{"id":8268,"date":"2021-06-28T11:55:08","date_gmt":"2021-06-28T16:55:08","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=8268"},"modified":"2021-12-22T11:13:33","modified_gmt":"2021-12-22T17:13:33","slug":"el-paraiso-verdadero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/06\/28\/el-paraiso-verdadero\/","title":{"rendered":"El para\u00edso verdadero"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Ricardo Medrano Torres<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Pancha no conf\u00eda en los bancos para que guarden su dinero, lo conserva bajo el colch\u00f3n, a la vieja usanza. Es una anciana avara, dicen sus vecinos cuando la ven salir rumbo al mercado con sus \u00ednfulas de gente <em>nais<\/em>. Su hijo, El Gordo, ronda los cuarenta a\u00f1os, tiene bigotes de aguacero y hace honor al mote: su vientre escapa al forzado cintur\u00f3n que pide auxilio, la hebilla amenaza con encarn\u00e1rsele bajo el ombligo cicl\u00f3peo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Gordo no trabaja, pero do\u00f1a Pancha lo emplea como administrador del dinero heredado por su difunto marido. Finge que \u201chace\u201d y de vez en cuando se aplica a reparar minucias de la casa; con frecuencia, sin el menor \u00e9xito. \u201cEse hombre era bueno como pocos\u201d \u2014dice Francisca cuando rememora al difunto padre de su v\u00e1stago, aunque nadie da mayor raz\u00f3n del susodicho, pues, s\u00f3lo por los comentarios de la mujer, los vecinos han formado un perfil m\u00e1s bien idealizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la calle, El Gordo sostiene el paraguas a la do\u00f1a, la cubre de los rayos del sol mientras se dirigen al mercado de Las Maravillas. \u00c9l disfruta ir a las matin\u00e9s de cine, los domingos; proyectan hasta cuatro pel\u00edculas; en la sala, el barrio se manifiesta singularmente, se transforma en el paseo al campo a\u00f1orado por los viejos, as\u00ed olvidan un poco el rect\u00e1ngulo polvoso que habitan en medio de una tierra olvidada.<\/p>\n\n\n\n<p>En plena funci\u00f3n, la gente grita como si estuviera en medio de la fiesta del pueblo, maldice como en la pulquer\u00eda, silban y arrojan basura a los espectadores de las filas delanteras. En ese ambiente, El Gordo se siente libre porque olvida a su madre durante cuatro horas seguidas, luego vuelve a padecerla el resto de la semana.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, dicho sea de paso, a do\u00f1a Pancha todo en el cuerpo le molesta; resulta m\u00e1s sensato preguntar: \u00bfqu\u00e9 no le duele a Francisca? Se queja de que las piernas se le hinchan como globos; tambi\u00e9n le duele la cadera, le falla la vista; los ri\u00f1ones no le funcionan bien y retiene l\u00edquidos. \u201cDeje de comer sal, do\u00f1ita. Le har\u00e1 mucho bien\u201d \u2014le dicen las contadas vecinas que intercambian palabras con ella. Aunque el gesto de desagrado de Pancha les ha ense\u00f1ado a esas mujeres que una cara de huele amargo, aunado al caminar l\u00e1nguido, como de ara\u00f1a cazadora, am\u00e9n de una buena pose de dignidad, bien que impresiona a los que no saben de alcurnia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, eso s\u00ed, para eso del desprecio, do\u00f1a Pancha se pinta sin ayudas: \u201cPara qu\u00e9 quiero vejigas para nadar\u201d. Porque ella bien recuerda que: \u201cHay tiempo de tronar cuetes y tiempo de recoger varas\u201d. \u201cY todo por servir se acaba y acaba por no servir\u201d. La juventud se le termin\u00f3 y es tiempo de levantar los frutos de su esfuerzo y cargar con El Gordo, quien, aunque un tanto in\u00fatil, es el gran regalo que la vida le dio para auxiliarse en su vejez y en sus achaques.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que El Gordo es hijo de un viejo l\u00edder petrolero acostumbrado a tener varios frentes y regar hijos por la creciente ciudad y sus zonas conurbadas. Eso s\u00ed, un hombre responsable, porque supo repoblar al mundo, y tambi\u00e9n repartir sus posesiones, cuando lleg\u00f3 el momento de rendir cuentas al supremo. Pues quer\u00eda morir tranquilo dejando protegida su extensa prole en este mundo ego\u00edsta y cruel.