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Opinión

De las almas inocentes

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Parte II

Estos y muchos otros recuerdos rondaban la mente de Muerto, como volutas de humo de cigarro, a cada paletada de tierra que salía del agujero que él y Guapa habían cavado desde hacía tres días. Las manos callosas sostenían las herramientas con mayor seguridad.

 A veces se preguntaba cómo era posible seguir viviendo a costa de las migajas del pasado, asido como a un cordón umbilical que alimentaba su costal de desventuras. Porque Muerto no dejaba de culpar a otros por sus desdichas, se había convertido en una ambulancia aulladora que transporta a un paciente agónico, ese carro donde viajan la muerte y la vida sujetas por el mismo cinturón de seguridad, en el que, paradójicamente, nada es seguro.

Eran casi las dos de la tarde, el sol había alcanzado su cénit y empezaba a dispersarse en astillas que se distribuían sobre las casas en permanente construcción, fabricando sombras caprichosas que aminoraban un poco el sofoco de los maestros albañiles.

Muerto y Guapa se dispusieron a tomar los sagrados alimentos e improvisaron una mesa sobre dos botes salpicados con mezcla de cemento seco y una tarima, la menos polvosa, cubierta con aceite requemado. Extendieron una capa de papel, la menos sucia, extraída de un bulto de cemento recién vaciado y colocaron encima un kilo de tortillas, diez pesos de queso de puerco y una bolsa de plástico con cuatro chiles navegantes en vinagre caldoso.

En silencio, cada uno hizo un taco hasta con tres tortillas y dos rebanadas de queso de cochino. En cada mordida al taco, se sucedía otra tarascada al picante en vinagre que se destripaba en gustosos estallidos. Bebieron un par de vasos de refresco de cola en vasos desechables y permanecieron quietos unos instantes. Mudos. Cada uno extraviado en sus propios laberintos.

Guapa miró sus zapatos costrosos con múltiples capas de cemento reseco y deseó unos zapatos limpios de dos colores, de charol y agujeta. Él y Muerto tenían la misma edad. Les pasaba con cierta frecuencia que no era necesario decir nada y en contadas ocasiones rompían el silencio. Era como si cada uno de ellos conociera desde siempre los pensamientos del otro. Como si ambos hubiesen sido arrebatados del mismo vientre, el mismo día, a la misma hora, por la misma comadrona y en el mismo lugar. Como si ambos hubiesen nacidos muertos y luego hubiesen empezado a vivir.

A Guapa le pareció que todos los hombres tienen el mismo derecho a tener unos zapatos limpios, los que les plazcan, los que les gusten, los que se amolden mejor a sus pies, un calzado que les haga sentir cómodos al caminar hacia el trabajo, o recorriendo la Alameda Central, tirando rostro. Eso pensaba Guapa. A veces temía ser el lado opuesto de su socio, como la cara “B” de un disco que a nadie interesa; opacado por el éxito del lado “A”, el más atractivo, el que termina por dañarse antes, debido al uso.

Las personalidades de cada uno coincidían, se complementaban, como si una sola, por sí misma, no tuviera la mínima posibilidad de existir, de ser, sin que la otra estuviera presente, a la manera de dos siameses, inevitablemente unidos por el mismo cráneo, pero con diferente visión y, por ende, perspectiva de las cosas.

Era evidente en los asuntos cotidianos del trabajo: mientras uno tomaba el pico, el otro asía la pala; en tanto, uno sacaba el agua que manaba del subsuelo, el otro recortaba a punta de barreta los bordes de la futura cisterna, como quien rebana un enorme pastel de lodo y se introduce en él, desbastando un poco ese poro de la tierra, buscando penetrarle la entraña. Así eran ellos, indisolubles, como un misterio religioso que cuesta explicar; porque sustancias y esencias formaban parte del todo, y, al mismo tiempo, cada parte revelaba su propia función, su propia fuerza, una naturaleza en común.

Muerto colocó el cubo bajo la llave de agua: un chorro débil, exasperante escurrió hasta el recipiente, como un hilo de baba continua. Como de costumbre, Guapa partió sin despedirse, sin decir palabra. Enganchó el morral a su hombro derecho y salió silbando la tonada del danzón Nereidas. Muerto se concentró, sin prisa, en el hilo de agua que llenaba la cubeta, y su mente, de nueva cuenta, empezó a elevarse como un papalote al que se le ha roto el hilo que lo sostiene.

