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Opinión

Revertir la soledad de Claudia Sheinbaum

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Una de las premisas de la cultura política mexicana es que todo lo bueno o malo que le ocurra al país es responsabilidad del presidente. El caudillismo no se ha acabado ni modificado aun cuando quien ocupa la silla presidencial es, por primera vez en la historia de México, una mujer. Sin embargo, la historia reciente confirma que mucho del éxito o fracaso de una administración depende de la capacidad que tenga quien porta la banda presidencial para emanciparse, o no, de su antecesor y también para establecer su propio estilo, equipo y forma de utilizar el poder.

En ese sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum está entrando hacia el cierre de 2025 a un impasse crucial en el que, de acuerdo con fuentes cercanas, evalúa replantear su administración. Comprende con claridad que el “movimiento” (partido Morena) que la llevó a ser inquilina de Palacio Nacional padece una crisis autodestructiva: todos los grupos pelean a muerte espacios de los que se sienten merecedores… con dinámicas en las que predomina el oportunismo.

También tiene claridad de que es hora de reacomodar los alfiles que le heredó AMLO en el tablero político y que han funcionado más como diques que como soporte. La suma de ambos factores ha dado como resultado un distanciamiento operativo que derivó en ingobernabilidad.

De momento, su única pieza estratégica que goza de confianza es Omar García Harfuch, un personaje que, a pesar de su capacidad, levanta muchas cejas dentro y fuera del “movimiento”. El superpolicía es heredero de Javier García Paniagua, un personaje recordado por su papel central en la represión estudiantil y protagonista en la deplorable “Guerra Sucia” (entre 1968 y 1982) y quien difícilmente representa los valores que enmarcan la justicia social que supuestamente sostiene la filosofía de la Cuarta Transformación. Además de que, para muchos -tanto militantes, como opositores- Harfuch sirve a dos amos: Washington y Sheinbaum, lo cual resulta inadmisible en el imaginario del nacionalismo mexicano.

A un año de su mandato, la presidenta analiza los escenarios para recomponer y configurar su propio estilo y manera de ejercer el poder. La evaluación sobre los primeros meses arroja un diagnóstico difícil de admitir e imposible de pronunciar en público: la presidenta está sola. No tiene operadores. Las piezas que deberían servir como escuderos, paraguas y amortiguadores de las distintas y graves crisis que ha padecido su administración de manera muy temprana, o están desgastadas por su propia ineptitud e historia corrupta o mantienen una operación de “brazos caídos” en donde aprovechan su lugar en primera fila para ver de cerca los descalabros de quien reside en Palacio Nacional.

Bajo esa premisa, la Secretaría de Gobernación se vuelve una posición clave. Aunque la actual titular Rosa Icela Rodríguez es una mujer trabajadora, su relevo se entiende natural a un año de gobierno y crear un equipo compacto, leal y eficiente que le sirva a la presidenta y no a otros intereses… como a los del exmandatario AMLO.

La crisis de inseguridad que atraviesa el país, el proceso electoral de 2027 en donde se juegan 17 gubernaturas, así como la tensa y compleja relación con Estados Unidos, exigen el desembarque en el Palacio de Cobián (Bucareli) de un personaje de confianza y estatura que ayude a atemperar el acelerado desgaste de gobernar y, sobre todo, opere con mucha mano izquierda la definición de candidatos que les permitan mantener el poder.

Desde 1952 con Ángel Carvajal Bernal al lado de Adolfo Ruiz Cortines, la Secretaría de Gobernación ha sido el centro neurálgico del poder: con Carvajal Bernal se afianzó la estabilidad posrevolucionaria; luego Gustavo Díaz Ordaz como secretario de Adolfo López Mateos perfeccionó la disciplina del aparato; Luis Echeverría Álvarez bajo Díaz Ordaz consolidó su sucesión; Mario Moya Palencia con Luis Echeverría ejecutó el control político intenso de los setentas; Jesús Reyes Heroles con José López Portillo lanzó la Reforma Política de 1977; Manuel Bartlett Díaz con Miguel de la Madrid dirigió la transición institucional en los ochenta; Fernando Gutiérrez Barrios junto a Carlos Salinas de Gortari estabilizó el salto neoliberal; Emilio Chuayffet Chemor con Ernesto Zedillo gestionó la democratización electoral; Santiago Creel Miranda con Vicente Fox cimentó la alternancia.

