{"id":9427,"date":"2021-08-24T11:49:24","date_gmt":"2021-08-24T16:49:24","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=9427"},"modified":"2021-08-24T11:49:26","modified_gmt":"2021-08-24T16:49:26","slug":"el-sueno-de-aurelio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/08\/24\/el-sueno-de-aurelio\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o de Aurelio"},"content":{"rendered":"\n<p>Aurelio es ciego de nacimiento, Socorro es su lazarillo: menudita, mira fijamente con sus ojos peque\u00f1os y aguzados; el cabello azabache le cae sobre la frente como un mech\u00f3n inquieto, una especie de limpiaparabrisas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aurelio y Coco, como suele llamarla \u00e9l, habitan en una colonia popular rodeada de avenidas bulliciosas. Su vivienda es un espacio lineal muy similar al and\u00e9n de una estaci\u00f3n de tren, contigua al basurero del mercado local, por lo que, a la hora del calor, es urgente cerrar las ventanas para evitar que el olor a podrido impregne el lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre una fila de mesas, junto a la pared del lado izquierdo, Aurelio apila hierbas diversas sobre p\u00e1ginas de peri\u00f3dico extendidas; las sumerge en alcohol dentro de numerosos garrafones de vidrio, para extraer sus propiedades curativas. Del lado derecho, al fondo de la vivienda, hay dos camas individuales y varias sillas acomodadas con el respaldo hacia la ventana, tapizadas con pl\u00e1stico color dorado.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer paciente es atendido por Aurelio a las nueve de la ma\u00f1ana y, con frecuencia, el \u00faltimo abandona el lugar cuando ha llegado la noche. Una vez concluidas las consultas, Socorro tranca la puerta y se cerciora que las hierbas est\u00e9n en su sitio, debidamente organizadas y sin mezclarse, sobre las hojas de los diarios; tambi\u00e9n revisa que los esparadrapos est\u00e9n bien roscados en las bocas de los botellones bajo las mesas.<\/p>\n\n\n\n<p>El ciego tiene un aguzado olfato para detectar un bid\u00f3n mal cerrado o una hierba que se ha mezclado con otra distinta. Lo importante en esta profesi\u00f3n es garantizar la salud del paciente. Uno s\u00f3lo es instrumento del alt\u00edsimo, \u00e9l te cura, yo ayudo \u2014dice a sus pacientes que vienen desde zonas distantes de la ciudad y del pa\u00eds, en busca de aliviar sus malestares f\u00edsicos o del alma.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo con claridad el motivo por el que fuimos a consulta con Aurelio en la colonia Nueva Atzacoalco. Tal vez se trat\u00f3 \u00fanicamente de una limpia para \u201cdespojar\u201d a la abuela de las sombras negativas, o el mero deseo de ella de sentirse protegida. Pero la abuela era cliente frecuente de ese tipo de alivios \u2014como ella dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El mero trayecto para llegar al consultorio del ciego implicaba transbordar en dos ocasiones: sal\u00edamos de Lago Seco a bordo de un chimeco y en la estaci\u00f3n San L\u00e1zaro trep\u00e1bamos en otro transporte, \u00e9ste de color amarillo, cuyo frente se asemejaba lo mismo a una pecera que a una vitrina de carnicer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La hermana mayor de la abuela busc\u00f3 afanosamente, durante varios a\u00f1os, a su primog\u00e9nito desaparecido; recurri\u00f3 a la brujer\u00eda y a la cartomancia, intent\u00f3 comunicarse con el esp\u00edritu del desaparecido a trav\u00e9s de m\u00e9diums.