{"id":15216,"date":"2022-07-14T13:58:00","date_gmt":"2022-07-14T18:58:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=15216"},"modified":"2022-07-14T13:58:01","modified_gmt":"2022-07-14T18:58:01","slug":"ultimo-tren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2022\/07\/14\/ultimo-tren\/","title":{"rendered":"\u00daltimo tren"},"content":{"rendered":"\n<p>Un tanto nerviosa, esper\u00f3 por m\u00e1s de una hora en el and\u00e9n del metro, debajo del reloj. Cada hombre se asemejaba al que ella esperaba, el que parec\u00eda confirmar su incumplimiento tras cada minuto transcurrido. Volteaba obsesivamente para mirar los n\u00fameros pendientes del techo, dentro de la estructura que anunciaba, adem\u00e1s, el nombre de la estaci\u00f3n: Balderas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaban las siete de la tarde. Triste, bajo la sombra de esa tristeza que, aunque esperada, duele de igual forma, decidi\u00f3 salir a tomar un poco de aire del exterior. Recordaba la Plaza de la Ciudadela y las bancas de concreto. Llov\u00eda. Una leve brizna escurr\u00eda desde lo alto matizando los edificios ruinosos del entorno.<\/p>\n\n\n\n<p>Por varios minutos contempl\u00f3 las clases de baile. Bailarines incipientes mejoraban sus destrezas a cada repetici\u00f3n de la cumbia en la bocina de luces led. Otros, definitivamente, hab\u00edan nacido tan gr\u00e1ciles como un tronco de abedul y por ellos nada pod\u00eda hacerse para exprimir una gota de talento. Sin embargo, sinti\u00f3 regocijo por aquellos que sin el m\u00ednimo decoro hac\u00edan su mejor esfuerzo y se zangoloteaban febriles. Sac\u00f3 un cigarro de su bolso y batall\u00f3 un poco para encenderlo, la brizna continuaba leve pero pertinaz.<\/p>\n\n\n\n<p>Volte\u00f3 hacia su izquierda y mir\u00f3 el teatro antes llamado Ciudadela. <em>Recuerdo que una noche, la primera noche que pasamos juntos, vinimos a escuchar a\u2026 Richard, s\u00ed\u2026 Ah, s\u00ed, Richard Villal\u00f3n, peruano \u00e9l<\/em> \u2014dijo para s\u00ed\u2014. <em>Que si esto es escandaloso, es m\u00e1s vergonzoso no saber amar\u2026<\/em> \u2014cualquiera se pone cachondo con esa letra y con esa maravillosa voz\u2014 se repiti\u00f3 en silencio y sonri\u00f3. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00f3 el cigarro consumirse como el tiempo. Parec\u00eda haber transcurrido una eternidad, pero no hab\u00edan pasado m\u00e1s de treinta minutos desde que ella se entretuvo mirando la pr\u00e1ctica de baile. <em>Qu\u00e9 carajos hago aqu\u00ed, sola, como la gata bajo la lluvia de la canci\u00f3n<\/em>. Mientras pensaba esto, la voz chillona de un hombre, una voz casi infantil, le solicit\u00f3 un cigarro. Ella, sin voltear a verlo, alarg\u00f3 hasta \u00e9l la caja entreabierta y el encendedor. Como ella no escuchara el consabido agradecimiento y la devoluci\u00f3n de sus objetos, decidi\u00f3 voltear. Lo mir\u00f3 con atenci\u00f3n. Una inmensa alegr\u00eda le recorri\u00f3 la espalda. \u00c9l tambi\u00e9n le sonri\u00f3. Ella se puso en pie y lo abraz\u00f3 gustosa. \u00c9l acarici\u00f3 su cabello empapado y busc\u00f3 su mejilla para sembrarle un beso. Dos emociones similares pero diferentes habitaban en cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p>La profunda alegr\u00eda de ella sal\u00eda por sus ojos como el estallido de un polvor\u00edn para el que no hab\u00eda dique capaz de contener aquel impulso acumulado. \u00c9l, sobradamente contenido, se limit\u00f3 a abrazarla con un abrazo temeroso, como abrazando una figura de humo que estuviese a punto de dispersarse en el \u00e9ter de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>En la plancha de la plaza, numerosas, gruesas gotas empezaron a caer causando un estruendo. Una mujer apresuraba a sus hijos para ponerse a resguardo bajo el toldo de l\u00e1mina