Juan Camilo Mouriño con Felipe Calderón articuló el andamiaje político-empresarial del sexenio; Miguel Ángel Osorio Chong con Enrique Peña Nieto concentró la coordinación de seguridad y política interior; y finalmente, Adán Augusto López Hernández con Andrés Manuel López Obrador selló los pactos inconfesables para consolidar la aplanadora electoral del nuevo régimen.

Ahora, la primer mujer presidenta tiene frente así a cuatro opciones que parecen viables. Por un lado, aparece un personaje de su absoluta confianza: Alfonso Ramírez Cuéllar quien está achicado en la Cámara de Diputados. Aplastado todas y cada una de las veces que intenta moverse por su correligionario Ricardo Monreal. Por su parte, Monreal, aún con su amplio colmillo y capacidad de operador carece de la confianza de la mandataria. Además de que reúne hacia el interior cada vez más enemigos.

Aunado a ello, está Marcelo Ebrard, quien sufre las consecuencias de su éxito: es inamovible de la Secretaría de Economía en donde su papel es crucial frente a la renegociación del T-MEC. Mientras que la última opción, tal vez la más viable, es Alfonso Durazo, quien conoce a la perfección las entrañas del sistema. Entiende los resortes de la gobernabilidad, conoce el partido mucho más que las otras tres opciones (es presidente del Consejo Nacional de Morena) y tiene ascendencia sobre los liderazgos a lo largo del país.

Además, goza de un halo de respeto entre el exmandatario y la actual presidenta, lo cual podría abrir espacio a una reafirmación del poder con cambio de rumbo.

La decisión final trasciende un simple ajuste administrativo. Define la arquitectura de poder que Sheinbaum necesita para revertir su soledad en una estructura operativa capaz de procesar conflictos, ordenar incentivos y articular una visión propia. La Secretaría de Gobernación funciona como un amplificador político: convierte decisiones en capacidad estatal y orienta al resto del sistema hacia una narrativa coherente. Un relevo con densidad técnica y ascendencia política permitiría a la presidenta recomponer alianzas, estabilizar el tablero interno.

Este momento demanda una definición. Las presidencias se fortalecen cuando alinean estrategia y una lectura clara del contexto, y la presidenta enfrenta un entorno convulso, presionado por la violencia, por las tensiones internas del “movimiento” y por un ciclo electoral que reorganizará el mapa político del país.

Su desafío consiste en transformar la inercia heredada en una arquitectura funcional que construya mística y rumbo propio. El país avanza hacia una etapa en la que cada decisión definirá la estabilidad futura, y el recambio en Gobernación puede convertirse en el punto de inflexión que consolide los cimientos del poder que la presidenta busca articular para ejercer una conducción plena de su administración e imprimir su propio sello.

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Opinión

Fuera de balance / Empresas por la resiliencia operativa

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Por Ángel Pérez Sánchez

El error más común de la alta dirección empresarial es ver la gestión ambiental como un costo administrativo. La realidad, respaldada por datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial, indica que el cambio climático ya no es un fenómeno meteorológico, sino un riesgo sistémico de mercado.

En ese sentido, la llegada de la ISO 14001:2026 marca el fin de la era del “cumplimiento por compromiso” para inaugurar la era de la resiliencia operativa. En el contexto actual de relocalización de cadenas de suministro (nearshoring), la trazabilidad ambiental ha dejado de ser un “plus” para convertirse en un filtro de exclusión.

En sectores de alta precisión como el automotriz o el aeroespacial, no tener la certificación ISO 14001:2026 equivale a tener un pasaporte vencido: simplemente no puedes cruzar la frontera de las cadenas globales de valor. Los inversionistas y reguladores ya no preguntan si tienes un plan ambiental, sino cómo este garantiza que no perderás contratos por sanciones o interrupciones climáticas.

