{"id":10419,"date":"2021-10-20T23:31:23","date_gmt":"2021-10-21T04:31:23","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=10419"},"modified":"2021-10-20T23:39:06","modified_gmt":"2021-10-21T04:39:06","slug":"la-asamblea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/10\/20\/la-asamblea\/","title":{"rendered":"La Asamblea"},"content":{"rendered":"\n<p>Son las siete horas m\u00e1s veinticinco minutos de la ma\u00f1ana. Oficinistas, comerciantes, v\u00edctimas de la resaca y vecinos atraviesan la Plaza de Santo Domingo y el Portal de los Evangelistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Del otro extremo de la acera un saludo emerge estruendoso, todos lo escuchan, pero nadie presta atenci\u00f3n. Es un recordatorio familiar para Canalla. El aludido responde mostrando el codo para corresponder en la misma medida con un saludo para la progenitora de su interlocutor.<\/p>\n\n\n\n<p>Un aire fr\u00edo que despelleja recorre las calles. Los vendedores circulan en sus veh\u00edculos integrados: anafre, tamales, atole y rocola, todo en combo. Los parroquianos se abastecen con los de verde, los de rojo, los de rajas y los de dulce; otros piden su guajolota, para que el cuerpo sienta lo que recibe y las reservas cal\u00f3ricas alcancen para la jornada laboral que se avecina.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el mes de julio de cada a\u00f1o, se celebra la encerrona en casa de El Sastre. Todos est\u00e1n convocados. Cada miembro del club puede llevar, m\u00e1ximo, un invitado. Entre los m\u00e1s notables, los que nunca fallan, est\u00e1n: Patotas, Salem, Maya, Esther, Roche, Canalla y Concha La Charra. Aunque La Asamblea ha llegado a conformarse por m\u00e1s de treinta participantes, entre asiduos e invitados. S\u00f3lo dejan de asistir los que mueren: se les recuerda con an\u00e9cdotas, siguen formando parte de la mesa, en la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay reglas b\u00e1sicas no escritas: cada uno puede acudir con la bebida alcoh\u00f3lica de su preferencia. No hay obligaci\u00f3n de compartir, a\u00fan la solidaridad se destaca como gesto de generosidad. Las enormes bolsas van llenando sus panzas negras con botellas vac\u00edas de todo tipo de bebidas de los dioses. Cada uno elige su propio veneno y decide cu\u00e1ndo detenerse. No es obligaci\u00f3n permanecer hasta el final de la reuni\u00f3n. Tampoco es competencia. Todo es voluntario. Todos tienen oficio u ocupaci\u00f3n, hay comerciantes, ladrones, coyotes de la casa de empe\u00f1o, empleados de imprentas, meseros, prostitutas y el propio Sastre, que es el anfitri\u00f3n. No hay cuota. La cortes\u00eda aprovisiona a los seguidores de Baco que desinteresadamente comparten viandas variadas que sirven para recuperar un poco las fuerzas: pollos rostizados, tortas de pierna y jam\u00f3n, tamales, tacos de carnitas, quesadillas, sopes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Todos salen a cumplir con sus labores y, cuando vuelven, siempre regresan con alguna aportaci\u00f3n alimenticia. Un buen n\u00famero de ellos se mantiene firme y atento durante los momentos m\u00e1s cr\u00edticos de la batalla, hasta que la sesi\u00f3n se levanta. Duermen a ratos, el resto del tiempo lo dedican a beber, a escuchar o emitir alg\u00fan comentario ocasional. Tambi\u00e9n hay momentos de introspecci\u00f3n colectiva, ah\u00ed el silencio manda: cada uno escudri\u00f1a en su interior y convive con sus demonios.<\/p>\n\n\n\n<p>Canalla abandona un momento La Asamblea, llama a su madre por tel\u00e9fono y argumenta que est\u00e1 detenido; no menciona el delito, pero Do\u00f1a se inquieta y manda al Trosmoya, su nieto, a rescatar a Canalla que dio se\u00f1as de estar en la delegaci\u00f3n de El Carmen. Do\u00f1a arma caballero a Trosmo, le da una bolsa de papel atiborrada con tortas de huevo con Jam\u00f3n, tambi\u00e9n le da varios billetes y le insiste que los debe guardar muy bien en la pretina del pantal\u00f3n, entre el resorte del calz\u00f3n y la incipiente lonja del regordete.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa llegas a la delegaci\u00f3n y preguntas por tu t\u00edo, les mencionas su nombre. Preguntas de cu\u00e1nto es la multa, la pagas y te fijas que lo dejen salir \u2014dice inocente Do\u00f1a. Ella se gana la vida en una ventanita revendiendo pan que merca en la panader\u00eda La Macarena de la colonia Maravillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Trosmoya aborda el cami\u00f3n que lo lleva al metro y luego de una serie de caminatas se apersona frente al secretario de actas que lo saca del error y le dice que nadie con el nombre mencionado ha sido remitido a esa delegaci\u00f3n durante las horas recientes.