<\/p>\n\n\n\n<p>En el reparto de las posesiones, el difunto dej\u00f3 un terreno en Neza a do\u00f1a Pancha, un tramo de tierra de escasos ciento veinte metros cuadrados, cercano a la avenida principal y carente de servicios b\u00e1sicos. Porque, \u201cde algo a nada\u201d y \u201cde lo perdido, lo que aparezca\u201d, la do\u00f1a sigui\u00f3 cumpliendo con el encargo de rezarle unos padres nuestros al difunto benefactor: \u201cNom\u00e1s para que no me olvides\u201d \u2014le dijo \u00e9l en vida\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque, qui\u00e9n iba a olvidarlo si bien que \u201cme enjaret\u00f3 este mozalbete; su vivo retrato, cuando menos en lo panz\u00f3n\u201d, sentenciaba la mujer con un gesto, mezcla de disgusto, resignaci\u00f3n y ternura por \u201cmi gordo\u201d, como sol\u00eda llamarle cari\u00f1osamente. Con el dinero que recibieron del difunto petrolero, edificaron unos cuartos, los primeros de losa de la colonia, y guardaron otro tanto del capital para irla pasando dignamente en la tierra donde promet\u00edan que la vida ser\u00eda mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>El Gordo y la do\u00f1a fueron los primeros del barrio que contaron con el servicio de ama de llaves: Eva, una muchacha provinciana, morena de pies anchos y sonrisa f\u00e1cil, tan f\u00e1cil que a la menor oportunidad se escapaba para dejarse querer por El Borrego, mec\u00e1nico de camiones, empleado de don Morales, oaxaque\u00f1o que instal\u00f3 uno de los primeros talleres de la zona, especializado en veh\u00edculos a <em>di\u00e9sel<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para El Gordo, Eva era m\u00e1s que su primera madre: el refresco de cola bien helado cuando las quejumbres de do\u00f1a Pancha le crispaban los nervios, porque \u00e9l nunca hab\u00eda probado los favores de una mujer. Por eso la espiaba cuando ella se ba\u00f1aba a jicarazos en el improvisado cuarto ubicado a medio patio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos eran c\u00f3mplices y se dejaban querer uno por el otro, ten\u00edan un pacto de discreci\u00f3n: no hab\u00eda palabras de por medio, tampoco compromisos; ella jugaba con la voluntad del cuarent\u00f3n y discretamente sal\u00eda de su peque\u00f1o cuarto para ba\u00f1arse envuelta en una toalla ro\u00edda que antes fue de color blanco y hoy, percudida, se hab\u00eda tornado beige. Todo esto suced\u00eda a la hora de la siesta de do\u00f1a Pancha, cuando los calores son m\u00e1s fuertes y la resolana tatema los pelillos de las narices, como vaho del mism\u00edsimo diablo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l asomaba por los agujeros en los tabiques y ella fing\u00eda no darse cuenta. P\u00edcara original, Eva toqueteaba debajo de la hoja de parra, y el Ad\u00e1n rechoncho jadeaba excitado vi\u00e9ndola frotar sus piernas achaparradas y macizas con un estropajo de fibra natural. Mientras el jab\u00f3n escurr\u00eda por la tibia y morena juventud de ella,<\/p>\n\n\n\n<p>El Gordo tambi\u00e9n se derret\u00eda, y se le escurr\u00edan las ganas hasta filtrarse hacia el manto acu\u00edfero a trav\u00e9s de la tierra seca del otrora Lago de Texcoco; hasta sentir que las piernas se le tornaban de fresca argamasa, incapaces de sostenerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed transcurr\u00eda la vida en aquella casa. As\u00ed pasaron dos a\u00f1os desde la llegada de Eva. Deber\u00edas ser mi nuera, insist\u00eda Pancha a la joven, tal vez previendo que su bodoque quedar\u00eda en la orfandad, si ella faltase.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde que do\u00f1a Pancha y El gordo fueron a visitar unos parientes en la Colonia del Valle, Eva hab\u00eda acordado con El Borrego del taller que aprovechar\u00edan la soledad de la casa para juguetear sobre la cama de \u201cla patrona\u201d. A fin de cuentas, tambi\u00e9n hay clases sociales entre los miserables, y esta era una buena oportunidad para almidonarle un poco las s\u00e1banas a do\u00f1a Pancha, en franca revancha por sus desplantes de patrona de barrio.<\/p>\n\n\n\n<p>Eva dio al mec\u00e1nico la llave del zagu\u00e1n y, una vez que se cumpli\u00f3 la hora acordada, la joven y El Borrego desabotonaron la pasi\u00f3n: brincotearon sobre la cama, se dieron quicos melcochosos y la morena supo que \u00e9l era el hombre de su vida. Cuando aquel zafarrancho de manos y caricias, labios y besos, sudores y clamores alcanz\u00f3 su cl\u00edmax, el mec\u00e1nico not\u00f3 que debido a los movimientos bruscos del amor, varios billetes asomaron de entre la base y el colch\u00f3n, como lenguas burlonas invitando a ser descubiertas, como otro tesoro oculto en ese d\u00eda de fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>El Borrego sacudi\u00f3 nervioso a Eva que dormitaba desnuda con el cabello negro revuelto sobre las s\u00e1banas de color rosa. \u201cMira, despierta. La vieja est\u00e1 bien forrada\u201d \u2014dijo \u00e9l y un fino hilo de saliva asom\u00f3 por sus comisuras\u2014. La joven abri\u00f3 los ojos acostumbr\u00e1ndose a la penumbra.