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos fueron los resultados de esas consultas: est\u00e1 vivo y bien de salud, pero ahora no puede regresar porque est\u00e1 recorriendo el mundo en un barco italiano; perdi\u00f3 la memoria y ahora vive en Chiapas, ah\u00ed vive con una mujer buena, en un par de meses ser\u00e1n padres de un var\u00f3n; un par de agentes policiacos lo asesinaron en una pelea en un bar y arrojaron su cuerpo al canal de aguas negras, pero su alma no encuentra descanso y pide que, por lo menos, hagamos diez sesiones como esta para pedirle al creador que le d\u00e9 el eterno descanso, pues muri\u00f3 de forma violenta y no tuvo tiempo de arrepentirse de sus pecados \u2014esto dijo el m\u00e9dium y cobr\u00f3 los veinte pesos por sus servicios, luego agend\u00f3 una cita para la siguiente semana a la misma hora.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, a la hermana mayor de la abuela, se llamaba Marcelina, le recomendaron los servicios de Aurelio, el ciego. \u00c9l no dio le falsas expectativas, tampoco se aprovech\u00f3 de la esperanza de la mujer. Esa actitud gener\u00f3 en la t\u00eda Marce un sentimiento de sosiego y paulatina resignaci\u00f3n. As\u00ed fue como llegamos al consultorio del ciego, por recomendaci\u00f3n de la t\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya he dicho que la abuela era proclive a lo desconocido, prueba de ello es que en sus \u00e9pocas m\u00e1s dif\u00edciles hubo de poner a su peque\u00f1o hijo Nicol\u00e1s en manos de Dios:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Definitivamente, ese ni\u00f1o no era para m\u00ed; era como un angelito de los que est\u00e1n en los cuadros de la iglesia. Me dur\u00f3 seis d\u00edas con sus noches el gusto de tener un cachito de cielo en mi casa, porque Nicol\u00e1s empez\u00f3 a ponerse morado, primero un dedito, despu\u00e9s una mano, luego un brazo, hasta que el pecho se le ti\u00f1\u00f3 de p\u00farpura.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Nom\u00e1s lloraba, siempre de noche. Dios me perdone, pero no dudo que algo malo me le hayan hecho a mi ni\u00f1o, puede que la mujer con la que andaba mi esposo haya querido hacerme mal a m\u00ed, pero Dios, como es tan grande, lo detuvo a trav\u00e9s de mi angelito. No s\u00e9, s\u00f3lo imagino. Muri\u00f3 una noche, iban a dar las doce. Lo estaba acomodando para darle pecho, nom\u00e1s se qued\u00f3 con la boca abierta, una gota de leche se cuaj\u00f3 apenas hubo salido de mi pez\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No te miento. Es m\u00e1s, tard\u00e9 varios meses en quitarme la sensaci\u00f3n de seguir amamantando a Nicol\u00e1s, a pesar de que mi cuerpo ya no produc\u00eda leche. \u00c9l naci\u00f3 antes que Juan y hubiera sido m\u00e1s grande que mi hija Rosa, pero \u00e9ramos muy pobres y mi marido andaba de picos pardos; no ten\u00eda ni para el doctor, de hecho, los doctores me pidieron que les regalara el cuerpo de mi Nicol\u00e1s, dizque para estudiarlo porque su enfermedad era muy rara. Yo les dije que no, y ped\u00ed prestado para sepultar a mi ni\u00f1o. Pero eso s\u00ed, cuando lo vi muy malo se lo encomend\u00e9 al creador y le dije: si no ha de ser para m\u00ed, por favor, qu\u00edtalo de sufrir. Creo que por eso se muri\u00f3 esa misma noche, porque a Dios no se le ponen condiciones. Tambi\u00e9n puede que Dios se apiadara de nuestro sufrimiento. No s\u00e9, s\u00f3lo pienso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La abuela hablaba y hablaba en esas largas sesiones con Aurelio, me evad\u00eda de su mon\u00f3logo, apenas pon\u00eda atenci\u00f3n, como entre sue\u00f1os, a sus historias de hambre, muerte y desesperanza. Durante el viaje de ida, miraba a trav\u00e9s del parabrisas del autob\u00fas, por eso me gustaba sentarme en el pasillo. Esos camiones, por lo general, no circulaban con gente de pie, eso me parec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00edamos de Lago Seco pasadas las nueve de la ma\u00f1ana, hac\u00edamos una escala en casa de la t\u00eda Marce para platicar un rato \u2014eran tres horas de historias y almuerzo\u2014. Luego camin\u00e1bamos rumbo al consultorio de Aurelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Me aturd\u00eda el olor a hierbas que impregnaba el ambiente. En tanto, Aurelio sentaba a la abuela sobre una silla y colocaba ambas manos sobre la cabeza de ella, musitaba algo como una oraci\u00f3n que involucraba santos, \u00e1ngeles y querubines; sus p\u00e1rpados plegados hac\u00edan conjunto con aquellos ojos blancos de persianas cerradas que miraban dentro de s\u00ed y escudri\u00f1aban las penas que atormentaban las almas de sus clientes.