del escenario donde los bailarines ensayaban segundos antes. El m\u00e1s peque\u00f1o de los ni\u00f1os miraba con atenci\u00f3n las luces de la bocina que segu\u00eda amplificando la voz del cantante: <em>Dime qu\u00e9 pas\u00f3, mi amor, por qu\u00e9 se termin\u00f3\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ella, la mujer del metro, intent\u00f3 perpetuar el abrazo; \u00e9l, discretamente, se apart\u00f3 de ella. Hab\u00edan pasado a\u00f1os, tal vez demasiados, desde la \u00faltima vez que se vieron. Sobre esas mismas bancas de la plaza pasaron incontables horas mirando bailar y bes\u00e1ndose. Ella parec\u00eda no distinguir aquellas transformaciones. Era como si el tiempo se hubiese encapsulado en su memoria, como si los a\u00f1os, atrapados en una instant\u00e1nea, fueran los \u00fanicos v\u00e1lidos en ese momento, sin pasado ni futuro, simples, comprensivos y delicados a\u00f1os causantes de aquel intransferible, inamovible amor que segu\u00eda supur\u00e1ndole a ella por los ojos, como espesa miel.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no quiso preguntar sobre la tardanza de \u00e9l. La espera fallida en la estaci\u00f3n del metro hab\u00eda servido para exacerbar el posible sabor del reencuentro. Como en otros tiempos, ella lo tom\u00f3 del brazo y lo mir\u00f3 con atenci\u00f3n, enamorada, esperando que \u00e9l tomara la iniciativa, que fuera \u00e9l quien decidiera el camino a seguir; porque ella siempre fue d\u00f3cil: por siempre, mansamente, ella se hab\u00eda dejado conducir hacia los sitios m\u00e1s inesperados para concelebrar largas sesiones de besos. \u00c9l sab\u00eda conducirla, llevarla en el acompasado baile de los amantes que pueden recorrer la pista con los ojos cerrados, s\u00f3lo atentos a la m\u00fasica primitiva del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Llueve, si quieres te invito a mi departamento \u2014dijo ella y apret\u00f3 con dulzura el brazo de \u00e9l, en un gesto coqueto y prometedor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l medit\u00f3 por un instante la propuesta. Amablemente se deshizo del brazo de ella para sacudir las gotas superficiales sobre su ropa y su cabello. Luego, sin decir palabra, retom\u00f3 con aparente seguridad la invitaci\u00f3n e intent\u00f3 hacerla propia, acostumbrado como estaba a dirigir la orquesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por varios minutos, intentaron abordar un taxi; a esa hora y con lluvia, era casi imposible. Caminaron unos minutos hasta encontrar un caf\u00e9. Los dragones colgantes de la puerta de vidrio eran amenazantes, no as\u00ed el olor del pan reci\u00e9n horneado. Tomaron asiento y una joven de rasgos orientales tom\u00f3 su orden. Ambos pidieron caf\u00e9 con leche y una charola de pan para elegir. Luego de unos minutos, ella decidi\u00f3 colocarse al lado de \u00e9l \u2014originalmente, se hab\u00edan sentado uno frente al otro en el gabinete de color rojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien, no se trataba de un reencuentro en toda la extensi\u00f3n de la palabra, ambos sab\u00edan que una mariposa de curiosidad revoloteaba en sus respectivos pechos, pero las evidencias, poco a poco, comenzaron a ser may\u00fasculas. Hablaron un poco de sus respectivas vidas antes de volver a verse, del azar jugando su propia mano cuando se pusieron en contacto en las redes sociales a trav\u00e9s de un amigo com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos rieron un poco al recordar viejas an\u00e9cdotas. Particularmente, se quedaron mirando, uno al otro, dando peque\u00f1os sorbos a su caf\u00e9 con leche, cuando vino a cuento aquella primera ocasi\u00f3n en que estuvieron juntos, la voz de Richard Villal\u00f3n y el hotel ruinoso que tuvo compasi\u00f3n de ellos, cuando j\u00f3venes, en mitad de