{"id":9138,"date":"2021-08-09T14:57:46","date_gmt":"2021-08-09T19:57:46","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=9138"},"modified":"2021-08-09T15:01:37","modified_gmt":"2021-08-09T20:01:37","slug":"el-diablo-de-lago-seco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/08\/09\/el-diablo-de-lago-seco\/","title":{"rendered":"El diablo de lago seco"},"content":{"rendered":"\n<p>En la trompeta Radson, gangosa, se escucha la voz del int\u00e9rprete vern\u00e1culo provocando los aullidos de los perros del vecindario. En Lago Seco el tiempo escurre, no transcurre.<\/p>\n\n\n\n<p>La tienda de El Jarocho es un tendaj\u00f3n estilo palapa; ah\u00ed los parroquianos compran refrescos y cervezas, y los beben sentados, resguard\u00e1ndose del sol, bajo un toldo de l\u00e1minas enchapopotadas que cubren un par de bancas apolilladas de tarima.<\/p>\n\n\n\n<p>El Jarocho ha sabido adaptarse a la vida mon\u00f3tona del lugar. Para espantar las moscas se sirve de un plumero hecho con trozos de bolsas de pl\u00e1stico sujetos a un trozo de palo de escoba. Su cara morena es el diablo mismo cuando sonr\u00ede y muestra las coronas de oro de sus dientes que, con sus destellos, contrarrestan la negrura de sus labios bembones.<\/p>\n\n\n\n<p>El Jarocho amplifica la m\u00fasica ranchera que transmite una emisora de radio. De vez en cuando interrumpe la melod\u00eda para enviar saludos, cifrados o directos: Saludos para don Luis Mendieta, de Oaxaca, que vive en esta colonia. Su esposa y sus hijos le piden que vaya a dejar el gasto. No importa que tenga otro querer, nom\u00e1s que sea hombre y que cumpla.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cada mensaje cobra unos centavos. De granito en granito llena la gallina el buche, dice y palpa el morral de mezclilla que cuelga de su cintur\u00f3n piteado.<\/p>\n\n\n\n<p>Saludos a la se\u00f1ora To\u00f1a. Me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano. Y si el se\u00f1or de la casa no est\u00e1 de acuerdo, pues que salga y arreglamos el asunto \u2014dice otro \u00faltimo mensaje pagado por un hombre que lleva la pistola al cinto y una tejana negra que le cubre del sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Petra, sabes que me gustas. T\u00fa dices si te animas, que tengas buen d\u00eda. Tu admirador an\u00f3nimo, dice otro enamorado quien considera que su pecho no es bodega y ha decidi\u00f3 gritar a los cuatro vientos de Lago Seco que la tal Petra le cuadra para formar hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Regularmente, de las Radson de El Jarocho salen m\u00e1s saludos que canciones. En el barrio identifican el tono coste\u00f1o del hombre; sus mensajes se han hecho de un lugar entre la audiencia de los terregales. El hombre se da gusto, modula la voz y la vuelve grave o chillona, todo depende del comercial.<\/p>\n\n\n\n<p>Lago Seco parece una estampa del Misisipi, pero sin agua: deben acarrearla sobre los hombros con unos aguantadores; en ocasiones hay que caminar hasta dos kil\u00f3metros; eso los oblig\u00f3 a construir carros de madera y desperdicios industriales.<\/p>\n\n\n\n<p>A Lago Seco no han llegado los animales de tiro, por eso los \u00fanicos que tiran de los carros son los cargadores que se alquilan sobre pedido para llenar tinacos, piletas y cubetas ajenas; esto ha generado fuentes de empleo, sobre todo para los chiquillos jiotosos que no se cansan de ir y venir hasta la toma de agua, bajo las caricias abrazadoras del sol que los hace prietos como charol.