La nueva norma no pide que las empresas “sean buenas con el planeta”, pero sí exige que analicen cómo el entorno externo puede colapsar su continuidad operativa. Cuando Lillian Peregrina, directora comercial en Mexico & LATAM de BSI, afirma que la inversión se amortiza en menos de 18 meses, se refiere en concreto a la eficiencia en agua, energía y materias primas como optimización directa del flujo de caja.

Como bien señala Andrés Ibarra, gerente de desarrollo de negocios de BSI en México, el verdadero reto para las organizaciones en México y Latinoamérica es cerrar la brecha entre el discurso corporativo y la operación diaria.

Si el operador de la planta no entiende que su eficiencia es la que garantiza la permanencia de la empresa en mercados exigentes, la certificación es solo un maquillaje costoso.

Para Peregrina e Ibarra postergar la adopción de la norma ISO 14001:2026 no es ahorrar dinero, es acumular una deuda de riesgo que, tarde o temprano, los mercados, los seguros y los bancos cobrarán con intereses impagables.

Iniciativa privada invierte en Sinaloa

El grupo TransitionIndustries, anunció una de las inversiones industriales más relevantes en la historia reciente del país: 3,300 millones de dólares, mediante el proyecto Pacífico Mexinol que contribuirá a posicionar a México como un actor estratégico en la nueva industria química de bajo carbono y en la transición energética global.

El proyecto, ubicado en Topolobampo, Sinaloa, contempla la construcción de la planta de metanol con emisiones ultra bajas más grande del mundo en su tipo, bajo un modelo orientado a emisiones netas cercanas a cero (Net Zero), mediante el uso de tecnologías de captura de carbono, energías limpias e hidrógeno verde.

Déjeme decirle que el metanol es un insumo clave para múltiples cadenas industriales, utilizado en la producción de materiales, combustibles y productos químicos de uso cotidiano. En su versión de bajas emisiones, como la que producirá en Sinaloa, se convierte además en un componente relevante para avanzar hacia procesos industriales y energéticos más limpios.

Se espera que Pacífico Mexinol inicie operaciones para el 2030, con una producción de 1.8 millones de toneladas anuales de metanol azul y 350 mil toneladas de metanol verde, lo que fortalecerá la competitividad industrial de México y su integración en cadenas globales de valor.

Durante su etapa de construcción, el proyecto generará alrededor de 6,000 empleos, así como más de 400 empleos permanentes en operación, impulsando el desarrollo económico regional, la formación de talento especializado y el fortalecimiento de proveedores locales.

Considera además el uso exclusivo de agua residual tratada, buscando evitar la presión sobre fuentes de agua potable, y cuenta con más de 200 medidas de mitigación ambiental.

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Gas natural: del dogma a la realidad

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México mantiene una contradicción en su política energética: mientras el discurso apuesta por la soberanía, la realidad profundiza la dependencia del extranjero. Importamos gas licuado de petróleo, combustibles automotrices y gas natural. El caso de este último energético es quizá el ejemplo más evidente. México vive atado a las importaciones, especialmente de Estados Unidos y esa dependencia se acentuó durante el sexenio del nacionalista Andrés Manuel López Obrador.

En 2025, México importó en promedio de 6 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) y el Sistema de Información Energética (SIE).  Esto equivale a aproximadamente 68 mil millones de metros cúbicos anuales, un volumen histórico que confirma una tendencia creciente desde 2018.

El volumen del gas proviene del extranjero (principalmente de Texas) y que utiliza México, especialmente para la industria y para la generación de energía eléctrica equivale al 76% del consumo total nacional.  Esto significa que tres de cada cuatro moléculas que consumimos no se extraen del subsuelo mexicano, aunque ahí está el gas natural: enterrado.

El balance del sexenio anterior es claro: las importaciones crecieron de manera sostenida, con un incremento promedio anual cercano al 5%, y un aumento acumulado de más de 30% respecto a 2018. Este fenómeno no fue casual. Respondió, por un lado, a la caída relativa de la producción nacional de gas y, por otro, a una política energética que, en los hechos, relegó el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente el gas de lutitas.