Una noche, en aquel antro donde a fuerza de novatadas le hicieron despertar de su letargo, Muerto se esmeraba en lavar vasos y utensilios. Varias cortadas semi profundas en sus palmas y en el dorso de sus manos mostraban varios grados de cauterización. El jabón y el agua actuaban sobre las grietas otrora sanguinolentas hasta volverlas un conjunto de surcos blancuzcos, mortecinos.

Hacía dos años que cumplía con aquellos trabajos de ayudante. El sueldo y el moje le habían permitido sobrevivir y aportar un poco de lo ganado para beneficio de los suyos. Iban quedando atrás, casi olvidados, los desaguisados familiares: Muerto estaba experimentando la satisfacción de sentirse útil. Sentía el orgullo de traer unos pesos en la bolsa y pedirles permiso, sólo a ellos, para escaparse los domingos a conquistar sirvientas en la Alameda Central.

Las desveladas le habían ganado unas ojeras que contrastaban con el tono de su piel: ahora dormía de día y trabajaba de noche, cuatro días a la semana, el resto del tiempo lo ocupaba en practicar su deporte favorito: ensoñarse con sus revistas y jactarse de tener, casi completo, el total de números publicados.

A veces soñaba que una enorme nave tripulada por seres de otra galaxia lo abducía a través de una luz blanca; empezaba a elevarse desde la cama donde dormía, y cruzaba el techo de su cuarto sin encontrar oposición, desmaterializándose. Una luz espesa lo hacía levitar y lo aspiraba hasta el interior de un plato suspendido en el aire por una tecnología desconocida. Luego, con los ojos aún cerrados, escuchaba voces que le hablaban: en traducción simultánea, comprendía los mensajes de aquellos seres de otro mundo, ellos le revelaron profecías que debían darse a conocer, en su momento, a los seres humanos. Muerto quedaba en espera de nuevas instrucciones.

Una mañana, después de cumplir con sus labores en el antro, Muerto se dispuso a partir rumbo a su casa. En su pequeña mochila donde transportaba su uniforme de trabajo, había guardado, celosamente, entre los pliegues del cierre y la costura, el dinero ganado por toda una noche de lavar vasos y utensilios. Algunas cortaduras en sus manos habían cerrado por completo y ahora se figuraban en larvas adheridas a la piel, petrificadas y gruesas. Las manos del muchacho empezaban a ser toscas debido a esos jeroglíficos que sólo el trabajo esculpe en los cuerpos que se prestan a tan peculiar manifestación artística.

Adormilado, luchaba por caminar con aplomo. Con una mano metida en el bolsillo derecho y la otra sosteniendo la mochila sobre su hombro, alcanzó a percibir la luz de sus sueños; escuchó las voces de otro mundo diciéndole que estaba por cumplirse la profecía. También sintió un golpe seco y contundente, y un sonido, como el crujido de un melón arrojado contra el piso, una y otra vez, y múltiples resplandores que le enceguecieron, mientras las voces repetían, una y otra vez, en un lenguaje de otra galaxia, que le era traducido de forma simultánea:

—Ya te la sabes, hijo de la tiznada. ¿Dónde traes la feria?

—Si no afloja, pícalo. Dale en las costillas —dijeron los seres espaciales.

Después de la primera descarga de luz blanca, el muchacho sintió que la lengua se le hacía nudo, que un puñado de galaxias le produjeron un tapón de la dimensión de un agujero negro, hacia donde era tragado, abducido, con todo y sus palabras y recuerdos. Todo era luminoso. Entonces escuchó una sinfonía que identificó como la música de las estrellas. Estaba cumpliéndose la profecía, sin duda. Se preguntaba: ¿cómo será la nueva vida en la tierra? ¿Habré cumplido mi papel como profeta de los nuevos tiempos?

La nave que lo abdujo, otrora silenciosa, ahora recorría las galaxias abriéndose paso con el aullido inconfundible de las sirenas que transportan un herido. Las voces eran otras, tal vez más terrenales, menos interestelares. Un gran vacío, como una implosión galáctica arrasó con todo, absorbiéndolo. Muerto sintió cómo cada una de sus células se desmaterializaba hasta formar parte del éter cósmico. La música de las estrellas continuaba sonando, inmaterial, espiritual, en la calma que precede al nacimiento, en la frontera del todo y de la nada. En el vaivén de la vigilia al sueño, columpiándose entre las cuerdas de un contrabajo divino que cantaba con su voz grave, casi monstruosa, próxima al sonido universal que dio origen a la vida.