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela cerraba los ojos y se abandonaba a la imposici\u00f3n de manos del ciego que lanzaba chillidos y elevaba el rostro hacia el cielo, tal vez solicitando a la divinidad, de t\u00fa a t\u00fa, que el alma atormentada de la abuela fuera liberada. Tal vez por eso ella recurr\u00eda a su ciego de lujo, entr\u00f3n y sanador. Yo, sentado al borde de una de las camas al fondo de la habitaci\u00f3n, miraba los ojos cocidos del ciego. Era extra\u00f1o, pero me sent\u00eda observado por \u00e9l. Era l\u00f3gico: si \u00e9l era capaz de escudri\u00f1ar las cosas m\u00e1s \u00edntimas del alma ajena, qu\u00e9 pod\u00eda impedirle asomarse a mis pensamientos. Eso me incomodaba.<\/p>\n\n\n\n<p>En una de esas sesiones, conoc\u00ed de voz de la abuela, por vez primera, la historia de la t\u00eda Cuca, mujer del t\u00edo Jos\u00e9, que estuvo en la c\u00e1rcel un a\u00f1o, por matar al querido de ella:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuca siempre fue muy livianita. Como dir\u00edan en mi pueblo, le gustaba el lingo lilingo. Eso s\u00ed, era muy guapa, de ojos muy grandes y verdes; era coqueta, siempre andaba muy arreglada, con unos vestidos bonitos. La mam\u00e1 de mi t\u00edo Jos\u00e9 siempre dijo que esa mujer le dar\u00eda problemas, pero \u00e9l nunca quiso o\u00edrla. Se cas\u00f3 con ella, eso s\u00ed, de blanco. Y la llev\u00f3 a vivir cerca de los padres de \u00e9l. Jos\u00e9 sal\u00eda a trabajar y ella se quedaba en la casa. Dicen, a m\u00ed no me consta, que hasta en su propia cama se acostaba con el querido. Los viejitos, los suegros de ella, bien que se daban cuenta, pero no quer\u00edan darle un disgusto al hijo. Pues no pas\u00f3 ni un a\u00f1o y a ella le gan\u00f3 m\u00e1s la comez\u00f3n y se escap\u00f3 con el otro, y dej\u00f3 a Jos\u00e9. Pero mi t\u00edo no era tarugo, lo quer\u00edan hacer tarugo, pero eso es diferente, por eso anduvo averiguando a d\u00f3nde se hab\u00edan ido \u201clos novios\u201d hasta que dio con ellos. Sin decirle nada a nadie tom\u00f3 un cami\u00f3n a Guadalajara y luego otro que lo llev\u00f3 hasta donde hab\u00edan hecho hogar. Lleg\u00f3 a la tienda y haci\u00e9ndose el desentendido le dijo al tendero que andaba buscando a una pareja de reci\u00e9n casados, que ella se llamaba Refugio y que era muy amigo de ellos, pero quer\u00eda darles una sorpresa y\u2026 en fin, que el cuento funcion\u00f3 y el mismo tendero, gustoso, fue a informar al nuevo marido de Cuca que un buen amigo lo estaba esperando en la tienda. Pasados cinco minutos regres\u00f3 el tendero con el rival del t\u00edo Jos\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hombre caminaba entelerido. No tuvo tiempo de entender: s\u00f3lo alcanz\u00f3 a abrir desmesuradamente los ojos cuando el t\u00edo le arrebat\u00f3 la vida vaci\u00e1ndole el cargador del arma. Al t\u00edo Jos\u00e9 le dieron una pena de c\u00e1rcel de 25 a\u00f1os. Reun\u00eda todas las agravantes: premeditaci\u00f3n, alevos\u00eda y ventaja. Te vas a pudrir en la c\u00e1rcel, le dijo la t\u00eda Cuca durante una inesperada visita en la c\u00e1rcel, la \u00faltima vez que se vieron con una reja de por medio. Pero la mujer no parti\u00f3 sin antes sentenciar: me mataste uno, a ver, m\u00e1tamelos a todos. Dio media vuelta y coqueta sali\u00f3 de la c\u00e1rcel echando miradas invitadoras a los custodios. Pero mira que Dios es grande: Jos\u00e9 dorm\u00eda en una especie de cueva, as\u00ed era la c\u00e1rcel de ese entonces; los met\u00edan con la cabeza hacia dentro, boca arriba, en una especie de tumba donde no pod\u00edan darse vuelta y apenas se pod\u00eda respirar. A muchos los sacaban muertos, anochec\u00edan y no amanec\u00edan.