Hay días en que miro mis discos, mis cassettes, mis libros, y siento que ahí aún existe un mundo que resiste y, no es nostalgia, es la constatación de que la llamada generación X somos testigos de la transición más profunda desde que la humanidad aprendió a registrar la memoria.
Los objetos que antes definían nuestra relación con la cultura —un LP, un VHS, un libro subrayado— se volvieron anomalías en un ecosistema donde casi todo es intangible. Y, sin embargo, nadie parece inquietarse por haber perdido la propiedad de lo que consume.
La promesa de la “democratización digital” era sencilla, era aquélla de que todos tendríamos acceso a todo. Pero lo que terminó ocurriendo es otra cosa más perversa, que las plataformas no solo distribuyen contenido; lo filtran, lo jerarquizan y lo sustituyen sin preguntar.
El 65% del catálogo global de Netflix permanece menos de un año antes de desaparecer, según un análisis de What’s on Netflix de 2023. No desaparece por censura ni por falta de valor cultural, sino porque el algoritmo detecta que no genera interacción. En consecuencia, se borra. La memoria colectiva reducida a una métrica de clics. Es la democracia de los idiotas digitales.
Mientras tanto, los materiales físicos continúan en un ritmo que es casi un gesto de desobediencia. Sacar un disco de su funda, colocarlo en un aparato de los años setenta u ochenta—cuando se fabricaban equipos que podían durar décadas— implica una secuencia que el cerebro reconoce casi como un ritual de iniciación: pausa, anticipación, escucha consciente.
El sonido tiene textura, imperfección, aire, hasta fallas. En lo digital, en cambio, todo está comprimido para ser perfecto y uniforme, brillante y frío. Es funcional, sí, pero ese mismo perfeccionismo borra matices que antes nos recordaban que seguíamos aquí, encarnados en un mundo material.
El otro lado de esta ecuación es la velocidad, la rapidez y la inmediatez. Hoy cualquier obra está a un clic de ser eliminada o perpetuada. Esa inmediatez tiene su utilidad, pero también un costo ya que la información deja de convertirse en conocimiento.
La UNESCO ha documentado que la exposición continua a estímulos digitales ha reducido la capacidad de concentración promedio a lapsos cercanos a ocho segundos en entornos de alta saturación. Es difícil digerir algo cuando la mente está entrenada para saltar al siguiente contenido antes de terminar de procesar el anterior.
Y mientras todo esto ocurre, la inteligencia artificial (IA) entra al terreno cultural como sustituto —o competidor— de los creadores. Produce imágenes, música, textos y voces sin descanso. Según Pew Research (2024), 78% de los adultos consideramos que la IA reducirá la creatividad humana, aunque más del 60% ya la utilizamos de manera cotidiana.
¿Dependemos de herramientas que, al mismo tiempo, nos inquietan por sus efectos a largo plazo?
En medio de esta transformación me pregunto qué pasará para quienes seguimos valorando lo tangible, lo ritual de lo analógico ¿Qué ocurrirá cuando ya no existan reproductores para los pocos materiales físicos que conservamos algunos entusiastas? ¿Qué pasará con nuestros hijos, que crecen en una realidad donde el entretenimiento es infinito, barato, alienante y controlado por esas corporaciones que, irónicamente, restringen el uso de tecnología a sus propios hijos mientras la expanden al resto del mundo?
Debemos comprender dónde estamos parados los ciudadanos comunes en este tránsito hacia lo intangible. La digitalización tiene virtudes reales como la accesibilidad, alcance global, reducción de costos. Pero también plantea un riesgo silencioso y que se está insertando y normalizando y no es más que la pérdida de gestión frente a sistemas que no vemos, que moldean lo que pensamos, lo que recordamos y lo que olvidamos.
Detente. Necesitamos criterio, pausa y una mínima voluntad de conservar aquello que todavía respira fuera de las pantallas, ese ritual para sacar un casete de su caja, ese sonido especial del disco LP. Si no lo hacemos, no hará falta una distopía al estilo Blade Runner, bastará con seguir deslizando el dedo para convertirnos en zombis al servicio de las plataformas de música o de cine digitales.
Mercado Libre obtuvo el primer lugar en el sector de comercio electrónico por tercer año consecutivo en México, informó la empresa en un comunicado. La empresa tecnológica fue reconocida por el ranking Merco Responsabilidad ESG 2025 como referente en responsabilidad ambiental, social y de gobernanza.
El estudio fue elaborado por la firma Monitor Empresarial de Reputación Corporativa (Merco), una de las más prestigiosas en el país. La metodología del estudio integró diversas evaluaciones y fuentes de información de múltiples actores para otorgar una calificación a cada empresa. La compañía de e-commerce también obtuvo la posición 11 dentro del listado general del ranking. De esta manera, Mercado Libre consolidó su liderazgo a nivel nacional al entrar en el top 15 de empresas más responsables de México.