Entonces vino de nueva cuenta el estallido, la vibración continua, la cuerda que se tensa bajo las manos expertas de la divinidad que conoce todas las infinitas tonalidades, la música específica de cada alma que empalma su grito furioso cuando es desprendido de la madre, para después abandonarse en la cuna de los olvidos.

Cuatro meses duró la recuperación de Muerto en el hospital público. A su madre se le pidió, en varias ocasiones, otorgar el consentimiento para desconectar aquella vida de la fuente artificial que le mantenía en el limbo, como un cadáver insepulto en espera de la hora nona. Cuando Muerto abrió los ojos, en una segunda oportunidad para su alma inocente, sólo quedaban cicatrices, múltiples marcas en todo su cuerpo, como las huellas de gusano que tenía estampadas en sus manos, producidas por los cortes de los vasos rotos durante su estadía en el antro.

Ahora todo era cicatriz, todo era vacío. El cráneo del muchacho se recuperaba de las múltiples fracturas. Pero quedaron huellas más profundas:

—El joven perderá el habla —dijo el médico a los familiares. Y se apresuró para atender a un nuevo paciente en aquel hospital público que todas las noches se convertía en un documental terrorífico de la vulnerabilidad humana.

Muerto volvió a su casa. Apenas emitía una especie de gruñidos, parecidos a los de los perros que seguían teniendo su corral a un costado del suyo. Gradualmente fue recuperando la movilidad del brazo y de la pierna izquierdos. En su cara se petrificó la mueca desquiciada del asombro, de quien pretende recordar algo, pero no lo consigue. Pequeños fragmentos, como esquirlas de un pasado que vuelve a la memoria, le permitieron reconfigurar un universo de luces diminutas donde todo era profético.

En ocasiones, el joven machacaba desesperado su lengua intentando decir algo a quienes le rodeaban. Por varios meses sintió la caricia del sol, encerrado entre las cuatro paredes que encajonaban perimetralmente su casa. Tomaba asiento sobre una piedra negra a mitad del patio, como un monolito ancestral que no encuentra quién le adore. Después, el sol se marchaba y los atardeceres llevaban la mirada del muchacho hasta el cielo, donde todo es infinito y suele ser oscuro en la más grande angustia.

Quiso escapar, brincar aquellas bardas. Algo en su mente maduraba y con el tiempo se pudría, como una fruta ennegrecida que termina por volverse nada apetecible.

Algo deseaba y no sabía qué era. Su mente se llenaba de vacío. Le dio por aullar y su grito angustiaba a los perros, hasta que los vecinos se quejaron y la familia optó por amordazarlo durante las noches. Inmensas lágrimas corrían por sus mejillas cuando, quienes le amaban, le aplicaban aquella doble mordaza. Pese a todo, la esencia del espíritu seguía viva, latiendo como un pulso.

Entonces su madre lo descubrió cavando en mitad del patio, haciendo esfuerzos por malabarear, primero la pala, después el pico. Ella no descifraba ese mensaje, le parecía más la voluntad perniciosa de un desquiciado que busca algo sin saber qué, alguien que termina agotando sus fuerzas por el mero deseo, alejado de cualquier sentimiento de impotencia que su infame y absurda tarea pudiese acarrearle, alguien que no tiene conciencia de su fútil esfuerzo.

A pesar de los reclamos de sus otros hijos, la madre consintió que Muerto cavara aquella fosa en mitad del patio. El dinero ahorrado para ampliar la casa se esfumó en las atenciones hospitalarias del enfermo. Ahora, sólo quedaba aquel insepulto que tal vez se afanaba en labrarse una tumba con sus propias manos. Pero, para los otros, era más un misterio parecido a los que publicaba la revista Pregunta, que ahora se amarillaba bajo las láminas del cuartucho donde Muerto durmió durante un par de años, en donde gozó de privacidad e independencia relativas.

