{"id":11479,"date":"2021-12-21T13:11:10","date_gmt":"2021-12-21T19:11:10","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=11479"},"modified":"2021-12-21T13:11:11","modified_gmt":"2021-12-21T19:11:11","slug":"de-las-almas-inocentes-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/12\/21\/de-las-almas-inocentes-2\/","title":{"rendered":"De las almas inocentes"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Parte II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estos y muchos otros recuerdos rondaban la mente de Muerto, como volutas de humo de cigarro, a cada paletada de tierra que sal\u00eda del agujero que \u00e9l y Guapa hab\u00edan cavado desde hac\u00eda tres d\u00edas. Las manos callosas sosten\u00edan las herramientas con mayor seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;A veces se preguntaba c\u00f3mo era posible seguir viviendo a costa de las migajas del pasado, asido como a un cord\u00f3n umbilical que alimentaba su costal de desventuras. Porque Muerto no dejaba de culpar a otros por sus desdichas, se hab\u00eda convertido en una ambulancia aulladora que transporta a un paciente ag\u00f3nico, ese carro donde viajan la muerte y la vida sujetas por el mismo cintur\u00f3n de seguridad, en el que, parad\u00f3jicamente, nada es seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran casi las dos de la tarde, el sol hab\u00eda alcanzado su c\u00e9nit y empezaba a dispersarse en astillas que se distribu\u00edan sobre las casas en permanente construcci\u00f3n, fabricando sombras caprichosas que aminoraban un poco el sofoco de los maestros alba\u00f1iles.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerto y Guapa se dispusieron a tomar los sagrados alimentos e improvisaron una mesa sobre dos botes salpicados con mezcla de cemento seco y una tarima, la menos polvosa, cubierta con aceite requemado. Extendieron una capa de papel, la menos sucia, extra\u00edda de un bulto de cemento reci\u00e9n vaciado y colocaron encima un kilo de tortillas, diez pesos de queso de puerco y una bolsa de pl\u00e1stico con cuatro chiles navegantes en vinagre caldoso.<\/p>\n\n\n\n<p>En silencio, cada uno hizo un taco hasta con tres tortillas y dos rebanadas de queso de cochino. En cada mordida al taco, se suced\u00eda otra tarascada al picante en vinagre que se destripaba en gustosos estallidos. Bebieron un par de vasos de refresco de cola en vasos desechables y permanecieron quietos unos instantes. Mudos. Cada uno extraviado en sus propios laberintos.<\/p>\n\n\n\n<p>Guapa mir\u00f3 sus zapatos costrosos con m\u00faltiples capas de cemento reseco y dese\u00f3 unos zapatos limpios de dos colores, de charol y agujeta. \u00c9l y Muerto ten\u00edan la misma edad. Les pasaba con cierta frecuencia que no era necesario decir nada y en contadas ocasiones romp\u00edan el silencio. Era como si cada uno de ellos conociera desde siempre los pensamientos del otro. Como si ambos hubiesen sido arrebatados del mismo vientre, el mismo d\u00eda, a la misma hora, por la misma comadrona y en el mismo lugar. Como si ambos hubiesen nacidos muertos y luego hubiesen empezado a vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>A Guapa le pareci\u00f3 que todos los hombres tienen el mismo derecho a tener unos zapatos limpios, los que les plazcan, los que les gusten, los que se amolden mejor a sus pies, un calzado que les haga sentir c\u00f3modos al caminar hacia el trabajo, o recorriendo la Alameda Central, tirando rostro. Eso pensaba Guapa. A veces tem\u00eda ser el lado opuesto de su socio, como la cara \u201cB\u201d de un disco que a nadie interesa; opacado por el \u00e9xito del lado \u201cA\u201d, el m\u00e1s atractivo, el que termina por da\u00f1arse antes, debido al uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Las personalidades de cada uno coincid\u00edan, se complementaban, como si una sola, por s\u00ed misma, no tuviera la m\u00ednima posibilidad de existir, de ser, sin que la otra estuviera presente, a la manera de dos siameses, inevitablemente unidos por el mismo cr\u00e1neo, pero con diferente visi\u00f3n y, por ende, perspectiva de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Era evidente en los asuntos cotidianos del trabajo: mientras uno tomaba el pico, el otro as\u00eda la pala; en tanto, uno sacaba el agua que manaba del subsuelo, el otro recortaba a punta de barreta los bordes de la futura cisterna, como quien rebana un enorme pastel de lodo y se introduce en \u00e9l, desbastando un poco ese poro de la tierra, buscando penetrarle la entra\u00f1a. As\u00ed eran ellos, indisolubles, como un misterio religioso que cuesta