Desarrollo del impacto económico y social Mercado Libre aseveró que impulsa la democratización del comercio electrónico y la inclusión financiera digital. Con 26 años de operaciones en el mercado mexicano, la empresa promueve el crecimiento de millones de emprendedores y PyMEs. La marca tiene un compromiso a través de una mirada de triple impacto y una estrategia de sustentabilidad integrada a los ejes de negocio.
La edición 13 del Ranking Merco Responsabilidad ESG 2025 evaluó el desempeño de las corporaciones nacionales y los resultados son públicos en el sitio oficial de Merco.
Para la compañía líder de comercio electrónico el liderazgo empresarial implica una responsabilidad con el país y con las comunidades donde opera.
La casa de bolsa Masari consolida su posición en el sistema financiero mexicano y marca una pauta clara en la evolución del sector bursátil, debido a que la firma fortalece su presencia operativa, amplía su base de clientes y acelera su transformación institucional. Con resultados financieros sólidos y una estrategia definida, Masari se posiciona como un jugador clave de los servicios financieros en México.
Masari registró uno de los mayores incrementos en ingresos dentro del sistema financiero, esto gracias a una estrategia comercial, la cual es acompañada de controles internos más estrictos, esto permitió a la firma sostener un ritmo de expansión constante y ordenado.
Las cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestran un avance contundente en la captación de cuentas. Masari alcanzó 1,936 cuentas de inversión al cierre del tercer trimestre, con una marcada participación femenina. Este comportamiento confirma una tendencia creciente en la inclusión de mujeres en el mercado bursátil.
Del total de cuentas, 738 corresponden a personas morales y 1,198 a personas físicas. En este último segmento, 1,108 cuentas pertenecen a mujeres y solo 90 a hombres. La diferencia revela un enfoque claro hacia el fortalecimiento del liderazgo femenino en inversión y patrimonio.
Con una gran rentabilidad
La firma supera con amplitud el promedio del sector en términos de rentabilidad, ya que reportó un Retorno sobre Capital (ROE) de 29%, frente al promedio sectorial de 12.4%. Este indicador refleja eficiencia en la generación de utilidades para los accionistas.
La rentabilidad económica también muestra estabilidad. El Retorno sobre Activos (ROA) se ubicó en 0.7%, mientras que los valores en custodia ascendieron a 4.1 millones de pesos, de acuerdo con datos de la AMIB y la CNBV. Estas cifras respaldan la capacidad de administración y resguardo de activos.
En términos de solvencia, la institución mantiene indicadores sólidos. El índice de capitalización alcanzó 102.2% y la liquidez llegó a 2.7%, cifra superior al 2.3% registrado al cierre del segundo trimestre. La casa de bolsa sostiene una estructura financiera estable.
El capital contable se ubicó en 798 millones de pesos y la utilidad neta alcanzó 145 millones de pesos. Además, la firma opera nueve sucursales que fortalecen la atención presencial y consolidan la relación directa con clientes en distintas regiones del país.
Pasos claves para la conversión a banco múltiple
La institución financiera avanza en un proceso estratégico clave, que es su conversión en banco múltiple. La institución inició hace más de un año los trámites para obtener autorización y el 10 de diciembre de 2024 anunció formalmente su interés por conseguir una licencia bancaria Tipo 1, la más robusta en supervisión regulatoria.
La solicitud conserva la estructura accionaria original y no contempla nuevos socios de capital. Con esta decisión, la dirección busca ampliar la oferta de servicios financieros y profundizar la relación con su base de clientes. Así, impulsa Masari crecimiento de las casas de bolsa y se prepara para competir en un nuevo nivel dentro del sistema financiero mexicano.
Un festejo merecido
La institución, fundada en 1986 por Fredie Farca y un grupo de inversionistas en la Ciudad de México, cumple 40 años de operación. Bajo la dirección de Ernesto López Quesada, la casa de bolsa prepara una celebración con clientes en el Papalote Museo del Niño, donde Federico Reyes Heroles ofrecerá una conferencia magistral. El aniversario no solo representa permanencia, también refleja consolidación y visión de futuro.
Desde 2018, la gestión de López Quesada fortaleció la estructura operativa, además de diversificar el portafolio de productos. Además, la firma ingresó al mercado de derivados, fideicomisos y representaciones comunes, lo que amplió su oferta y elevó su competitividad, también Masari extendió su presencia a 18 estados del país, lo que consolidó su expansión territorial.
La política en México siempre ha padecido de un mal crónico: la brecha de credibilidad. Si históricamente al ciudadano le ha costado creer en las promesas de campaña o en los encendidos debates de tribuna -percibidos muchas veces como puestas en escena como en la lucha libre- la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) en el Congreso de la Unión mexicano añade una capa de sospecha técnica a una institución ya bajo la lupa.