Viendo a su hijo cavando con dificultad aquel foso, la madre descubrió la eficiencia terapéutica del silencio aparente; vio a su hijo recuperar, poco a poco, la movilidad de sus extremidades. La boca fue adaptándose al rostro, hasta casi ocupar el sitio que tuvo antes del asalto. Algunas palabras, las básicas, retornaron a sus labios: Dios, comida, agua, calor, mamá, amor …

Una mañana de domingo, Muerto dio a entender a su madre que su deseo era salir a la calle. Una especie de traducción simultánea se había establecido entre aquellos seres que, ya sin cables de por medio, permanecían conectados por hilos de otros materiales, más resistentes, más eternos.

Caminaron un par de calles y los vecinos los miraron sorprendidos. Tomados de la mano, como dos seres extraños para los demás, de otro planeta, que se leen la mente y sienten en las propias sienes el pulso del otro, llegaron hasta la parroquia del Señor de Lago Seco. Muerto llevó a su madre hasta donde San Antonio cargaba a su muchacho. Tomó asiento en el piso y mantuvo su atención en el mantel de terciopelo rojo que cubría la mesa donde despachaba el Santo, y lo acarició, como si ello le trajera recuerdos de otra dimensión. Después se puso en pie, tomó a su madre, nuevamente, de la mano y emprendieron el camino de vuelta hacia su casa.

Construir una cisterna, un cubo de tres por tres metros, le llevaría, aproximadamente, quince días a cualquier maestro albañil. Los veinticinco años que lleva Muerto cavando ese foso se redujeron a tres días, sin que el cuarto día llegara nunca, perdido en una espiral continua que no desciende ni asciende, interminable.

En su mente, Guapa es el que viene de las estrellas, quien le ayuda a cavar, quien come con él los deliciosos tacos de queso de puerco con chiles en vinagre, quien le dice sin hablar que son los mejores albañiles de la colonia, los de mejor reputación; también es quien se va con la tarde y se pierde en las bien trazadas calles de Lago Seco, andando bajo las modernas lámparas led del alumbrado público, sin temores. El que regresa al día siguiente para continuar la rutina. Es quien no dice nada, a quien nadie ve, sólo Muerto. El amigo que desea ser bailarín porque tiene un hermano en Nueva York, el amigo que todos piensan imaginario, y para Muerto es realidad, su realidad, su deseo, él y el otro, uno solo, indivisibles. El que desea unos zapatos de charol de dos colores, porque todos deberíamos tener unos zapatos así, unos zapatos limpios, los que nos plazcan, los que nos gusten, los que se amolden mejor a nuestros pies. Los pulcros zapatos de charol y agujeta para bailar la música de las estrellas.

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Mercado Libre, líder responsable del e-commerce en México por tercer año consecutivo

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Por Alan Vallejo / Miguel Pallares

Mercado Libre obtuvo el primer lugar en el sector de comercio electrónico por tercer año consecutivo en México, informó la empresa en un comunicado.
La empresa tecnológica fue reconocida por el ranking Merco Responsabilidad ESG 2025 como referente en responsabilidad ambiental, social y de gobernanza.

El estudio fue elaborado por la firma Monitor Empresarial de Reputación Corporativa (Merco), una de las más prestigiosas en el país.
La metodología del estudio integró diversas evaluaciones y fuentes de información de múltiples actores para otorgar una calificación a cada empresa.
La compañía de e-commerce también obtuvo la posición 11 dentro del listado general del ranking.
De esta manera, Mercado Libre consolidó su liderazgo a nivel nacional al entrar en el top 15 de empresas más responsables de México.

Desarrollo del impacto económico y social
Mercado Libre aseveró que impulsa la democratización del comercio electrónico y la inclusión financiera digital.
Con 26 años de operaciones en el mercado mexicano, la empresa promueve el crecimiento de millones de emprendedores y PyMEs.
La marca tiene un compromiso a través de una mirada de triple impacto y una estrategia de sustentabilidad integrada a los ejes de negocio.

La edición 13 del Ranking Merco Responsabilidad ESG 2025 evaluó el desempeño de las corporaciones nacionales y los resultados son públicos en el sitio oficial de Merco.

Para la compañía líder de comercio electrónico el liderazgo empresarial implica una responsabilidad con el país y con las comunidades donde opera.

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Masari consolida su crecimiento y posición dentro del sistema financiero

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Por Israel Pantaleón Hernández

La casa de bolsa Masari consolida su posición en el sistema financiero mexicano y marca una pauta clara en la evolución del sector bursátil, debido a que la firma fortalece su presencia operativa, amplía su base de clientes y acelera su transformación institucional. Con resultados financieros sólidos y una estrategia definida, Masari se posiciona como un jugador clave de los servicios financieros en México.

