{"id":13658,"date":"2022-04-29T13:05:40","date_gmt":"2022-04-29T18:05:40","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=13658"},"modified":"2022-04-29T13:07:16","modified_gmt":"2022-04-29T18:07:16","slug":"no-robaras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2022\/04\/29\/no-robaras\/","title":{"rendered":"No robar\u00e1s"},"content":{"rendered":"\n<p>No est\u00e9s fregando. Nom\u00e1s a eso vienes. Deber\u00edas quedarte en casa de tu madre, ella s\u00ed sabe c\u00f3mo atenderte \u2014dijo la mujer y dio un portazo al salir de la vivienda que ambos ocupaban desde hac\u00eda m\u00e1s de ocho a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se arrellan\u00f3 en el sill\u00f3n mugriento que los hab\u00eda acompa\u00f1ado a lo largo de su vida matrimonial. Despatarrado, sosten\u00eda un vaso con agua que, por sucio, parec\u00eda esmerilado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Se levant\u00f3 para dirigirse a la rec\u00e1mara y calzarse unos huaraches desvencijados de cuero. Pas\u00f3 frente a la luna del ropero y se not\u00f3 con m\u00e1s canas y arrugas que de costumbre. Entonces fue al ba\u00f1o, puso un poco de agua en una j\u00edcara de pl\u00e1stico y frot\u00f3 la pastilla de jab\u00f3n entre sus manos para hacer un poco de espuma que luego unt\u00f3 sobre su rostro para rasurar la barba rala que le crec\u00eda dispareja.<\/p>\n\n\n\n<p>Termin\u00f3 de afeitarse y, a manera de loci\u00f3n astringente, tom\u00f3 un poco de alcohol con el cuenco de la mano izquierda. Con ambas manos embadurnadas, primero acarici\u00f3 sus mejillas, luego sus orejas y, finalmente, su nuca; intentaba relajarse un poco. \u00daltimamente la chamba no hab\u00eda estado muy buena. Diciembre era el mejor tiempo para robar. La \u00e9poca de los aguinaldos y los regalos era un obsequio del supremo, para \u00e9l y para los suyos. Desde ni\u00f1o aprendi\u00f3 el oficio de su padre, y su padre del propio. <em>No somos buenos para otra cosa. Nosotros nacimos para agarrar al bueno, nada m\u00e1s<\/em> \u2014se convenc\u00eda a s\u00ed mismo y a los otros de las bondades y noblezas de hacerle a la u\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Expertos en el <em>dos de bastos<\/em>, la familia emprend\u00eda enga\u00f1ifas a los ambiciosos que se cre\u00edan afortunados por haber encontrado en la calle la cartera repleta de billetes o la caja envuelta con el papel membretado de una marca conocida. Tambi\u00e9n le entraron un tiempo al juego de la bolita, hasta que llegaron otros m\u00e1s abusados que impusieron su ley y los desplazaron de los mercados donde \u201ctrabajaban\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La escuela nunca fue lo suyo. De hecho, a los quince a\u00f1os embaraz\u00f3 a una compa\u00f1era de grupo y el esc\u00e1ndalo le vali\u00f3 ser expulsado cuando cursaba el segundo grado. El padre de la joven se rehus\u00f3 a recibir a la comitiva del muchacho, que con sus mejores atuendos se dispuso a solicitar formalmente la mano \u2014que, dicho sea de paso, ya hab\u00eda sido dada con todo y cuerpo\u2014 de la chica, para enmendar la afrenta y garantizar que el mozo se hiciera cargo \u201ccomo hombrecito\u201d de sus actos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014V\u00e1yanse a la tiznada, jijos de tal por cual \u2014fue la respuesta del padre ante los toquidos insistentes de la pandilla protocolaria que pretend\u00eda ingresar no s\u00f3lo a su casa, sino a su familia: <em>Ni Dios lo quiera, ser\u00eda el infierno emparentar con esas alima\u00f1as. Nosotros nos haremos cargo de la criatura, que al cabo ninguna culpa tiene, pero cargar tambi\u00e9n con ese mozalbete sin educaci\u00f3n, rata coluda, ni de chiste <\/em>\u2014sentenci\u00f3 el hombre y, al paso de los meses, se convirti\u00f3 en feliz abuelo y decidi\u00f3 trasladar a su familia a un estado del norte del pa\u00eds, cuando la fiebre del amor le hubo pasado a su hija \u00fanica.