Un estudio reciente de Sergio Bárcena, profesor-investigador del Tecnológico de Monterrey y fundador de Buró Parlamentario, arroja datos que deberían encender las alarmas de quienes analizan la calidad democrática.
No se trata de suposiciones: hay evidencia cuantitativa de que el estilo lingüístico en la Cámara de Diputados y el Senado de la República cambió drásticamente hacia septiembre de 2024, con un incremento de hasta el 70% en patrones propios de la IA generativa, lo cual se demuestra con el análisis realizado a las intervenciones del Diario de los Debates de la Cámara de Diputados entre 2021 y 2025. Tras depurar piezas protocolarias y discursos breves, el universo de análisis quedó en más de 13,000 intervenciones.
El objetivo del estudio es conocer si el uso de IA generativa está alterando el estilo lingüístico en tribuna. Para lograrlo, la investigación evitó basarse en casos aislados, buscando generar evidencia cuantitativa y replicable.
Sergio Bárcena, generó un corpus discursivo controlado, es decir, un conjunto de guiones para alocuciones en tribuna mediante modelos de IA con prompts estandarizados para identificar “huellas lingüísticas” típicas de la redacción asistida.
Crisis de la palabra auténtica
El problema no es la tecnología por sí misma. La IA puede ser una herramienta extraordinaria para sintetizar datos técnicos o comparar leyes internacionales. El riesgo reside en la sustitución del pensamiento crítico por la eficiencia del algoritmo.
Si un legislador -especialmente los más jóvenes o aquellos de partidos como el PVEM y Morena, según el estudio- utiliza la IA para estructurar sus argumentos, ¿quién está hablando realmente? ¿Es la convicción del representante? ¿O es el promedio estadístico de un modelo de lenguaje que tiende a la neutralidad técnica y a la repetición de lugares comunes?
Resulta fascinante y preocupante que el estudio detecte que, a mayor nivel educativo (posgrado), menor es la propensión para usar IA. Esto sugiere que la herramienta se está utilizando, en muchos casos, no para potenciar el análisis, sino para cubrir deficiencias en la formación o en la capacidad de redacción propia. En un país que ya desconfía de sus políticos, enterarse de que sus discursos tienen “huellas digitales” de una máquina solo profundiza la sensación de que estamos ante una clase política de plástico.
Lina Rodríguez, presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Internet, A.C. para el periodo 2026 al respecto, dice: “La evidencia presentada hoy confirma algo que desde la Asociación Mexicana de Internet hemos señalado, la Inteligencia Artificial ya está integrada de facto en los procesos legislativos y en la comunicación política. Frente a esta realidad, el desafío no es resistirse al uso de la tecnología, sino establecer reglas claras que garanticen transparencia, ética y responsabilidad en su aplicación. Un internet con impacto social y económico requiere instituciones capaces de adoptar la innovación sin perder de vista los derechos, la confianza ciudadana y la rendición de cuentas”, señaló.
El Tablero de Adopción por Grupo Parlamentario
Según la investigación del Buró Parlamentario, existe una jerarquía clara en la intensidad con la que los rasgos de IA aparecen en los discursos. El orden de mayor a menor se observa así:
Partido
Intensidad en uso de IA
Observación Contextual
PVEM (Verde)
Muy Alto
Es el grupo con la señal más alta. Esto sugiere una estructura de comunicación centralizada que prioriza la eficiencia y la estandarización del mensaje.
Morena
Alto
Al ser la fuerza mayoritaria, el volumen de intervenciones es enorme. El uso de IA parece responder a la necesidad de mantener una narrativa cohesionada y rápida en un bloque legislativo masivo.
PRI
Moderado/Alto
Refleja una transición; aunque es un partido de estructuras tradicionales, su cuerpo técnico está integrando herramientas modernas para la redacción de posturas.
PT
Moderado
Muestra señales detectables, aunque en menor medida que sus aliados de coalición, posiblemente por una base de oradores más persistente en estilos clásicos.
PAN y MC
Bajo/Moderado
Son los grupos con menor huella detectable de IA. Esto podría deberse a una cultura parlamentaria que todavía privilegia el debate de confrontación directa o a equipos de asesores con estilos de redacción más personalistas.
Desde una perspectiva crítica, esta diferenciación partidista crea un escenario donde la autenticidad se vuelve un lujo. Si los partidos mayoritarios son los que más “automatizan” su oratoria, corren el riesgo de desconectarse emocionalmente de una ciudadanía que ya percibe al Congreso como una entidad burocrática y distante. El discurso político corre el riesgo de convertirse en un “eco algorítmico” donde el ciudadano ya no escucha a un representante, sino a un prompt bien redactado.
¡Cuidado! Porque el Congreso de la Unión se está convirtiendo en una “maquiladora de discursos” donde el partido que mejor maneje la tecnología será el que gane el debate, no por la fuerza de sus ideas, sino por la impecable estructura de su software.