Masari registró uno de los mayores incrementos en ingresos dentro del sistema financiero, esto gracias a una estrategia comercial, la cual es acompañada de controles internos más estrictos, esto permitió a la firma sostener un ritmo de expansión constante y ordenado.

Las cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestran un avance contundente en la captación de cuentas. Masari alcanzó 1,936 cuentas de inversión al cierre del tercer trimestre, con una marcada participación femenina. Este comportamiento confirma una tendencia creciente en la inclusión de mujeres en el mercado bursátil.

Del total de cuentas, 738 corresponden a personas morales y 1,198 a personas físicas. En este último segmento, 1,108 cuentas pertenecen a mujeres y solo 90 a hombres. La diferencia revela un enfoque claro hacia el fortalecimiento del liderazgo femenino en inversión y patrimonio.

Con una gran rentabilidad

La firma supera con amplitud el promedio del sector en términos de rentabilidad, ya que reportó un Retorno sobre Capital (ROE) de 29%, frente al promedio sectorial de 12.4%. Este indicador refleja eficiencia en la generación de utilidades para los accionistas.

La rentabilidad económica también muestra estabilidad. El Retorno sobre Activos (ROA) se ubicó en 0.7%, mientras que los valores en custodia ascendieron a 4.1 millones de pesos, de acuerdo con datos de la AMIB y la CNBV. Estas cifras respaldan la capacidad de administración y resguardo de activos.

En términos de solvencia, la institución mantiene indicadores sólidos. El índice de capitalización alcanzó 102.2% y la liquidez llegó a 2.7%, cifra superior al 2.3% registrado al cierre del segundo trimestre. La casa de bolsa sostiene una estructura financiera estable.

El capital contable se ubicó en 798 millones de pesos y la utilidad neta alcanzó 145 millones de pesos. Además, la firma opera nueve sucursales que fortalecen la atención presencial y consolidan la relación directa con clientes en distintas regiones del país.

Pasos claves para la conversión a banco múltiple

La institución financiera  avanza en un proceso estratégico clave, que es su conversión en banco múltiple. La institución inició hace más de un año los trámites para obtener autorización y el 10 de diciembre de 2024 anunció formalmente su interés por conseguir una licencia bancaria Tipo 1, la más robusta en supervisión regulatoria.

La solicitud conserva la estructura accionaria original y no contempla nuevos socios de capital. Con esta decisión, la dirección busca ampliar la oferta de servicios financieros y profundizar la relación con su base de clientes. Así, impulsa Masari crecimiento de las casas de bolsa y se prepara para competir en un nuevo nivel dentro del sistema financiero mexicano.

Un festejo merecido

La institución, fundada en 1986 por Fredie Farca y un grupo de inversionistas en la Ciudad de México, cumple 40 años de operación. Bajo la dirección de Ernesto López Quesada, la casa de bolsa prepara una celebración con clientes en el Papalote Museo del Niño, donde Federico Reyes Heroles ofrecerá una conferencia magistral. El aniversario no solo representa permanencia, también refleja consolidación y visión de futuro.

Desde 2018, la gestión de López Quesada fortaleció la estructura operativa, además de diversificar el portafolio de productos. Además, la firma ingresó al mercado de derivados, fideicomisos y representaciones comunes, lo que amplió su oferta y elevó su competitividad, también Masari extendió su presencia a 18 estados del país, lo que consolidó su expansión territorial.

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Fuera de balance / ¿Diputados o prompts?

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La política en México siempre ha padecido de un mal crónico: la brecha de credibilidad. Si históricamente al ciudadano le ha costado creer en las promesas de campaña o en los encendidos debates de tribuna -percibidos muchas veces como puestas en escena como en la lucha libre- la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) en el Congreso de la Unión mexicano añade una capa de sospecha técnica a una institución ya bajo la lupa.

Un estudio reciente de Sergio Bárcena, profesor-investigador del Tecnológico de Monterrey y fundador de Buró Parlamentario, arroja datos que deberían encender las alarmas de quienes analizan la calidad democrática.

No se trata de suposiciones: hay evidencia cuantitativa de que el estilo lingüístico en la Cámara de Diputados y el Senado de la República cambió drásticamente hacia septiembre de 2024, con un incremento de hasta el 70% en patrones propios de la IA generativa, lo cual se demuestra con el análisis realizado a las intervenciones del Diario de los Debates de la Cámara de Diputados entre 2021 y 2025. Tras depurar piezas protocolarias y discursos breves, el universo de análisis quedó en más de 13,000 intervenciones.