la noche buscaron alojamiento a cambio de los \u00faltimos pesos en sus bolsillos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Definitivamente, aquello fue de locos \u2014dijo ella, y sonri\u00f3 p\u00edcara y con algo de rubor en las mejillas\u2014 es el caf\u00e9, est\u00e1 un poco caliente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l clav\u00f3 su mirada en el pan sobre el plato. No acus\u00f3 recibo de la indirecta del caf\u00e9 caliente, y retom\u00f3 el tema: <em>Seguro recuerdas que vagabundeamos por un par de horas en el metro, que intentamos salir de la estaci\u00f3n de trenes hacia cualquier parte, pero a esa hora todo estaba apagado, menos nosotros, que and\u00e1bamos encendidos y gustosos, escondi\u00e9ndonos de los grupitos de v\u00e1ndalos apostados en las esquinas, evadiendo el peligro. Si supieras que me he vuelto m\u00e1s conservador y temeroso, que me acuesto temprano con la televisi\u00f3n encendida<\/em>. <em>Que he estado casado un par de ocasiones, y me he divorciado las mismas veces. Dicen que cuando se repiten los errores se acaban los argumentos, y, seguro, yo he sido el de las fallas. Para qu\u00e9 culpar a nadie, yo me hago cargo. Debo decir que las dos fueron buenas mujeres, pero todo cambi\u00f3 despu\u00e9s de un tiempo. No tengo hijos, y vivo como ermita\u00f1o en mi isla privada en medio de la ciudad. En un cuarto de azotea.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, me toca contarte c\u00f3mo me ha ido \u2014dijo ella y acomod\u00f3 los codos sobre la mesa y las manos bajo su barbilla, como un gato dispuesto a confesar una falta, con esa mezcla de cinismo y astucia que, pese a todo, espera recompensa\u2014: <em>Me cas\u00e9\u2026 bueno, decid\u00ed vivir en uni\u00f3n libre. \u00c9l es un hombre bueno, inocente para mi gusto. T\u00fa sabes, hay momentos en que nosotras las mujeres\u2026<\/em> \u2014\u00e9l casi cerr\u00f3 los ojos, tratando de escudri\u00f1ar aquella frase: \u201ct\u00fa sabes\u201d. \u00c9l no sab\u00eda nada de las mujeres, y si sus dos divorcios no significaban nada, si no eran un fiel testimonio de su incapacidad para comprender el alma femenina, entonces, cualquiera como \u00e9l, pese a sus pocas credenciales, pod\u00eda erigirse como todo un especialista del comportamiento de las mujeres\u2014 <em>\u2026 tenemos el recuerdo, vaya, recordamos al primer hombre de nuestra vida, este se queda en nosotras, vive ah\u00ed, en nuestra mente, y cuando las cosas van mal en el hogar nom\u00e1s abrimos el caj\u00f3n y sacamos a ese hombre del recuerdo, lo materializamos; \u00e9l, mitad imaginario, construido con retales, es el ideal que no termina de armarse, de concluirse. T\u00fa eres ese hombre<\/em> \u2014termin\u00f3 ella de hablar y solt\u00f3 una exhalaci\u00f3n, como si hubiese tenido algo atorado en el pecho durante varios siglos, esperando la ocasi\u00f3n propicia para salir, para lucirse bajo el amparo de las mejores palabras, de los mejores argumentos. Era su forma de decir \u201caqu\u00ed estamos, aprovechemos el tiempo inteligentemente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el rostro de \u00e9l se dibuj\u00f3 una mueca, tal vez triste. Sab\u00eda en el fondo que estaba lejos de las expectativas de ella. Que aquel idealismo se fundamentaba m\u00e1s en sus deseos. Paletadas de experiencias, como tierra de tumba, se hab\u00edan apilado sobre cada una de sus vidas; sin embargo, ella no parec\u00eda tener conciencia clara del tiempo y el espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l pensaba: tal vez si nos hubi\u00e9semos evitado tanta ch\u00e1chara, tanto rodeo y hubi\u00e9semos ido al grano: aqu\u00ed a la vuelta hay un hotel. Son casi las diez de la noche. Tal vez, a estas horas, ya todo hubiese terminado. Regresar a la jaula con una nueva experiencia, lista para