Ciudad de México, 09 de febrero de 2026.- La transformación digital del sistema financiero en América Latina entra en una fase decisiva porque la convergencia entre banca tradicional y fintech responden a un cambio estructural en los hábitos de consumo, encabezado por la Generación Z, un segmento que comienza a ejercer una presión sobre la forma en que las instituciones diseñan sus productos, gestionan el riesgo y construyen confianza.
En México, esta generación representa un mercado, de más de 31 millones de personas que crecieron en entornos digitales, con un uso intensivo del móvil y expectativas claras de inmediatez, personalización y control sobre su información. Para este segmento, la experiencia digital no es un valor agregado, sino un requisito básico al momento de interactuar con servicios financieros.
Sin embargo, el avance tecnológico convive con un entorno de desconfianza. El Reporte Pulso 7ª Edición, elaborado por Topaz, muestra que 56.2% de los usuarios en América Latina aún desconfía de las plataformas digitales, mientras que 47.3% manifiesta preocupación por el fraude o el robo de información. Esta percepción resulta relevante para la Generación Z, cuya relación con el dinero ocurre casi exclusivamente en canales digitales y que, a nivel global, enfrenta altos niveles de incertidumbre económica y estrés financiero, de acuerdo con estudios de Deloitte.
En este contexto, la confianza digital se convirtió en un activo estratégico para el sistema financiero. Para responder a esta exigencia, las instituciones aceleran la adopción de inteligencia artificial, analítica avanzada y modelos de autenticación más robustos. El estudio de Topaz señala que 53.9% de las organizaciones financieras utilizan inteligencia artificial para la detección de fraude en tiempo real, mientras que 46.7% incorporaron esquemas de autenticación biométrica como parte de sus procesos de validación de identidad.
Más allá de la mitigación de riesgos, estas tecnologías permiten optimizar la experiencia del usuario, reducir fricciones operativas y responder a la expectativa de inmediatez que caracteriza a los consumidores jóvenes. La eficiencia tecnológica, en este sentido, comienza a ser tan relevante como la solidez financiera.
“La Generación Z no separa la experiencia digital de la experiencia financiera. Para ellos, un servicio que no es ágil, seguro y transparente pierde valor de forma inmediata. Por eso, la innovación tecnológica dejó de ser una decisión discrecional y se convirtió en la base para construir confianza a largo plazo”, señaló Jorge Iglesias, CEO de Topaz.
El reporte también subraya el papel que continúan desempeñando los bancos tradicionales y las cooperativas de crédito en materia de educación financiera y alfabetización digital. A diferencia de muchas fintech, que suelen enfocarse en usuarios con mayor sofisticación tecnológica, estas instituciones mantienen una función social relevante al acompañar a distintos segmentos en la adopción de servicios digitales. Reducir el temor al fraude, explicar el funcionamiento de las plataformas y fortalecer la confianza del usuario final se presenta como un desafío comparable al de la modernización tecnológica.
No obstante, el avance enfrenta límites estructurales. Para 42.4% de las instituciones financieras, la infraestructura tecnológica heredada es el principal obstáculo para competir en un entorno digital. Sistemas fragmentados dificultan la integración de nuevas soluciones, limitan la escalabilidad y restringen la operación en tiempo real, factores críticos para atender a un consumidor que espera servicios disponibles 24 horas, con altos estándares de seguridad y personalización.
El Reporte Pulso 7ª Edición concluye que América Latina se encuentra ante una oportunidad relevante para consolidar un sistema financiero más eficiente, seguro e inclusivo, impulsado por la innovación tecnológica y por una mejor comprensión de las nuevas generaciones. Para Topaz, el futuro de la banca no dependerá únicamente de la adopción de nuevas herramientas, sino de la capacidad de las instituciones para construir confianza en un consumidor joven que ya está redefiniendo las reglas del mercado.