El objetivo del estudio es conocer si el uso de IA generativa está alterando el estilo lingüístico en tribuna. Para lograrlo, la investigación evitó basarse en casos aislados, buscando generar evidencia cuantitativa y replicable.

Sergio Bárcena, generó un corpus discursivo controlado, es decir, un conjunto de guiones para alocuciones en tribuna mediante modelos de IA con prompts estandarizados para identificar “huellas lingüísticas” típicas de la redacción asistida.

Crisis de la palabra auténtica

El problema no es la tecnología por sí misma. La IA puede ser una herramienta extraordinaria para sintetizar datos técnicos o comparar leyes internacionales. El riesgo reside en la sustitución del pensamiento crítico por la eficiencia del algoritmo.

Si un legislador -especialmente los más jóvenes o aquellos de partidos como el PVEM y Morena, según el estudio- utiliza la IA para estructurar sus argumentos, ¿quién está hablando realmente? ¿Es la convicción del representante? ¿O es el promedio estadístico de un modelo de lenguaje que tiende a la neutralidad técnica y a la repetición de lugares comunes?

Resulta fascinante y preocupante que el estudio detecte que, a mayor nivel educativo (posgrado), menor es la propensión para usar IA. Esto sugiere que la herramienta se está utilizando, en muchos casos, no para potenciar el análisis, sino para cubrir deficiencias en la formación o en la capacidad de redacción propia. En un país que ya desconfía de sus políticos, enterarse de que sus discursos tienen “huellas digitales” de una máquina solo profundiza la sensación de que estamos ante una clase política de plástico.

Lina Rodríguez, presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Internet, A.C. para el periodo 2026 al respecto, dice: “La evidencia presentada hoy confirma algo que desde la Asociación Mexicana de Internet hemos señalado, la Inteligencia Artificial ya está integrada de facto en los procesos legislativos y en la comunicación política. Frente a esta realidad, el desafío no es resistirse al uso de la tecnología, sino establecer reglas claras que garanticen transparencia, ética y responsabilidad en su aplicación. Un internet con impacto social y económico requiere instituciones capaces de adoptar la innovación sin perder de vista los derechos, la confianza ciudadana y la rendición de cuentas”, señaló.

El Tablero de Adopción por Grupo Parlamentario

Según la investigación del Buró Parlamentario, existe una jerarquía clara en la intensidad con la que los rasgos de IA aparecen en los discursos. El orden de mayor a menor se observa así:

PartidoIntensidad en uso de IAObservación Contextual
PVEM (Verde)Muy AltoEs el grupo con la señal más alta. Esto sugiere una estructura de comunicación centralizada que prioriza la eficiencia y la estandarización del mensaje.
MorenaAltoAl ser la fuerza mayoritaria, el volumen de intervenciones es enorme. El uso de IA parece responder a la necesidad de mantener una narrativa cohesionada y rápida en un bloque legislativo masivo.
PRIModerado/AltoRefleja una transición; aunque es un partido de estructuras tradicionales, su cuerpo técnico está integrando herramientas modernas para la redacción de posturas.
PTModeradoMuestra señales detectables, aunque en menor medida que sus aliados de coalición, posiblemente por una base de oradores más persistente en estilos clásicos.
PAN y MCBajo/ModeradoSon los grupos con menor huella detectable de IA. Esto podría deberse a una cultura parlamentaria que todavía privilegia el debate de confrontación directa o a equipos de asesores con estilos de redacción más personalistas.

Desde una perspectiva crítica, esta diferenciación partidista crea un escenario donde la autenticidad se vuelve un lujo. Si los partidos mayoritarios son los que más “automatizan” su oratoria, corren el riesgo de desconectarse emocionalmente de una ciudadanía que ya percibe al Congreso como una entidad burocrática y distante. El discurso político corre el riesgo de convertirse en un “eco algorítmico” donde el ciudadano ya no escucha a un representante, sino a un prompt bien redactado.

¡Cuidado! Porque el Congreso de la Unión se está convirtiendo en una “maquiladora de discursos” donde el partido que mejor maneje la tecnología será el que gane el debate, no por la fuerza de sus ideas, sino por la impecable estructura de su software.

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