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En instantes, estaban dando vuelta al colch\u00f3n, para descubrir billetes azules y morados, dispersos y abundantes. \u201cEs un chingo de dinero\u201d, dijo ella, que sin pudor tom\u00f3 un billete y lo frot\u00f3 en su entrepierna para quitar un poco del recuerdo del amante. Sonri\u00f3 burlona y acarici\u00f3 los bucles ensortijados de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin decir m\u00e1s nada, hicieron una maleta con un vestido viejo de ella. Acordaron que \u00e9l se llevar\u00eda el dinero al taller y que ella esperar\u00eda en la casa a que do\u00f1a Pancha y El Gordo regresaran. \u00bfQu\u00e9 podr\u00eda salir mal?, se trataba de hilar la historia de un robo. Estaban seguros de que la patrona indignada echar\u00eda a la chica a la calle; eso dar\u00eda oportunidad para que, juntos, los amantes abordaran un cami\u00f3n en la central del norte para ir a vivir una nueva vida en alg\u00fan lugar de la provincia, lejos de terregales y calores:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cFueron tres hombres. Entraron a la casa cuando ustedes se fueron. Dos de ellos me quitaron la ropa y despu\u00e9s me violaron para obligarme a que les dijera d\u00f3nde estaba el dinero que usted escond\u00eda. Pero yo no sab\u00eda nada de ning\u00fan dinero, as\u00ed que me dijeron que, si no cooperaba, me iban a matar y me iban a echar al escusado despu\u00e9s de partirme en pedacitos. Entonces se pusieron a buscar en toda la casa, tambi\u00e9n en mi cuarto revolvieron todo. Mire usted c\u00f3mo dejaron, hasta mi virgencita de Guadalupe rompieron\u201d \u2014fue la versi\u00f3n que Eva cont\u00f3 fielmente a los polic\u00edas en todas las versiones del interrogatorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Como era de esperarse, do\u00f1a Pancha reuni\u00f3 todos sus achaques y, a menos de un mes del robo, se qued\u00f3 dormida sobre la misma cama donde guardaba su dinero. Muri\u00f3 quieta, con un gesto de dignidad en el rostro, con las manos entrelazadas sobre el pecho. Hasta parec\u00eda una santa incorruptible. S\u00f3lo El Gordo y Eva fueron a sepultarla al Pante\u00f3n de Iztapalapa; el funeral se pag\u00f3 con dinero de las limosnas aportadas por los vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Eva y El Gordo van a ser pap\u00e1s, todos en el barrio lo comentan, se cuentan varias historias, unas a medias, otros guardan silencio: a veces es mejor coserse la boca cuando la ignorancia en el otro es felicidad. Se les ve salir a media ma\u00f1ana rumbo al mercado de Las Maravillas. \u00c9l la cubre del sol con un paraguas y la lleva del brazo por la calle terregosa \u2014alg\u00fan d\u00eda tendremos drenaje y agua\u2014, dice \u00e9l, esperanzado, pero contento por haber conocido mujer joven a pesar de sus m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. Acordaron poner a la criatura el nombre de la difunta, que en gloria est\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>El Gordo trabaja como ayudante de mec\u00e1nico en el taller de don Morales. \u201cEs un in\u00fatil, pero de menos sirve para acercar las herramientas y hacer los mandados. Peor ahora que nos hace falta un maestro mec\u00e1nico, ese Borrego era bueno y honrado; como dicen por ah\u00ed, anocheci\u00f3 y no amaneci\u00f3\u201d \u2014dice el patr\u00f3n y patea el trasero del nuevo chal\u00e1n: \u201c\u00d3rale canijo, eres bueno para hacer chamacos pero p\u00e9simo para darles de comer, ojal\u00e1 te parecieras un poco al Borrego.  A ver si tu hijo sale como \u00e9l\u201d \u2014r\u00ede don Morales y El Gordo r\u00ede con \u00e9l. Feliz de tener una Eva en su para\u00edso de ciento veinte metros cuadrados que le hered\u00f3 su difunta madre, s\u00f3lo quiere que Pancha haya alcanzado la gloria prometida y que siempre haya funciones los domingos en el Cine Maravillas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Medrano Torres Do\u00f1a Pancha no conf\u00eda en los bancos para que guarden su dinero, lo conserva bajo el colch\u00f3n, a la vieja usanza. 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