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo se entera uno, dice la do\u00f1a que ha bardeado su lote con l\u00e1minas de tambos descuajaringados. Don Remigio se est\u00e1 quedando ciego por la diabetes, pero bien que pone su silla en el quicio de lo que \u00e9l mismo define como la entrada para su casa para escuchar el chism\u00f3grafo de los pobres; en tanto, asa unas papas cortadas en rebanadas gruesas, sobre un comal superpuesto en tres piedras donde arden trozos de le\u00f1a debajo. A pesar de que no tiene dientes ni muelas, Remigio macera las papas con las enc\u00edas hasta que puede tragarlas. Dicen que est\u00e1 loco porque se r\u00ede solo. \u00c9l sabe que no hay otra forma de entretenerse en estos terregales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer robaron el cable de luz que alimentaba la radio de El Jarocho y sus Radson. Hijos de la china Hilaria, dijo Chonita y tira de sus trenzas con furia, como si orde\u00f1ara las ubres de una vaca. El cable ven\u00eda desde un poste improvisado, como a doscientos metros del negocio. El hurto ocurri\u00f3 por la noche; aunque hay sospechosos, nadie supo ni vio, como siempre ocurre en estos menesteres.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha transcurrido una semana desde que Lago Seco se qued\u00f3 sin su radio comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos, extra\u00f1ados, quieren exigir, pero no saben a qui\u00e9n: la poli s\u00f3lo viene a levantar borrachos y noct\u00e1mbulos perdidos para extorsionarlos.&nbsp; Los saludos y los chismes entraron en modo pausa. El Jarocho ha tenido considerables p\u00e9rdidas, nadie se acerca a la tienda, no es lo mismo escucharlo de viva voz contando sus an\u00e9cdotas que atestiguar su magia a trav\u00e9s de la Radson.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita fue de las primeras en poblar estos lodazales, lleg\u00f3 de la costa de Guerrero con su marido y tres chilpayates. Dicen que la familia sali\u00f3 huyendo de su pueblo porque Jorge, el esposo de Magos, se escabech\u00f3 a tres cristianos por un asunto de viejas rencillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge siempre lleva el machete en el cinto. Hace trabajos de alba\u00f1iler\u00eda y usa pocas palabras para comunicarse. No le fallan los llamados para levantar bardas o para cavar fosas s\u00e9pticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella tarde, Jorge regresaba a su casa. Le llev\u00f3 una ma\u00f1ana entera cavar un hoyo para almacenar los desechos de la comedera. Fuera de su tienda, El Jarocho tomaba una cerveza tibia, apenas remojada en agua polvosa. A Jorge siempre le molestaron las miradas del comerciante y su sonrisa con detalles dorados.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos meses atr\u00e1s, una transmisi\u00f3n de El Jarocho hab\u00eda exacerbado las molestias de Jorge hacia el bemb\u00f3n. Un saludo de un admirador secreto para la se\u00f1o Magos: no importa que tengas due\u00f1o, ya tendremos tiempo para conocernos \u2014repiti\u00f3 el locutor con tono ir\u00f3nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como aquello de las bravatas no era algo que Jorge dejara pasar de lado, este anduvo entretenido pensando en c\u00f3mo escarmentar al que hab\u00eda osado poner en tela de juicio su honor y el de su mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, aquel d\u00eda, bast\u00f3 un intercambio de miradas para que Jorge preguntara: \u00bfSoy o me parezco? Y la sangre, que a fin de cuentas se calienta por igual en todas las criaturas del se\u00f1or, sac\u00f3 de la boca de El Jarocho una frase que termin\u00f3 por engancharlos a ambos: Eres lo que t\u00fa quieres y a tus \u00f3rdenes estoy. Entonces Jorge apret\u00f3 la empu\u00f1adura del machete que llevaba sujeto al cinto. Sab\u00eda que cuando el arma sale de la funda tiene que usarse. As\u00ed se lo repiti\u00f3 su padre, y a su padre se lo recalc\u00f3 su abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda retorno, camin\u00f3 unos pasos hacia el altanero sintiendo la sangre palpitando en sus sienes hasta casi arrancar el sombrero de palma de su cabeza. Ser\u00edan las tres de la tarde de un mes de mayo. La tierra se levantaba construyendo fantasmas y empanizaba a los duelistas. Los ojos de ambos se hicieron peque\u00f1os