fila, lista para escuchar sus s\u00faplicas y atender sus peticiones. San Antonio, titular del departamento de amarres, uniones matrimoniales y entuertos del coraz\u00f3n, fue enviado a la congeladora burocr\u00e1tica al fondo de la caja donde era archivada la ropa interior.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita, de inmediato, corri\u00f3 a la tienda de La Chata para comprar una veladora de parafina. No una de cebo, no una Lux Perpetua, sino una de las m\u00e1s caras. A estas alturas no iba a ponerse remilgosa. Porque, en definitiva, una virgen que viene de all\u00e1, de con los gringos, es una virgen que concede mejores peticiones, una virgen que habla ingl\u00e9s y espa\u00f1ol. As\u00ed pensaba Pedrita y diariamente se persignaba fervorosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Gast\u00f3 hasta el \u00faltimo centavo de sus d\u00f3lares comprando veladoras. Continu\u00f3 tomando su terapia de depuraci\u00f3n de la edad arranc\u00e1ndose las canas hasta que no hubo m\u00e1s remedio que cubrir los claros del cuero cabelludo con los pocos cabellos grises que a\u00fan le quedaban. Y sus ojitos peque\u00f1os siguieron brillando gustosos pesando que un d\u00eda no muy lejano la virgen escuchar\u00eda sus rezos, porque ella tambi\u00e9n era mujer, y bien que la entender\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00f3lo se trataba de tener paciencia. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 el gal\u00e1n? Se preguntaba. Pero esa masa informe de deseos se torn\u00f3 en una pasta brillante, un diamante falso, donde terminaron por comprimirse sus fantas\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita se torn\u00f3 triste y ausente, y descuid\u00f3 sus ocupaciones cotidianas que antes cumpl\u00eda con tanto esmero. El propio Raymundo se liber\u00f3 del marcaje personal de su abuela adoptiva y ahora gozaba de los terregales, y marcaba su territorio orinando las bardas de los vecinos. La ropa sucia se acumul\u00f3 en el bote. Las prendas blancas de Lala se percudieron, hasta tener el mismo color que un coco podrido. Salaba la comida que hasta los perros la desairaban.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como Pedrita se marchit\u00f3. Sus piernas zambas se arquearon tanto que se volvieron un c\u00edrculo perfecto. No hubo m\u00e1s canas por arrancar de su cabeza. Sus ojitos de bot\u00f3n se hicieron a\u00fan m\u00e1s peque\u00f1os, hasta borrarse casi por completo de aquel rostro que s\u00f3lo quer\u00eda ser querido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedrita fue sepultada un mes de diciembre. Acudimos a su entierro todos sus vecinos. Los Hermanos Rancho, que segu\u00edan en espera de emigrar, cargaron su ata\u00fad y pagaron una parte del sepelio. Se organizaron rosarios en el patio de la vecindad donde vivi\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Durante nueve d\u00edas rogamos por el eterno descanso de su alma. Las vecinas procuraron el cuerpo de los rezanderos con caf\u00e9 de olla y bolillos. Ahora, Raymundo y sus hermanos deben atender sus propios asuntos: asear la casa, lavar la ropa, ir al mercado y preparar la comida. Lala llor\u00f3 por su amiga de incontables a\u00f1os. Decidi\u00f3 retirar de la repisa la peque\u00f1a reproducci\u00f3n de la Estatua de la Libertad que con tanta devoci\u00f3n reverenci\u00f3 la difuntita y regres\u00f3 al sitio de honor a San Mart\u00edn Caballero con todo y alfalfa para la montura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedrita sube sus medias color ala de mosca y las ajusta a sus corvas con una liga. Antes, estir\u00f3 y afloj\u00f3 la liga para que diera de s\u00ed y no le cortara la circulaci\u00f3n de la sangre. 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