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho da media vuelta y camina hacia la calle; desde ah\u00ed, Canalla, quien lo ha estado observando acompa\u00f1ado por su camarada Patotas, lo toma del brazo y le pregunta ansioso por el dinero. Trosmoya le extiende la bolsa de tortas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, wey. El dinero. C\u00f3mete las tortugas o t\u00edralas \u2014dice fastidiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Canalla extiende la mano y da un zape en la choya a Trosmo. El muchacho se soba la mollera y se aleja con su bolsa de tortas. A\u00fan est\u00e1n calientes y decide comerse una. El recorrido hasta la delegaci\u00f3n le provoc\u00f3 apetito.<\/p>\n\n\n\n<p>Camina por las calles repletas de comercios establecidos y callejeros. Buzo con la rata \u2014le ha insistido su t\u00edo Canalla\u2014. Uno se la sabe porque es rata coluda de ojos rojos y cola pelada, pero t\u00fa tienes cara de wey y llamas la atenci\u00f3n para barquearte \u2014 Insiste Canalla a quien ya lo agarraron dos veces por mano larga y, en ambas ocasiones, su santa jefecita lo ha librado de ir parar a la grande. Hasta los judas insisten en darle calendario por ser cliente frecuente.<\/p>\n\n\n\n<p>Trosmoya camina alerta entre los puestos de ropa, de fayuca, de fritangas, pero mantiene el temple. Total, si la rata lo atrapa, s\u00f3lo le birlar\u00e1 cuatro tortas de jam\u00f3n con huevo y chile en vinagre, y algunos pesos que le dio la abuela para el cami\u00f3n de regreso.<\/p>\n\n\n\n<p>En la calle Soledad, Trosmo hace como que no mira, pero echa ojo a las muchachas de mega cintur\u00f3n. Mira la fila de mirones que apretujan sus chamarras contra el est\u00f3mago intentando cubrir su excitaci\u00f3n. Se conforman con entretenerse como el perro del carnicero: mirando la carne y haci\u00e9ndose las ilusiones. Dos diableros se enfrentan, charrasca en mano, para arreglar diferencias. El respetable ni se inmuta, s\u00f3lo abre cancha: no vaya a ser que se les vaya un fierrazo y uno sin deberla ni temerla termine con la panza dividida. Canastas de limones amarillos son ofertados por kilo, los verdes son m\u00e1s caros porque el tiempo que les falta por madurar permite al cliente que pueda almacenarlos un tiempo mayor. El ambiente huele a canela, clavo, comino, chile piqu\u00edn, chile de \u00e1rbol, guajillo, pasilla, morita; flota el olor a cart\u00f3n, madera, fruta, sudor rancio y lodazal.<\/p>\n\n\n\n<p>Trosmoya pone especial atenci\u00f3n en una mulata, una Rarotonga de la jungla de asfalto con peinado afro y enormes arracadas doradas que le besan sus cachetes brillantes como de aceituna negra. A sus quince a\u00f1os, el chiquillo imagina cosas y prefiere alejarse a toda prisa del demonio de la tentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En casa de El Sastre, Canalla ocupa su lugar: hay parque para seguir la batalla, cortes\u00eda de su jefecita. Roche trabaja en una farmacia, propiedad de su t\u00edo, hurta las drogas controladas y las vende entre los adictos del barrio. El Sastre s\u00f3lo toma descansos entre proyecto y proyecto, su mayor orgullo es vestir artistas. En su sala tiene una enorme foto autografiada de la cantante Lucha Villa, enmarcada en bronce. Al pie de la foto, una l\u00e1mpara el\u00e9ctrica se mantiene encendida, d\u00eda y noche, devotamente. La \u00fanica licencia que se toma El Sastre en su propia casa es la interpretaci\u00f3n, hace play back a las canciones de Lucha, se hace acompa\u00f1ar por el mariachi tocacintas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ya te ped\u00ed perd\u00f3n\/ y no me quieres perdonar\/ qu\u00e9 quieres que yo haga\/ que me quede o que me vaya\/ porque no puedes evitar\/ que lo quiera\/ es m\u00e1s, lo amo\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dices que me quieres y hasta la madre me mientas \u2014grita la concurrencia que festeja los ademanes y gesticulaciones de El Sastre, quien repite cada noche el espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>De vuelta en casa, Trosmoya es acosado por la abuela que insistente pregunta: \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u00bfC\u00f3mo est\u00e1? \u00bfPagaste la fianza? \u00bfLo dejaron salir? \u00bfYa hab\u00eda comido? \u00bfEstaba flaco? \u00bfLo golpearon? \u00bfQu\u00e9 hizo? \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1gilmente, el