{"id":10199,"date":"2021-10-04T19:07:16","date_gmt":"2021-10-05T00:07:16","guid":{"rendered":"https:\/\/arzatenoticias.com\/?p=10199"},"modified":"2021-10-04T19:07:17","modified_gmt":"2021-10-05T00:07:17","slug":"unos-zapatos-grandes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/2021\/10\/04\/unos-zapatos-grandes\/","title":{"rendered":"Unos zapatos grandes"},"content":{"rendered":"\n<p><em><strong>Para Yoy<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con los dedos \u00edndice y medio toma un poco de base blanca y la unta sobre su rostro. La base es importante, es como el lienzo virgen que sustenta los trazos del artista. Las cejas, por su parte, son un elemento que armoniza el conjunto; arqueadas o pronunciadas, se conjugan en este ritual de la exageraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sabe que el maquillaje es un elemento primordial para el artista, igual de importante que el vestuario, es como el cuerpo mismo que se transforma de acuerdo con los tiempos esc\u00e9nicos. Vaya, como la vida misma. Es el arte de la vida misma.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00e9l empezaron a habitar deseos de ni\u00f1o hasta transformarse gradualmente en ambiciones de artista. Desde peque\u00f1o denotaba una gracia muy particular para hacer re\u00edr a los dem\u00e1s. La banda de chiquillos del barrio festejaba sus ocurrencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Payaso era especial para las travesuras. Su mejor amigo era Jojoy, mejor conocido como el <em>Dientei de Serrucho<\/em>. \u00c9ste se gan\u00f3 su sobrenombre debido a su problema de pronunciaci\u00f3n: susitu\u00eda las letras \u201cerre\u201d y \u201cese\u201d por la letra \u201ci\u201d. De modo que si Jojoy intentaba piropear a una joven con la frase:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u201cNo muevas tanto la cuna porque despiertas al ni\u00f1o\u201d, terminaba diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u201cNo muevai tanto la cuna poique deipieitai al ni\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos piropos de Jojoy hac\u00edan re\u00edr a las j\u00f3venes y le ganaron innumerables amigas al atrevido mozalbete. A ellas no les importaba que el rat\u00f3n le hubiera devorado la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>Payaso y Jojoy eran compa\u00f1eros en la telesecundaria del barrio. Juntos echaban a andar las m\u00e1s notables travesuras: romp\u00edan los focos de las marquesinas, pintarrajeaban paredes, escrib\u00edan recados de amor an\u00f3nimos y los depositaban en los buzones de las casas de los maridos m\u00e1s celosos en la colonia. Mataban clase para irse a recorrer la colonia Maravillas, siempre atentos a las posibles miradas de familiares y vecinos. Compraban un peso de tortillas y un chile en vinagre, se sentaban a la orilla de la banqueta y consum\u00edan el taco y el tiempo hasta llegada la hora de salida de la escuela. Sus respectivas situaciones familiares, en ninguna forma representaban un motivo para amargarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Jojoy era hijastro de un proxeneta que golpeaba por igual a su madre, a \u00e9l y a su hermano. El padrastro era tipo de baja estatura que compensaba sus complejos con bravatas y golpes. Para el muchacho resultaba m\u00e1s pr\u00e1ctico salir de casa desde temprano y regresar por la noche, pero su madre le exig\u00eda que volviera a la hora de la comida, despu\u00e9s de salir de la telesecundaria. Esa era la \u00fanica hora obligada en que deb\u00eda reportarse Jojoy. As\u00ed evitaba encontrarse con su padrastro que, por lo general, dorm\u00eda la mona despu\u00e9s de fumarse un churro. Los horarios del hombre fuera de la casa estaban entre las ocho de la noche y las diez de la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>A las seis con cuarenta de la tarde, el hombre deb\u00eda tener el agua caliente y a la temperatura correcta en un cubo de agua y lista en el improvisado ba\u00f1o. Un rastrillo con navaja nueva \u2014deb\u00edan dejar a la vista la envoltura de la navaja para que \u00e9l pudiera comprobarlo\u2014, un jab\u00f3n para su uso exclusivo que le prove\u00eda un tendero del mercado y que consegu\u00eda sobre pedido en las tiendas grandes de la calle Jes\u00fas Mar\u00eda. Las chanclas deb\u00edan estar listas al pie del camastro donde dorm\u00eda, y la ropa, perfectamente planchada y doblada sobre la silla de madera. Un trozo de espejo de regular tama\u00f1o, carcomido