México, 06 de marzo de 2026.- Para iniciar 2026, seguramente los trabajadores han recibido ya su evaluación de desempeño, pero no siempre es la experiencia más deseable. Algunas empresas solo tramitan un formulario estandarizado, otras sostienen una conversación general o apresurada, o muchas ni siquiera se toman la molestia de dar una retroalimentación pertinente.
Ahí es donde los empleados ven esto como un requisito que se queda archivado en un cajón sin ejercer ninguna transformación tangible, tanto en el trabajo cotidiano como a largo plazo. Y la clave está no tanto en la evaluación en sí misma, sino en cómo se le puede sacar provecho. Así lo explica Patricia Melfo, profesora especialista en Recursos Humanos en EAE Business School.
«Las evaluaciones pierden el sentido cuando no tienen consecuencias visibles en términos de formación, nuevos retos o desarrollo profesional», explica. «El feedback debe traducirse en decisiones reales, sino se vuelve un simple registro, un checklist efímero que a veces, incluso, solo se fija en calificar o resaltar errores, olvidando que debería ser un punto potenciador para el crecimiento tanto del trabajador como el de la empresa».
Para que la evaluación funcione como motor de desarrollo, el primer paso está en cómo se procesa la retroalimentación. Según explica la experta de EAE Business School, hay que separar la reacción emocional del contenido para poder analizarlo con mayor claridad.
Identificar patrones como comentarios que se repiten, fortalezas reconocidas y áreas de mejora señaladas ayuda a convertir una lista de observaciones en información accionable, y el valor aparece cuando el profesional define prioridades claras y las convierte en acciones específicas, con plazos y objetivos realistas.
Esto se debe hacer teniendo en cuenta una adecuada gestión emocional, porque las evaluaciones suelen tocar fibras sensibles porque impactan directamente en la identidad profesional. Recibirlas desde la defensiva o desde una autoexigencia excesiva dificulta extraer aprendizajes.
«Hay que entender la evaluación como una fotografía de un momento concreto y no como un veredicto definitivo», agrega Patricia Melfo. «Al tomar distancia emocional, se puede usar este feedback como punto de apoyo para seguir avanzando, pues no suena como una amenaza. El empleado podrá verlo, en cambio, como una oportunidad».
El rol de los líderes y de las organizaciones también es determinante. Una evaluación solo cobra sentido cuando se transforma en una conversación que mira hacia el futuro. El feedback efectivo es específico, claro y orientado a lo que viene, y debe ir acompañado de coherencia organizacional. Si una empresa evalúa ciertas competencias, pero no ofrece espacios, formación o proyectos para desarrollarlas, el mensaje pierde credibilidad.
El éxito de la evaluación también reposa en manos del empleado, del uso que le dé. Patricia Melfo explica que no se puede enfocar la atención solo en los comentarios negativos o la nota final (si la hay), sino considerar también las fortalezas que se destaquen en la evaluación.
«Un feedback laboral no se puede asumir como algo personal, porque puede derivar en sensación de rechazo o desmotivación», advierte. «El feedback se debe abordar desde una mirada analítica. Es necesario pedir ejemplos, entender el contexto y convertir la evaluación en un proceso continuo».
Para las empresas que realizaron este proceso a final del año, y para los colaboradores que lo recibieron, están a tiempo de repasar lo que se evaluó para abordarlo con ese pensamiento analítico que recomienda la docente y, así, transformarlo en un plan de acción concreto y de crecimiento para el 2026.