muchacho responde las preguntas con respuestas m\u00e1s piadosas que objetivas. \u00bfC\u00f3mo responder que el asunto de la delegaci\u00f3n se trataba s\u00f3lo de un burdo chantaje sentimental? Pero Trosmo no era qui\u00e9n, o, por lo menos, as\u00ed lo entend\u00eda, para erigirse en juez de los involucrados: Do\u00f1a, dispuesta al chantaje y al sacrificio por el v\u00e1stago, muy al estilo de Sarita Garc\u00eda; Canalla, convencido de que sacar ventaja de la disposici\u00f3n de Do\u00f1a no significaba m\u00e1s que darle al p\u00fablico consumidor lo que sus propias pretensiones requer\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Trosmoya reci\u00e9n ha presentado el examen de admisi\u00f3n al bachillerato. El cartero se ha convertido en el personaje m\u00e1s esperado de la colonia, una especie de \u00e1ngel o demonio, dependiendo del tama\u00f1o del sobre que entregue.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el envoltorio es grande, los documentos del interesado le est\u00e1n siendo devueltos junto con una carta de agradecimiento por su inter\u00e9s por pertenecer a la Universidad Nacional. La llegada de un sobre peque\u00f1o significa que el interesado debe llenar una serie de formatos y presentarse al plantel universitario que le ha sido asignado.<\/p>\n\n\n\n<p>En casa de El Sastre, est\u00e1n por cumplirse dos semanas de encerrona. Un gato callejero, a quien le gusta colarse por la ventana abierta del taller, disfruta del pellejo adherido a las sobras de pollo rostizado dentro del bote de desperdicios. Nadie hace caso del peludo, le han tomado cierto aprecio por su desparpajo a la hora de tirarse panza arriba sobre la alfombra persa que sirve de camino entre la sala y la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>La alfombra es regalo de un cliente agradecido de El Sastre: cada a\u00f1o lo visita desde el Medio Oriente para que le confeccionen quince trajes con telas finas diferentes que \u00e9l mismo ha comprado en sus viajes por el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando, cada uno, atento a sus propios tiempos, responsabilidades y exigencias, sale a trabajar o hacer negocios, o bien, a llamar por tel\u00e9fono a sus respectivas familias para avisar que est\u00e1n bien y cerciorarse de que la familia tambi\u00e9n lo est\u00e1. Despu\u00e9s vuelven a La Asamblea con su respectiva bebida y su bolsa de viandas para compartir.<\/p>\n\n\n\n<p>El Sastre, ocasionalmente, sale de su taller que est\u00e1 contiguo a la sala, vuelve al pleno, y bebe un par de copas. Agita nerviosamente las manos, como expulsando, a borbotones, cargas el\u00e9ctricas invisibles hacia el techo. Despu\u00e9s regresa al trabajo, mientras cada uno en La Asamblea regurgita sus propios pensamientos, distribuidos sobre la amplia mesa del comedor y los amplios sillones de la sala.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado trece d\u00edas desde que inici\u00f3 La Asamblea de este a\u00f1o. Las bajas han sido numerosas. S\u00f3lo quedan varones. El ruido de las m\u00e1quinas de coser, en el taller contiguo, apuntalando telas y forros semejan una sinfon\u00eda de metales ardiendo en el purgatorio. Es tan constante, que en cierto momento del d\u00eda y de la noche, el o\u00eddo termina por acostumbrarse, por volverse un amasijo de esp\u00edritus exaltados y m\u00e1quinas adheridas a las almas de todos los integrantes del pleno.<\/p>\n\n\n\n<p>En casa de Canalla, Trosmoya espera con ansia la llegada del sobre con su carta de aceptaci\u00f3n al bachillerato. Calma un poco las ansias acuchillando los bultos de frijol en la incipiente bodega de la tienda de Do\u00f1a. Hay cajas de cerveza apiladas, rejas de refresco, bultos de frijol y ma\u00edz quebrado para alimentar a las gallinas. El cartero hace sus entregas a bordo de una bicicleta. Su uniforme decolorado por el sol muestra que tuvo mejores \u00e9pocas: los botones de su chaqueta, cosidos y recosidos amenazan con crisparse debido a la contenci\u00f3n extrema de su rechoncho vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed han transcurrido ocho d\u00edas de espera del sobre, tambi\u00e9n de acuchillamientos al costal de frijol. Cualquier pitido acelera el pulso de Trosmo cuando se confunde con el silbato del cartero. Hasta el afilador de cuchillos puede inquietar un alma que espera noticias. La abuela lo sentencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si no te aceptan en la escuela, vas a trabajar en la tienda. Ni que fu\u00e9ramos ricos para inscribirte en una escuela particular.