por la humedad le devolv\u00eda su luminosa sonrisa cuando orgulloso peinaba con vaselina su copete estilo Elvis Presley. Al pie del espejo, sobre una repisa, siempre en perfecto orden: un tarro grande de crema Teatrical, un peine de carey, un estuche con lentes ahumados tipo gota y un corta u\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque aquellos objetos eran de uso exclusivo del rey de la casa \u2014as\u00ed lo hab\u00eda declarado el propio monarca\u2014, y ning\u00fan mocoso jijo de la tiznada ten\u00eda derecho a hacer uso de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Primero deben aprender a ganar el dinero, para poder disfrutar de lo bueno. Por lo pronto s\u00f3lo son piojos, alima\u00f1as que no producen, que s\u00f3lo chupan la sangre de la gente que s\u00ed trabajamos, que somos productivos \u2014era el serm\u00f3n inspirador que daba el hombre a sus entenados.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre s\u00f3lo guardaba silencio y bajaba la cabeza: cualquier mirada que pudiera ser interpretada por el hombre como una contravenci\u00f3n de sus palabras resultaba en una andanada de puntapi\u00e9s contra los insurrectos, quienes se limitaban a tirarse sobre el piso y adoptar la posici\u00f3n del caracol: encoger las piernas debajo del abdomen, cubrir con las manos la cabeza y ser d\u00f3ciles ante la voluntad del soberano que se jactaba de tener dos mujeres en el negocio de la diversi\u00f3n, y gracias a ellas, y a su talento y finura, hab\u00eda comida en la mesa de ese cuchitril al que s\u00f3lo regresaba porque era un hombre piadoso de verdad a quien deb\u00edan agradecer \u2014remataba su continua perorata.<\/p>\n\n\n\n<p>Payaso, por su parte, s\u00f3lo ten\u00eda un hermano. Era hijo de padre alcoh\u00f3lico y madre esquizofr\u00e9nica. Por las tardes trabajaba en la tienda de La Chata acomodando las botellas retornables en sus rejas de pl\u00e1stico.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a la tienda hab\u00eda un terreno bald\u00edo que hac\u00eda las veces de basurero. Ah\u00ed los chiquillos se entreten\u00edan apedreando ratas que rascaban hoyos en la tierra y lagartijas que asoleaban sus rugosas pieles sobre las bardas de tabique salitroso. Muchos ten\u00edan la sangre fr\u00eda para apuntar y disparar proyectiles certeros contra los bichos que, con la mejor de las suertes, s\u00f3lo perd\u00edan alguna extremidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El bald\u00edo conservaba un tramo de mamposter\u00eda de aproximadamente un metro de alto. Monumento a la eterna construcci\u00f3n inconclusa en el barrio. La banda de bribones brincaba sin problemas aquel obst\u00e1culo para convertirse en pepenadores ocasionales de latas o botellas.<\/p>\n\n\n\n<p>A la tienda de La Chata acud\u00edan los parroquianos para beber cervezas enfriadas en una hielera de l\u00e1mina. Frecuentemente, los bebedores eran presa de la extorsi\u00f3n policiaca bajo el argumento de que estaba prohibido ingerir bebidas embriagantes en la v\u00eda p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, todas las tardes, una pareja de payasos se internaban en la noche sentados sobre aquel trozo de frustrada cimentaci\u00f3n. Compraban varias cervezas en la tienda y fumaban cigarros Casinos, dejando cementerios nutridos de colillas a su alrededor. El hombre, que aparentaba, por su andar, m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, en cada sorbo a su bebida mostraba sus enc\u00edas desdentadas y miraba de reojo a la mujer, quien, t\u00edmida, daba tragos largos que provocaban la espuma en la botella. De sus rostros blancos destacaban dos pares de ojos peque\u00f1os como estrellas. Era una especie de maquillaje de aparente ausencia, con unos labios tan rojos como una rebanada de sand\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel par, signo inequ\u00edvoco de que el circo se hab\u00eda instalado sobre la calle siete, abonaban un paisaje diferente. La banda de peque\u00f1os rufianes sigui\u00f3 con atenci\u00f3n sus movimientos durante tres d\u00edas continuos, sin atreverse a molestarlos, incluso, sin la m\u00ednima aproximaci\u00f3n. Eran regulares en su hora de llegada a la tienda: unos minutos, apenas pasadas las nueve de la noche; una vez que el p\u00fablico ingresaba a la \u00faltima funci\u00f3n, y ellos estaban libres de sus ocupaciones: lanzaban fuego durante dos horas continuas a la entrada de la enorme carpa para atraer espectadores, desde las siete hasta las nueve de la noche. El due\u00f1o del circo afirmaba que la mejor funci\u00f3n, la m\u00e1s concurrida era la \u00faltima.