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>As\u00ed pas\u00f3 un a\u00f1o, pero le prometi\u00f3 a la virgen de San Juan de los Lagos que, si lo libraba de esa pena, para agradec\u00e9rselo, \u00e9l ir\u00eda caminando desde la misma puerta de la c\u00e1rcel hasta el santuario de la morenita, pero ir\u00eda descalzo, con los ojos vendados; cargando dos pencas de nopal, una en el pecho y una en la espalda; tambi\u00e9n llevar\u00eda un mecate amarrado del pescuezo, de donde su madre lo ir\u00eda arreando, como un buey. En esos tiempos, cuando iniciaba en el encargo el nuevo presidente de la rep\u00fablica, se acostumbraba a indultar un cierto n\u00famero de presos, y le toc\u00f3 a mi t\u00edo Jos\u00e9. Un a\u00f1o estuvo dentro, condenado por homicidio, con todas las agravantes. S\u00f3lo un a\u00f1o. Dios bendito. Y le cumpli\u00f3 a la virgen. Pag\u00f3 sangre con sangre, porque s\u00f3lo as\u00ed se pagan estas cosas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Yo miraba a la abuela, sin descuidar los ojos cocidos del ciego. Mis pulmones estaban repletos del olor a hierbas y alcohol. De pronto, en el ambiente se hizo un gran vac\u00edo, un silencio que parec\u00eda trasladarnos de la vida hacia la muerte y de regreso. El olor a podrido se impuso al aroma de las hierbas con alcohol y Aurelio lanz\u00f3 un nuevo chillido elevando la cara hacia el cielo. As\u00ed permaneci\u00f3 por unos segundos, tal vez fueron minutos, como una escultura, petrificado, con los brazos abiertos, extasiado. Hasta que el olor a podrido se disip\u00f3. La abuela suspir\u00f3 y de su suspiro brotaron mil desahogos \u2014o eso me pareci\u00f3\u2014 que estallaron en luces blancas y rojas, y se esparcieron, primero por la vivienda y luego se arrastraron por debajo de la puerta para escapar y anidarse en otro sitio. La abuela permaneci\u00f3 quieta, con los ojos cerrados, sentada sobre la silla. Pude sentir la densidad del ambiente.<\/p>\n\n\n\n<p> Salimos de aquel lugar cuando la calle ya estaba oscura. Al salir, sent\u00ed la mano del ciego acariciarme la coronilla. Estaba seguro de que \u00e9l no ve\u00eda con los ojos, pero era capaz de observarlo todo. Socorrito me regal\u00f3 una sonrisa. El ciego tambi\u00e9n sonri\u00f3, ese gesto me sigue inquietando: suelo so\u00f1ar que miro mi reflejo en el par de espejos incrustados detr\u00e1s de mis p\u00e1rpados. En ellos no existen las dimensiones de espacio o tiempo. Escucho mis latidos. Sue\u00f1o que duermo y vuelvo a despertar, de forma intermitente.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo sucede durante un imaginario traslado desde la colonia Nueva Atzacoalco hasta nuestra casa en Lago Seco, a bordo de un cami\u00f3n que asemeja la vitrina de una carnicer\u00eda o una pecera. Intento ver a trav\u00e9s del pasillo repleto de personas que se aferran a los pasamanos donde nadie toma asiento. Afuera, los dem\u00e1s veh\u00edculos lanzan destellos luminosos espor\u00e1dicos. Desde el interior, miro con atenci\u00f3n los reflejos distorsionados en las ventanillas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aurelio es ciego de nacimiento, Socorro es su lazarillo: menudita, mira fijamente con sus ojos peque\u00f1os y aguzados; el cabello azabache le cae sobre la frente como un mech\u00f3n inquieto, una especie de limpiaparabrisas. Aurelio y Coco, como suele llamarla \u00e9l, habitan en una colonia popular rodeada de avenidas bulliciosas. 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