explicar; porque sustancias y esencias formaban parte del todo, y, al mismo tiempo, cada parte revelaba su propia funci\u00f3n, su propia fuerza, una naturaleza en com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerto coloc\u00f3 el cubo bajo la llave de agua: un chorro d\u00e9bil, exasperante escurri\u00f3 hasta el recipiente, como un hilo de baba continua. Como de costumbre, Guapa parti\u00f3 sin despedirse, sin decir palabra. Enganch\u00f3 el morral a su hombro derecho y sali\u00f3 silbando la tonada del danz\u00f3n <em>Nereidas. <\/em>Muerto se concentr\u00f3, sin prisa, en el hilo de agua que llenaba la cubeta, y su mente, de nueva cuenta, empez\u00f3 a elevarse como un papalote al que se le ha roto el hilo que lo sostiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, en aquel antro donde a fuerza de novatadas le hicieron despertar de su letargo, Muerto se esmeraba en lavar vasos y utensilios. Varias cortadas semi profundas en sus palmas y en el dorso de sus manos mostraban varios grados de cauterizaci\u00f3n. El jab\u00f3n y el agua actuaban sobre las grietas otrora sanguinolentas hasta volverlas un conjunto de surcos blancuzcos, mortecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hac\u00eda dos a\u00f1os que cumpl\u00eda con aquellos trabajos de ayudante. El sueldo y el moje le hab\u00edan permitido sobrevivir y aportar un poco de lo ganado para beneficio de los suyos. Iban quedando atr\u00e1s, casi olvidados, los desaguisados familiares: Muerto estaba experimentando la satisfacci\u00f3n de sentirse \u00fatil. Sent\u00eda el orgullo de traer unos pesos en la bolsa y pedirles permiso, s\u00f3lo a ellos, para escaparse los domingos a conquistar sirvientas en la Alameda Central.<\/p>\n\n\n\n<p>Las desveladas le hab\u00edan ganado unas ojeras que contrastaban con el tono de su piel: ahora dorm\u00eda de d\u00eda y trabajaba de noche, cuatro d\u00edas a la semana, el resto del tiempo lo ocupaba en practicar su deporte favorito: enso\u00f1arse con sus revistas y jactarse de tener, casi completo, el total de n\u00fameros publicados.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces so\u00f1aba que una enorme nave tripulada por seres de otra galaxia lo abduc\u00eda a trav\u00e9s de una luz blanca; empezaba a elevarse desde la cama donde dorm\u00eda, y cruzaba el techo de su cuarto sin encontrar oposici\u00f3n, desmaterializ\u00e1ndose. Una luz espesa lo hac\u00eda levitar y lo aspiraba hasta el interior de un plato suspendido en el aire por una tecnolog\u00eda desconocida. Luego, con los ojos a\u00fan cerrados, escuchaba voces que le hablaban: en traducci\u00f3n simult\u00e1nea, comprend\u00eda los mensajes de aquellos seres de otro mundo, ellos le revelaron profec\u00edas que deb\u00edan darse a conocer, en su momento, a los seres humanos. Muerto quedaba en espera de nuevas instrucciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana, despu\u00e9s de cumplir con sus labores en el antro, Muerto se dispuso a partir rumbo a su casa. En su peque\u00f1a mochila donde transportaba su uniforme de trabajo, hab\u00eda guardado, celosamente, entre los pliegues del cierre y la costura, el dinero ganado por toda una noche de lavar vasos y utensilios. Algunas cortaduras en sus manos hab\u00edan cerrado por completo y ahora se figuraban en larvas adheridas a la piel, petrificadas y gruesas. Las manos del muchacho empezaban a ser toscas debido a esos jerogl\u00edficos que s\u00f3lo el trabajo esculpe en los cuerpos que se prestan a tan peculiar manifestaci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Adormilado, luchaba por caminar con aplomo. Con una mano metida en el bolsillo derecho y la otra sosteniendo la mochila sobre su hombro, alcanz\u00f3 a percibir la luz de sus sue\u00f1os; escuch\u00f3 las voces de otro mundo dici\u00e9ndole que estaba por cumplirse la profec\u00eda. Tambi\u00e9n sinti\u00f3 un golpe seco y contundente, y un sonido, como el crujido de un mel\u00f3n arrojado contra el piso, una y otra vez, y m\u00faltiples resplandores que le enceguecieron, mientras las voces repet\u00edan, una y otra vez, en un lenguaje de otra galaxia, que le era traducido de forma simult\u00e1nea:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya te la sabes, hijo de la tiznada. \u00bfD\u00f3nde traes la feria?