guardar bajo la cama\u2026 Se recriminaba su indecisi\u00f3n. Ella le hab\u00eda cedido la iniciativa, y ambos sab\u00edan qu\u00e9 deseaban. Pero \u00e9l estaba m\u00e1s temeroso de la mujer. Tem\u00eda ser descubierto por ella, y tambi\u00e9n descubrirse desnudo, sin artificios ni construcciones de personalidad ef\u00edmeras, poses de macho que cambia el plumaje de color y lo esponja, y alardea al ejecutar el pleno ritual de la conquista. Pero hasta ese ritual se hab\u00eda vuelto un fastidio Por eso prest\u00f3 poca atenci\u00f3n a las historias que ella le contara, y que se sucedieron, una tras otra, incontenibles; tal vez, en un af\u00e1n por pedir al tiempo perdido que regresara, que \u00e9l la conociera.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella quer\u00eda ense\u00f1arle que en su vida hab\u00edan sucedido muchas cosas, la mayor\u00eda insignificantes, pero dignas de compartirse. A \u00e9l no le import\u00f3 ni una pizca que las mu\u00f1ecas rubias fuesen robadas por los cargadores de la mudanza, cuando ella cambi\u00f3 de domicilio, all\u00e1 por los ochenta; tampoco quiso saber m\u00e1s de los mutuos excompa\u00f1eros de escuela, de sus vidas, de sus divorcios y salidas del cl\u00f3set de un buen n\u00famero de ellos. Discretamente, \u00e9l miraba de reojo el reloj en la pared del establecimiento. La simp\u00e1tica oriental que atend\u00eda a los clientes pregunt\u00f3 cort\u00e9smente si gustaban ordenar algo m\u00e1s. \u00c9l la mir\u00f3 a ella deseando que las palabras de la chica fuesen un punto final para ese mon\u00f3logo. Esper\u00f3 la respuesta de la mujer y, al corroborar que ella no ordenar\u00eda otra cosa, solicit\u00f3 la cuenta. Al hacerlo, sinti\u00f3 una paz muy grande, la paz que se avecina luego del estruendo, un zumbido que se hace intenso y termina por aturdir, aniquilando cualquier vestigio, toda forma de recuerdo que incomode.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se excus\u00f3 un momento para ir al ba\u00f1o. Ella le mir\u00f3 las nalgas con descaro. Esas eran las nalgas tan deseadas, tan idealizadas, que alguna vez fueron suyas y que hoy, si todo marchaba bien, volver\u00edan a serlo. As\u00ed pasaron los minutos, y luego de un par de horas, la joven de ojitos rasgados se acerc\u00f3 a la mesa para preguntar nuevamente si todo estaba en orden, si deseaba pedir algo m\u00e1s. Ella pregunt\u00f3 a la joven si el caballero a\u00fan segu\u00eda en el cuarto de ba\u00f1o. La muchacha, extra\u00f1ada, contest\u00f3 que nadie estaba ah\u00ed, por lo menos, ella no hab\u00eda visto a nadie. Pero ofreci\u00f3 pedir a un compa\u00f1ero que revisara. Minutos despu\u00e9s, la chica confirm\u00f3 que nadie, excepto ella, estaba en el establecimiento, y que faltaban pocos minutos para cerrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sac\u00f3 su cartera y coloc\u00f3 el importe anotado en la nota. Se levant\u00f3 y camin\u00f3 con rumbo al metro Balderas. Faltaban pocos minutos para la \u00faltima corrida y los guardias ya se aprestaban a cerrar el acceso. \u00c9l la segu\u00eda a prudente distancia. Hac\u00eda quince a\u00f1os que el conocido hotel donde trabajaba se hab\u00eda derrumbado durante el sismo del ochenta y cinco, y \u00e9l hab\u00eda muerto entonces en el lobby, de manera instant\u00e1nea. Ambos sab\u00edan que jam\u00e1s volver\u00edan a estar juntos, pero se prometieron repetir ese ritual de la cita, a\u00f1o tras a\u00f1o; inventarse una vida y fingir que la muerte no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un tanto nerviosa, esper\u00f3 por m\u00e1s de una hora en el and\u00e9n del metro, debajo del reloj. Cada hombre se asemejaba al que ella esperaba, el que parec\u00eda confirmar su incumplimiento tras cada minuto transcurrido. 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