como persianas por donde la muerte se asomaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n El Jarocho hab\u00eda recibido consejos. Si bien, madre nunca tuvo, padre tuvo mucho. Y su viejo, de la misma forma, le hab\u00eda regalado c\u00f3digos de vida: para un cabrito, siempre hay cabrito y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>El machete cort\u00f3 el aire terregoso; el instrumento de trabajo se torn\u00f3 un arma con aparente vida propia y condujo aquella mano carente de voluntad, muerta por un destino irrenunciable. Jorge quiso intimidar al Jarocho, quiz\u00e1 pensando que acobardando a su adversario ten\u00eda oportunidad de esconder su propio miedo. Porque eso de los cristianos muertos y la huida del pueblo originario era s\u00f3lo un rumor, una mentira que \u00e9l mismo acept\u00f3 para hacerse de una reputaci\u00f3n que le valiera el respeto de los otros migrantes de Lago Seco, y que termin\u00f3 por convertirlo en su propia v\u00edctima.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos de dos minutos bastaron para que Jorge, con el machete en alto, bien empu\u00f1ado, pero con la diestra engarrotada neg\u00e1ndose a matar, terminara sus d\u00edas mirando al cielo con sus ojos zarcos e incr\u00e9dulos. Veintisiete a\u00f1os vividos, dos de ellos en los terregales donde pagaba a plazos un terreno para formar una familia con su esposa y sus hijos se hab\u00edan ido como el polvo en el viento, aquella tarde. El Jarocho, sin aspavientos, le reban\u00f3 las entra\u00f1as con una charrasca, de derecha a izquierda con la mano zurda, limpiamente, de un solo tajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con las v\u00edsceras fuera, Jorge se arrastr\u00f3 sobre la tierra, tal vez en un intento por encaminarse a su jacal, sin soltar el machete. Y este simple acto de morir con el arma en la mano obr\u00f3 en defensa de El Jarocho; no fueron pocos los que atestiguaron en su favor. Hubo quien dijo que el difuntito estaba mejor en estado fr\u00edo, porque el calor de Lago Seco no le sentaba para nada, que le coc\u00eda los sesos convirti\u00e9ndolo en un peligro para la paz de la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como el muerto no habla y muerto el perro se acab\u00f3 la rabia, lo acusaron de ser el autor del robo del cable de la luz que alimentaba la radio y la Radson. Los testigos tambi\u00e9n dijeron que tem\u00edan evidenciarlo porque era malo como el mismo demonio chancludo, que siempre andaba con el machete y que era responsable de haber remitido tres almas cristianas en el pueblo de donde huy\u00f3. Malo, lo que se dice malo, no era, porque era peor, dijeron las voces que apoyaron al Jarocho, quien qued\u00f3 libre dos d\u00edas despu\u00e9s bajo el argumento de leg\u00edtima defensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cientos de metros de cable robados al Jarocho aparecieron sobre las l\u00e1minas de su tendaj\u00f3n. Es posible que un alma piadosa, tal vez temerosa, haya decidido ponerlos en el interior de un bulto vac\u00edo de cemento y regresarlos a su leg\u00edtimo due\u00f1o. Un d\u00eda despu\u00e9s de quedar libre, los decires del bemb\u00f3n volvieron a esparcirse a trav\u00e9s de la bocina comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>En la calma rota por la estridente m\u00fasica, un grupo de colonos beben cerveza y refresco sentados bajo un toldo negro, y escuchan las dedicatorias musicales de los enamorados, los recados con agravio y la voz de un incipiente locutor que da a Lago Seco lo que desea, porque, como buen comerciante, El Jarocho sabe que el cliente siempre tiene la raz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la trompeta Radson, gangosa, se escucha la voz del int\u00e9rprete vern\u00e1culo provocando los aullidos de los perros del vecindario. En Lago Seco el tiempo escurre, no transcurre. 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