<\/p>\n\n\n\n<p>Los payasos cara blanca aparecieron al tercer d\u00eda en la tienda; tras varias cervezas y cigarros, algo en su coraz\u00f3n aceler\u00f3 sus motores; tal vez era la gasolina que se filtr\u00f3 hasta su cuerpo, quiz\u00e1, la que no termin\u00f3 por consumirse en el estallido del drag\u00f3n. La cerveza y el tabaco contribuyeron en aquella pirotecnia. Los dos veh\u00edculos de cara blanca, sin darse cuenta, giraron la llave de sus propios motores y su coraz\u00f3n gru\u00f1\u00f3 como un Cadillac afinado y feroz. Porque bast\u00f3 un cambio de luz imperceptible, pasaron del preventivo al verde intenso y juntaron sus labios en un beso, lubricado como un cig\u00fce\u00f1al en perfecto estado. As\u00ed, pasaron a segunda, y luego a tercera, hasta que sus m\u00e1quinas, ansiosas por devorar el camino del otro, por rasgu\u00f1ar y clavar sus afilados neum\u00e1ticos sobre asfalto de los cuerpos, los estaba tornando en cl\u00e1sicos que deben tratarse con sumo cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en aquel desboque de la m\u00e1quina, no hubo clutch, ni balata, ni freno de motor. Era un camino interminable de bajada. Sus besos acelerados rompieron la tarde. Untaron sus lenguas sobre el maquillaje barato de sus rostros. Se besaron el cuello, y sus manos trazaron nuevas rutas bajos aquellos trajes desgastados, renegridos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los peque\u00f1os gandules contemplaron curiosos aquellos besos, aquel amor que los payasos se dieron a su manera, sin recatos, incendiario, provocador, extra\u00f1o por desconocido; en el mismo lugar donde cazaban lagartijas y ratas. Los chiquillos s\u00f3lo miraron, mudos, sin gestos, como posando para una fotograf\u00eda; voyeristas de ocasi\u00f3n asom\u00e1ndose a otras realidades, estatuas de sal cuyo pecado, si algo pudiese imput\u00e1rseles, hubiese sido la oportunidad: estaban en el momento justo y en el lugar preciso. Cualquier juez, bajo esas circunstancias, no dudar\u00eda: culpables. Milagrosamente, ninguna de las madres de familia se apersonaba a esa hora en la tienda de La Chata. No hab\u00eda motivo para temer que alguien rompiera la escena. Las estufas deb\u00edan estar cociendo la cena y los tendederos soportando grandes cargas de ropa extendida, lista para orearse toda la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Payaso y Jojoy rompieron aquel silencio atronador, tan lleno de preguntas, tan desbordante. En sus respectivos hogares, la mejor aproximaci\u00f3n al verbo amar se relacionaba con los verbos tragar: \u201csi no te quisiera no te dar\u00eda de tragar\u201d; golpear: \u201cporque te quiero te pego\u201d; habitar: \u201cdale gracias a Dios que tienes un techo y no andas como perro en la calle dando l\u00e1stimas\u201d \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No muevai tanto la cuna poique deipieitai al ni\u00f1o \u2014dijo Jojoy.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jojoy dientei de serrucho \u2014dijo Payaso y una feroz carcajada hizo que La Chata de la tienda saliera a correr con agua a los chamagosos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00d3rale, a su casa o le voy a decir a sus madres lo que estaban viendo \u2014amenaz\u00f3 la dependienta y los chamacos corrieron en desbandada.<\/p>\n\n\n\n<p>Los payasos cara blanca, atolondrados, medio abotonaron sus ropas, y caminaron abrazados, tambaleantes en direcci\u00f3n al circo, a cinco calles de distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os transcurrieron. Payaso se cas\u00f3 joven y se convirti\u00f3 en padre con las obligaciones que ello implica. Ejerci\u00f3 diferentes oficios: fue ayudante de taquero, pero picar cebolla y lavar las tripas le causaba llanto y repulsi\u00f3n; fue morrongo, pero la sangre le daba asquito; como ayudante de alba\u00f1il tambi\u00e9n fracas\u00f3 porque la mezcla le quedaba aguada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los caminos de Dios son inescrutables, y Payaso encontr\u00f3 la oportunidad de oro para ejercer profesionalmente el trabajo so\u00f1ado, aquel que garantiza hacer lo que a cada uno le gusta y, adem\u00e1s, recibir un salario por ejercerlo: se transform\u00f3 en un aut\u00e9ntico payaso. Al principio no fue f\u00e1cil. Aprender las rutinas y perfeccionarse en el dif\u00edcil arte de hacer re\u00edr le cost\u00f3 varios litros de l\u00e1grimas: hubo quienes se negaron a pagarle bajo argumentos absurdos, y tambi\u00e9n recibi\u00f3 amenazas de muerte porque no hizo re\u00edr al padre del festejado. Pero qui\u00e9n puede hacer re\u00edr a un tipo drogado con solvente que se siente m\u00e1s gracioso que el artista.