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel episodio de notorio desprecio marc\u00f3 para siempre al hombre que hoy se miraba en el espejo y acariciaba su rostro rasgu\u00f1ado por un rastrillo sin filo de navajas oxidadas en los extremos. A\u00f1os m\u00e1s tarde emparent\u00f3, utilizando el mismo m\u00e9todo, con el due\u00f1o de la tlapaler\u00eda de la colonia: embaraz\u00f3 a la hija mayor y, ya con cierta ma\u00f1a, esper\u00f3 a que la exigencia del casorio viniera de la parte agraviada. Las nupcias se celebraron en el terreno donde el tlapalero almacenaba la arena, la grava y el tezontle. Hasta ah\u00ed acudi\u00f3 el juez del registro civil que exigi\u00f3 le fuese pagado el taxi de ida y regreso, sus correspondientes servicios, y la tarifa establecida por el propio juzgado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda, las lonas que cubrieron los materiales de construcci\u00f3n no fueron suficientes para contener el terregal que vol\u00f3 hasta las cazuelas de mole y arroz. Muchos invitados se quejaron de piedrecillas en los alimentos; m\u00e1s de uno quiso demandar por da\u00f1os y perjuicios a sus piezas dentales, pero se conformaron con esparcir infundios y una cr\u00f3nica sat\u00edrica del festejo.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis que sumi\u00f3 al pa\u00eds en una miseria mayor fue la ocasi\u00f3n para que su suegro, due\u00f1o de la casa de materiales para construcci\u00f3n, otrora exitosa, quebrara; esto oblig\u00f3 a la familia de su mujer a recoger sus pasos hasta su estado originario: Michoac\u00e1n. All\u00e1 se establecieron y probaron suerte como productores de aguacate y lim\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero su esposa decidi\u00f3 quedarse y renegar de su familia hasta perder todo contacto. \u00c9l no se lo recrimin\u00f3 al principio. A\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando ambos cobraron conciencia, se dieron cuenta de su error, pues la familia logr\u00f3 ponerse en pie de nueva cuenta y ahora gozaban de amplia solvencia econ\u00f3mica. <em>Eres una idiota, deber\u00edas buscar a tu padre y exigirle que te adelante tu herencia. Tienes tanto derecho como tus hermanos <\/em>\u2014dec\u00eda \u00e9l enf\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 c\u00f3modo me saliste, hijo de la tiznada. Siempre vas a ser una triste rata. Ya no te acuerdas cuando fing\u00edas estar enfermo para no presentarte a trabajar en la casa de materiales de mi padre. Cuando c\u00ednicamente ibas los s\u00e1bados a cobrar tu semana y le dec\u00edas a mi viejo que necesit\u00e1bamos el dinero para comer. Vaya cachet\u00f3n, te aprovechabas de nosotros, que somos tu familia, tu responsabilidad, para chantajearlo: <em>\u00bfNo querr\u00e1 usted dejar sin alimento a los suyos?<\/em>, le dec\u00edas y estirabas la mano para recibir completa la semana que nunca desquitaste. \u2014Esta era la discusi\u00f3n frecuente en aquella casa. La mujer prefer\u00eda salir al mercado y, como La Patita de la canci\u00f3n, quejarse de lo caro que estaba todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, un d\u00eda, cuando ciertos rumores llegaron a los o\u00eddos de \u00e9l: <em>Su mujer le pone los cuernos. Le pone Jorge al chamaco con varios carniceros de los obradores. Ya todos la conocen como El Saludo, porque no se le niega a nadie<\/em>, primero se indign\u00f3 y esper\u00f3 a que ella regresara para ajustarle cuentas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Piruja jija. Te voy a matar por cusca \u2014. Con la c\u00f3lera dibujada en el rostro y las pulsaciones a mil, tom\u00f3 la charrasca con la que sal\u00eda a rasgar las bolsas de mano en el metro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira nada m\u00e1s: ahora el se\u00f1or dignidad dice que abri\u00f3 los ojos; pues tardaste m\u00e1s que los perros en abrirlos. Tienes a\u00f1os comi\u00e9ndote lo que consigo con el sudor de mi cuerpo. \u00bfA poco crees que el dinero que traes a la casa nos alcanza? \u00bfTe has preguntado seriamente si tus mugres rater\u00edas son suficientes para carne, huevos, leche, verduras, luz, renta, medicinas? No tienes verg\u00fcenza. Para fortuna tuya te casaste con una mujer que sabe mover el abanico y mira \u2014golpe\u00f3 su nalga derecha con la palma abierta de la mano\u2014 agradecido deber\u00edas de estar con estas porque nos dan de tragar.<\/p>\n\n\n\n<p>En un instante, toda la rabia del agravio se convirti\u00f3 en silencio digno. \u00c9l s\u00f3lo atin\u00f3 a callarse y se refugi\u00f3 en el sill\u00f3n amarillo floreado que ya mostraba las huellas de sus nalgas rebosantes de m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Ella se dirigi\u00f3 a la cocina y puso en agua los trozos de aguay\u00f3n y las verduras para cocinar un puchero de res.