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si no afloja, p\u00edcalo. Dale en las costillas \u2014dijeron los seres espaciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la primera descarga de luz blanca, el muchacho sinti\u00f3 que la lengua se le hac\u00eda nudo, que un pu\u00f1ado de galaxias le produjeron un tap\u00f3n de la dimensi\u00f3n de un agujero negro, hacia donde era tragado, abducido, con todo y sus palabras y recuerdos. Todo era luminoso. Entonces escuch\u00f3 una sinfon\u00eda que identific\u00f3 como la m\u00fasica de las estrellas. Estaba cumpli\u00e9ndose la profec\u00eda, sin duda. Se preguntaba: \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 la nueva vida en la tierra? \u00bfHabr\u00e9 cumplido mi papel como profeta de los nuevos tiempos?<\/p>\n\n\n\n<p>La nave que lo abdujo, otrora silenciosa, ahora recorr\u00eda las galaxias abri\u00e9ndose paso con el aullido inconfundible de las sirenas que transportan un herido. Las voces eran otras, tal vez m\u00e1s terrenales, menos interestelares. Un gran vac\u00edo, como una implosi\u00f3n gal\u00e1ctica arras\u00f3 con todo, absorbi\u00e9ndolo. Muerto sinti\u00f3 c\u00f3mo cada una de sus c\u00e9lulas se desmaterializaba hasta formar parte del \u00e9ter c\u00f3smico. La m\u00fasica de las estrellas continuaba sonando, inmaterial, espiritual, en la calma que precede al nacimiento, en la frontera del todo y de la nada. En el vaiv\u00e9n de la vigilia al sue\u00f1o, columpi\u00e1ndose entre las cuerdas de un contrabajo divino que cantaba con su voz grave, casi monstruosa, pr\u00f3xima al sonido universal que dio origen a la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces vino de nueva cuenta el estallido, la vibraci\u00f3n continua, la cuerda que se tensa bajo las manos expertas de la divinidad que conoce todas las infinitas tonalidades, la m\u00fasica espec\u00edfica de cada alma que empalma su grito furioso cuando es desprendido de la madre, para despu\u00e9s abandonarse en la cuna de los olvidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro meses dur\u00f3 la recuperaci\u00f3n de Muerto en el hospital p\u00fablico. A su madre se le pidi\u00f3, en varias ocasiones, otorgar el consentimiento para desconectar aquella vida de la fuente artificial que le manten\u00eda en el limbo, como un cad\u00e1ver insepulto en espera de la hora nona. Cuando Muerto abri\u00f3 los ojos, en una segunda oportunidad para su alma inocente, s\u00f3lo quedaban cicatrices, m\u00faltiples marcas en todo su cuerpo, como las huellas de gusano que ten\u00eda estampadas en sus manos, producidas por los cortes de los vasos rotos durante su estad\u00eda en el antro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora todo era cicatriz, todo era vac\u00edo. El cr\u00e1neo del muchacho se recuperaba de las m\u00faltiples fracturas. Pero quedaron huellas m\u00e1s profundas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El joven perder\u00e1 el habla \u2014dijo el m\u00e9dico a los familiares. Y se apresur\u00f3 para atender a un nuevo paciente en aquel hospital p\u00fablico que todas las noches se convert\u00eda en un documental terror\u00edfico de la vulnerabilidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerto volvi\u00f3 a su casa. Apenas emit\u00eda una especie de gru\u00f1idos, parecidos a los de los perros que segu\u00edan teniendo su corral a un costado del suyo. Gradualmente fue recuperando la movilidad del brazo y de la pierna izquierdos. En su cara se petrific\u00f3 la mueca desquiciada del asombro, de quien pretende recordar algo, pero no lo consigue. Peque\u00f1os fragmentos, como esquirlas de un pasado que vuelve a la memoria, le permitieron reconfigurar un universo de luces diminutas donde todo era prof\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En ocasiones, el joven machacaba desesperado su lengua intentando decir algo a quienes le rodeaban. Por varios meses sinti\u00f3 la caricia del sol, encerrado entre las cuatro paredes que encajonaban perimetralmente su casa. Tomaba asiento sobre una piedra negra a mitad del patio, como un monolito ancestral que no encuentra qui\u00e9n le adore. Despu\u00e9s, el sol se marchaba y los atardeceres llevaban la mirada del muchacho hasta el cielo, donde todo es infinito y suele ser oscuro en la m\u00e1s grande angustia.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiso escapar, brincar aquellas bardas. Algo en su mente maduraba y con el tiempo se pudr\u00eda, como una fruta ennegrecida que termina por volverse nada apetecible.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo deseaba y no sab\u00eda qu\u00e9 era. Su mente se llenaba de vac\u00edo. Le dio por aullar y su grito angustiaba a los perros, hasta que los vecinos se quejaron y la familia opt\u00f3 por amordazarlo durante las noches. Inmensas l\u00e1grimas corr\u00edan por sus mejillas cuando, quienes le amaban, le aplicaban aquella doble mordaza. Pese a todo, la esencia del esp\u00edritu segu\u00eda viva, latiendo como un pulso.