<\/p>\n\n\n\n<p>Historias de este tipo le sucedieron con frecuencia. Regularmente, los chiquillos malcriados le arrancaban las narices postizas; en la mente de muchos estaba la idea de que agredir al payaso era un derecho, aceptable por aquello de \u201cel que paga manda\u201d, y \u201csi no le gusta hacer re\u00edr, para qu\u00e9 se alquila\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hubo intentos fallidos de parroquianos que se cre\u00edan graciosos e intentaron alburear al payaso sin medir las consecuencias; porque en eso de Mel\u00f3n y Melames, el payaso se pintaba solo y r\u00e1pido como pronto les daba la vuelta y los volteaba de rev\u00e9s en su ignorancia supina, en lo m\u00e1s b\u00e1sico: el lenguaje del barrio. Pero a nadie le gusta perder, y menos ser albureados con inteligencia, por eso se victimizaban, y se negaban a pagar el espect\u00e1culo porque el payaso les hab\u00eda exhibido en sus primitivas pretensiones de joder a alguien, porque Payaso entend\u00eda bien aquello de la dignidad del artista. Porque les falt\u00f3 barrio y sensibilidad para saber d\u00f3nde y cu\u00e1ndo. Porque su jefita s\u00f3lo les dijo que eran bonitos y ellos lo creyeron. Porque pensaron que s\u00f3lo ellos pod\u00edan ser malos y gandallas. Y de eso, payaso sab\u00eda mucho, y Jojoy, y la banda de chamagosos tambi\u00e9n. Porque Payaso estaba gan\u00e1ndose el pan haciendo algo que le gustaba, y que disfrutaba desde ni\u00f1o: hacer re\u00edr. Porque sab\u00eda que vivir amargado es un pesar. Por eso Payaso sal\u00eda de su casa, casi todas las tardes de s\u00e1bado y domingo, y se persignaba pidi\u00e9ndole a Dios que le evitara tratos con tipos frustrados y gandallas.<\/p>\n\n\n\n<p>Este d\u00eda, Jojoy toma en sus manos la urna que contiene las cenizas de Payaso. Con un trozo de papel higi\u00e9nico quita el polvo que ha logrado colarse al nicho donde reposa desde hace varios a\u00f1os. Esas inescrutables rutas divinas lo llevaron a formar una nueva familia en un pa\u00eds de Sudam\u00e9rica, donde muri\u00f3. S\u00f3lo la mitad del polvo al que volvi\u00f3, seg\u00fan reza la sentencia b\u00edblica, regres\u00f3 al pa\u00eds. La otra mitad se qued\u00f3 all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Jojoy resiste las ganas de re\u00edrse, porque aprendi\u00f3 a re\u00edr en la tragedia. Porque le causa gracia que su mejor amigo est\u00e9 metido en una caja de madera aparentando ser la mism\u00edsima muerte: bufona, vac\u00eda, blofera y fanfarrona. Est\u00e1 seguro de que el Payaso est\u00e1 actuando.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que el empleado del pante\u00f3n coloca el seguro en el nicho. Jojoy imagina a su amigo Payaso cumpliendo el viejo ritual del maquillaje. Mira su rostro tipo Augusto, aunque siempre ha sabido que su coraz\u00f3n era <em>Tramp<\/em> o vagabundo. Sabe por \u00e9l que la mera existencia requiere de unos zapatos grandes.<\/p>\n\n\n\n<p>En el camposanto, la voz y las risotadas de dos c\u00e1bulas se escuchan claramente piropeando j\u00f3venes imaginarias: \u201cNo muevai tanto la cuna poique deipieitai al ni\u00f1o\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Yoy Con los dedos \u00edndice y medio toma un poco de base blanca y la unta sobre su rostro. La base es importante, es como el lienzo virgen que sustenta los trazos del artista. Las cejas, por su parte, son un elemento que armoniza el conjunto; arqueadas o pronunciadas, se conjugan en este ritual [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[180],"tags":[],"class_list":["post-10199","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10199","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10199"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10199\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10201,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10199\/revisions\/10201"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10199"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10199"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arzatenoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10199"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}