Ciudad de México, 5 de febrero de 2026.- En los últimos años, el comportamiento de las tasas de interés en México ha sido uno de los principales focos del análisis macroeconómico, reflejando la evolución de la inflación, la actividad económica y las condiciones financieras globales, así lo dio a conocer el equipo de análisis del holding financiero Skandia México.
Tras un ciclo de alzas muy pronunciadas que llevó la tasa de referencia del Banco de México (Banxico) a niveles que superaron el 11%, el proceso ha cambiado de dirección y se ha iniciado una fase sostenida de reducción que ha colocado la tasa alrededor del 7% hacia finales de 2025 y principios de 2026, marcando el nivel más bajo desde 2022, en respuesta a la desaceleración económica y las condiciones de inflación controlada dentro del rango objetivo del banco central.
Las subidas de tasas que caracterizaron la política monetaria mexicana hasta 2023 y parte de 2024 estuvieron motivadas principalmente por presiones inflacionarias internas y externas. La inflación que alcanzó niveles cercanos a 8–9% en 2022 y 2023 obligó a Banxico a ejercer una política restrictiva con aumentos consecutivos para frenar el alza generalizada de precios y anclar expectativas inflacionarias.
La respuesta fue una escalada de tasas en un entorno donde muchos bancos centrales también ajustaban al alza su política monetaria para combatir presiones inflacionarias globales producto de cuellos de botella en las cadenas de suministro y choques de energía y alimentos postpandemia. El inicio del ciclo de bajas comenzó una vez que la inflación general y la inflación subyacente mostraron señales de moderación y se mantuvieron dentro de o cerca del objetivo establecido por Banxico.
Por otra parte, en Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) ha jugado un papel influyente en el panorama global de tasas. Para inicios de 2026, decidió mantener su tasa de interés de referencia sin cambios en el rango de 3.5% a 3.75%, tras una serie de recortes en 2025 que bajaron la tasa desde niveles más altos.
La postura actual del banco central estadounidense ha sido de pausar los recortes y evaluar los datos económicos entrantes, en un contexto de inflación aún algo por encima del objetivo del 2% y un mercado laboral que, aunque se ha desacelerado, demuestra resiliencia.
En el caso de México, la necesidad de mantener la estabilidad del peso y evitar que la inflación importada se trasladara a los precios internos fue un factor clave. Por otro lado, los motivos que condujeron a las bajas incluyen el retorno de la inflación hacia objetivos o rangos aceptables, señales de menor dinamismo económico, y la percepción de que las tasas restrictivas ya no eran necesarias para contener el avance de precios, abriendo espacio para apoyar la actividad económica.
Mirada al 2026
Hacia 2026, la postura de la Fed es de cautela y prevención, pues si bien la mayoría de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto no han señalado cambios inmediatos en las tasas tras la reunión de enero:
- El mercado espera que puedan darse uno o pocos recortes adicionales más adelante en el año, siempre que la inflación siga moderándose y que el crecimiento del empleo y otros indicadores económicos lo permitan.
- La posible llegada de un nuevo presidente de la Fed tras el mandato de Jerome Powell también introduce un elemento de incertidumbre en la política monetaria estadounidense.
En México, las proyecciones de tasas para 2026 indican que es probable que Banxico continúe con un ciclo de reducciones moderadas, con estimaciones de que la tasa de política podría descender a alrededor del 6% hacia fines de 2026, dependiendo de cómo evolucione tanto la inflación, el crecimiento económico y las condiciones externas.
Con la expectativa basada en encuestas de mercado y análisis de instituciones financieras, que señalan que un entorno de inflación bien anclada y signos de menor actividad económica justifican más ajustes a la baja.
Los motivos que podrían llevar a una nueva elevación de tasas incluyen un repunte inesperado de la inflación por choques externos (como un alza súbita en los precios de energía o alimentos), una depreciación severa del peso que presione precios internos, o un ajuste en la política monetaria global que haga que tasas más altas sean necesarias para mantener la estabilidad de precios.
Por el contrario, factores que podrían empujar las tasas hacia abajo incluyen una mayor desaceleración económica, inflación persistentemente baja o por debajo de las metas, y una mayor comodidad económica que sugiera la necesidad de estímulo para evitar una contracción.
Finalmente, los sectores de inversión más sensibles a los movimientos de tasas son aquellos vinculados a instrumentos de renta fija, créditos y deuda, como los bonos gubernamentales y privados, certificados de depósito, y otros instrumentos de renta fija ven sus precios y rendimientos moverse de forma inversa a las tasas de interés, lo cual impacta en el rendimiento de portafolios conservadores.
Asimismo, sectores como el mercado inmobiliario y créditos al consumo experimentan variaciones en la demanda dependiendo de si las tasas suben o bajan, dado que los costos de financiamiento para hipotecas y préstamos personales influyen en la actividad económica general.
La evolución reciente de las tasas nos recuerda la importancia de mantenernos informados y atentos al contexto económico, entendiendo que los ciclos monetarios son parte natural del funcionamiento de los mercados.