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces su madre lo descubri\u00f3 cavando en mitad del patio, haciendo esfuerzos por malabarear, primero la pala, despu\u00e9s el pico. Ella no descifraba ese mensaje, le parec\u00eda m\u00e1s la voluntad perniciosa de un desquiciado que busca algo sin saber qu\u00e9, alguien que termina agotando sus fuerzas por el mero deseo, alejado de cualquier sentimiento de impotencia que su infame y absurda tarea pudiese acarrearle, alguien que no tiene conciencia de su f\u00fatil esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de los reclamos de sus otros hijos, la madre consinti\u00f3 que Muerto cavara aquella fosa en mitad del patio. El dinero ahorrado para ampliar la casa se esfum\u00f3 en las atenciones hospitalarias del enfermo. Ahora, s\u00f3lo quedaba aquel insepulto que tal vez se afanaba en labrarse una tumba con sus propias manos. Pero, para los otros, era m\u00e1s un misterio parecido a los que publicaba la revista <em>Pregunta<\/em>, que ahora se amarillaba bajo las l\u00e1minas del cuartucho donde Muerto durmi\u00f3 durante un par de a\u00f1os, en donde goz\u00f3 de privacidad e independencia relativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Viendo a su hijo cavando con dificultad aquel foso, la madre descubri\u00f3 la eficiencia terap\u00e9utica del silencio aparente; vio a su hijo recuperar, poco a poco, la movilidad de sus extremidades. La boca fue adapt\u00e1ndose al rostro, hasta casi ocupar el sitio que tuvo antes del asalto. Algunas palabras, las b\u00e1sicas, retornaron a sus labios: Dios, comida, agua, calor, mam\u00e1, amor \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana de domingo, Muerto dio a entender a su madre que su deseo era salir a la calle. Una especie de traducci\u00f3n simult\u00e1nea se hab\u00eda establecido entre aquellos seres que, ya sin cables de por medio, permanec\u00edan conectados por hilos de otros materiales, m\u00e1s resistentes, m\u00e1s eternos.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaron un par de calles y los vecinos los miraron sorprendidos. Tomados de la mano, como dos seres extra\u00f1os para los dem\u00e1s, de otro planeta, que se leen la mente y sienten en las propias sienes el pulso del otro, llegaron hasta la parroquia del Se\u00f1or de Lago Seco. Muerto llev\u00f3 a su madre hasta donde San Antonio cargaba a su muchacho. Tom\u00f3 asiento en el piso y mantuvo su atenci\u00f3n en el mantel de terciopelo rojo que cubr\u00eda la mesa donde despachaba el Santo, y lo acarici\u00f3, como si ello le trajera recuerdos de otra dimensi\u00f3n. Despu\u00e9s se puso en pie, tom\u00f3 a su madre, nuevamente, de la mano y emprendieron el camino de vuelta hacia su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Construir una cisterna, un cubo de tres por tres metros, le llevar\u00eda, aproximadamente, quince d\u00edas a cualquier maestro alba\u00f1il. Los veinticinco a\u00f1os que lleva Muerto cavando ese foso se redujeron a tres d\u00edas, sin que el cuarto d\u00eda llegara nunca, perdido en una espiral continua que no desciende ni asciende, interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>En su mente, Guapa es el que viene de las estrellas, quien le ayuda a cavar, quien come con \u00e9l los deliciosos tacos de queso de puerco con chiles en vinagre, quien le dice sin hablar que son los mejores alba\u00f1iles de la colonia, los de mejor reputaci\u00f3n; tambi\u00e9n es quien se va con la tarde y se pierde en las bien trazadas calles de Lago Seco, andando bajo las modernas l\u00e1mparas led del alumbrado p\u00fablico, sin temores. El que regresa al d\u00eda siguiente para continuar la rutina. Es quien no dice nada, a quien nadie ve, s\u00f3lo Muerto. El amigo que desea ser bailar\u00edn porque tiene un hermano en Nueva York, el amigo que todos piensan imaginario, y para Muerto es realidad, su realidad, su deseo, \u00e9l y el otro, uno solo, indivisibles. El que desea unos zapatos de charol de dos colores, porque todos deber\u00edamos tener unos zapatos as\u00ed, unos zapatos limpios, los que nos plazcan, los que nos gusten, los que se amolden mejor a nuestros pies. Los pulcros zapatos de charol y agujeta para bailar la m\u00fasica de las estrellas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parte II Estos y muchos otros recuerdos rondaban la mente de Muerto, como volutas de humo de cigarro, a cada paletada de tierra que sal\u00eda del agujero que \u00e9l y Guapa hab\u00edan cavado desde hac\u00eda tres d\u00edas. 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