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, la mujer no tuvo que dar m\u00e1s explicaciones, ni \u00e9l se atrevi\u00f3 a exigirlas. Se transformaron en dos seres que entendieron su condici\u00f3n de sociedad: ninguno se atrever\u00eda a dejar al otro. Un sentimiento extra\u00f1o de pertenencia, de complicidad, de conveniencia, los uni\u00f3 con un pegamento m\u00e1s s\u00f3lido que el amor fingido que, uno por el otro, dijeron sentir alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las noches, en una cama matrimonial se abandonaban al aparente sue\u00f1o. Cada uno, en su rinc\u00f3n del lecho, repasaba el d\u00eda con la memoria y descubr\u00edan que todos los d\u00edas hab\u00edan sido siempre iguales. Ella ocupaba su espacio y colocaba sobre la almohada sus manos juntas debajo de la barbilla; no le costaba esfuerzo conciliar el sue\u00f1o. \u00c9l permanec\u00eda con los ojos abiertos so\u00f1ando con las huertas de aguacate y lim\u00f3n que ella se negaba a reclamar a su familia. No dejaba de repetirse que era una tonter\u00eda desaprovechar aquella oportunidad de rehacer los lazos familiares. Intu\u00eda que la dignidad era un t\u00e9rmino muy flexible cuando se trata de vivir c\u00f3modamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces sucedi\u00f3: un derrame cerebral lo postr\u00f3 en su amado sill\u00f3n amarillo y floreado. Le priv\u00f3 del habla y del movimiento del lado derecho. Ella sigui\u00f3 frecuentando el mercado donde surt\u00eda su despensa. \u00c9l ya no robaba a nadie. Nadie, ni sus propios familiares, contados con los dedos de una mano, iban a visitarlo, a sabiendas de su condici\u00f3n de salud. Nadie pod\u00eda, ni quer\u00eda, siquiera imaginar los pensamientos que inundaban la mente del hombre. \u00c9l s\u00f3lo la miraba fijamente con los ojos abiertos como platos, muertos como los de una serpiente. Ella iba y ven\u00eda a donde le diera la gana, y termin\u00f3 aceptando las visitas de sus proveedores en la propia casa. Cada encuentro con sus amantes era una forma de vengarse de aquel bulto que le hab\u00eda robado todo. Por eso se aseguraba de colocar estrat\u00e9gicamente el sill\u00f3n donde reposaba \u201cel enfermo\u201d \u2014as\u00ed le llamaba\u2014 para que no perdiera detalle alguno de sus escarceos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando todo terminaba, aquellos hombres se desped\u00edan amistosamente del hombre que no pod\u00eda contestarles y \u2014a petici\u00f3n de la mujer\u2014 depositaban un billete de baja denominaci\u00f3n en el bolsillo de la camisa del enfermo, a manera de propina. Salvo por ese momento, la mujer no le dirig\u00eda ni la mirada durante el d\u00eda, aunque no dejaba de cumplir con sus cristianas obligaciones de esposa: le daba de comer, lo aseaba con una manguera cuando era insoportable el hedor de las necesidades fisiol\u00f3gicas que el enfermo cumpl\u00eda sentado sobre el sill\u00f3n, y por las noches lo acostaba en el piso sobre un trozo de alfombra despeluzado, mientras ella se acurrucaba sobre la cama, mansamente, con las manos en la barbilla hasta conciliar el sue\u00f1o, como un santo que tiene la conciencia limpia. S<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo un gato viejo hac\u00eda compa\u00f1\u00eda al enfermo que reposaba en el suelo en posici\u00f3n fetal, el animal aprovechaba para unt\u00e1rsele en el vientre. As\u00ed pasaron m\u00e1s de cinco a\u00f1os, hasta que una noche el enfermo gru\u00f1\u00f3 como un animal al que le falta el aire. Durante varias horas, el gato fue el \u00fanico ser que contempl\u00f3 calladamente aquella agon\u00eda. A la ma\u00f1ana siguiente, la mujer despert\u00f3, estir\u00f3 los brazos como un cristo perezoso y mir\u00f3 al hombre que yac\u00eda quieto en el piso. Esquiv\u00f3 aquel cuerpo inerte para calzar su par de chanclas viejas e imagin\u00f3 una taza de caf\u00e9 caliente. <em>No robar\u00e1s<\/em>, dijo para s\u00ed y mir\u00f3 de reojo el cuerpo sobre la alfombra. Luego puso medio pocillo de agua a hervir sobre la estufa.<\/p>\n\n\n\n<p>Foto: Internet<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No est\u00e9s fregando. Nom\u00e1s a eso vienes. 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