<\/p>\n\n\n\n<p>El propio t\u00edo Canalla tambi\u00e9n propuso empleo para Trosmoya, en caso de no ser aceptado en el bachillerato:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tengo amigos que chambean coyoteando en el Monte de Piedad; tambi\u00e9n puede irse de machetero con el don de la casa de materiales, tambi\u00e9n de chal\u00e1n con los Pechochos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Pechochos son un par de alba\u00f1iles contratados por la abuela para construir formalmente el primer nivel de su casa. Gustan del pulque ma\u00f1anero y despu\u00e9s duermen la mona en el interior del tinaco vac\u00edo. Se dicen \u201cpechocho\u201d, con cari\u00f1o, uno al otro, por eso el mote que les acompa\u00f1a y no les incomoda. Trosmoya trabaj\u00f3 como chal\u00e1n, durante una semana con los Pechochos, ah\u00ed decidi\u00f3 que lo suyo no era la asoleada ni amarrar tendidos de varillas para la losa.<\/p>\n\n\n\n<p>En casa de El Sastre se hizo de noche. Aunque en este sitio es indistinto conocer la hora por la luz natural del sol: las pesadas cortinas de terciopelo rojo obstruyen cualquier contacto con el exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>El gato, con su pelaje esponjado, hurga en el bote de los desperdicios. Otra bolsa negra, grande, desborda botellas vac\u00edas. Pese al nutrido n\u00famero de d\u00edas que La Asamblea ha sesionado, el m\u00ednimo orden se ha mantenido: la mesa sin moronas ni desperdicios y el ba\u00f1o ha sido lavado un par de veces.<\/p>\n\n\n\n<p>La mesa nunca ha quedado totalmente vac\u00eda y El Sastre sigue trabajando de forma continua, s\u00f3lo recurre a momentos de descanso espor\u00e1dicos. Ocasionalmente se retira a su rec\u00e1mara, durante un par de horas, despu\u00e9s regresa a La Asamblea, a las telas y a las m\u00e1quinas de coser.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las siete de la ma\u00f1ana. El Sastre luce desmejorado. Mira el gato amodorrado en un coj\u00edn que yace sobre el piso. Todos en La Asamblea lucen como el gato. Hay silencio. S\u00f3lo el gorgoteo de los vasos llenados, de vez en cuando, regalan a los o\u00eddos del respetable su anhelado tintineo. El Sastre apaga la luz de la sala y enciende el mariachi tocacintas, la l\u00e1mpara eterna que rinde tributo a Lucha Villa obsequia sombras chinescas. El gato parece poner atenci\u00f3n a la melod\u00eda. El hombre canta:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Amanec\u00ed otra vez entre tus brazos\/ y despert\u00e9 llorando de alegr\u00eda\/ Me cobij\u00e9 la cara con tus manos\/ Para seguirte amando todav\u00eda\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El Sastre desanuda su corbata \u2014siempre ha sido un partidario de la elegancia\u2014. Mueve los labios e intenta seguir la letra, pero la voz de Lucha parece ir m\u00e1s r\u00e1pido. En perfecta sincron\u00eda, la canci\u00f3n termina, el artista cae de rodillas y un estruendoso aplauso espanta el gato que huye por la ventana abierta del taller. El Sastre sigue de rodillas sobre su alfombra persa. La Asamblea guard\u00f3 silencio unos minutos. El artista vive del aplauso y recibe el ba\u00f1o de las palmas que al ego bien le sienta en todo momento.<\/p>\n\n\n\n<p>. Los miembros de La Asamblea se disponen a ordenar el lugar. No hay prisa. Canalla se ofrece a sacar la bolsa repleta de botellas, arrastra la bolsa por la Plaza de Santo Domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cami\u00f3n recolector de basura est\u00e1 al otro extremo de la plancha. Piensa en llamar a su madre para aplicar la del chantaje y obtener unos billetes. Del otro lado de la l\u00ednea, Trosmoya levanta el auricular y reconoce la voz de su t\u00edo. Aunque es temprano, finge que el cartero toca la puerta y deja descolgada la bocina. Recargado en la caseta telef\u00f3nica, Canalla se cansa de esperar en la l\u00ednea. Cuelga el tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>Un saludo estruendoso emerge del Portal de los Evangelistas. Canalla ense\u00f1a el codo mostrando los debidos respetos para la progenitora de su interlocutor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las siete horas m\u00e1s veinticinco minutos de la ma\u00f1ana. Oficinistas, comerciantes, v\u00edctimas de la resaca y vecinos atraviesan la Plaza de Santo Domingo y el Portal de los Evangelistas. Del otro extremo de la acera un saludo emerge estruendoso, todos lo escuchan, pero nadie presta atenci\u00f3n. Es un recordatorio familiar para Canalla. 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