La negativa al fracking durante el sexenio pasado -más ideológica que técnica- dejó sepultado uno de los mayores potenciales energéticos del país. México cuenta con recursos prospectivos de hasta 141.5 billones de pies cúbicos de gas natural en yacimientos no convencionales, ubicados principalmente en tres cuencas: Burgos, Sabinas-Burro Picachos y Tampico-Misantla que abarcan parte de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

De estas, la Cuenca de Burgos, en el noreste del país, es considerada la más importante por su extensión, infraestructura existente y cercanía con los desarrollos shale de Estados Unidos. Es, en términos geológicos y económicos, la gran reserva estratégica de gas natural de México.

Por eso, el giro del actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para volver a permitir extraer el gas natural alojado en las rocas mediante el fracking o fracturamiento hidráulico bajo nuevos estándares técnicos y ambientales no sólo resulta relevante, sino necesario, ya que marca el abandono de una narrativa que durante años frenó el aprovechamiento del gas natural y provocó el aumento en las importaciones.

La decisión significa reconocer que el gas natural no es el enemigo de la transición energética, sino su aliado. En un sistema eléctrico donde más del 60% de la generación depende de este combustible, su disponibilidad es indispensable para garantizar estabilidad, respaldo a energías renovables y competitividad industrial. 

El gas natural es el combustible de transición ya que genera menos emisiones contaminantes que el carbón o el combustóleo; es más económico que otras opciones energéticas y es esencial para sostener el crecimiento económico mientras se avanza hacia un sistema más limpio.

Apostar por su producción nacional no significa renunciar a la transición energética, sino hacerla viable porque seguir dependiendo del gas importado representa riesgos como la vulnerabilidad ante eventos climáticos, tensiones geopolíticas que derivan en la volatilidad y, casi siempre, en aumento de precios, como se evidenció durante la crisis energética de Texas, en 2021.

Reevaluar el fracking significa dejar atrás el oscurantismo ideológico para adoptar una política energética informada y orientada al bienestar nacional. Ahora el reto es atraer y garantizar inversiones público-privadas; una regulación estricta y una supervisión clara de las prácticas para disminuir el daño al medio ambiente.

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Fuera de Balance / Inversión privada, motor que no debe detenerse

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Por Ángel Pérez Sánchez

La inversión privada se mantiene como el pilar más sólido para garantizar la estabilidad y el crecimiento de México. Más allá de los indicadores macroeconómicos, es el flujo de capitales, nacionales y extranjeros, lo que traduce las proyecciones en empleos reales, infraestructura y competitividad. Cuando una empresa destina sus recursos económicos en territorio mexicano, no solo apuesta por un mercado consumidor, sino por la capacidad técnica de su gente y la posición estratégica del país en las cadenas de valor globales.

Esta semana, tres anuncios de sectores tan diversos como el de consumo masivo, la belleza y la manufactura pesada, confirman que, pese a los retos, la brújula de los negocios sigue apuntando hacia la consolidación en suelo azteca.

Nestlé apuesta en el Edoméx

La firma suiza Nestlé destinará una inversión de 455 millones de dólares. Lo interesante de este movimiento es su dualidad: 275 millones se destinan a modernizar sus cinco plantas ya existentes (desde el alimento para mascotas en Cuautitlán hasta los snacks saludables en Tultitlán), mientras que 180 millones dan vida a un nuevo Centro de Distribución (CEDIS) en Zumpango.

Con una capacidad de 90 mil posiciones de pallets, este CEDIS no es solo un almacén; es una declaración de eficiencia. Según Fausto Costa, presidente ejecutivo de la compañía, la hoja de ruta incluye automatización y mejoras en eficiencia hídrica y energética. Para una entidad que alberga a casi 3,000 colaboradores directos de la firma, esta inyección de capital asegura que la manufactura mexiquense siga siendo el corazón operativo de Nestlé en la región.

Natura y la conquista del “retail”

Por otra parte, en el sector de venta directa, Natura está rompiendo el molde tradicional. La compañía anunció la apertura de 10 nuevas tiendas y 10 franquicias para este 2026, buscando alcanzar 34 puntos de venta físicos. El objetivo es claro: capitalizar un mercado de belleza que en México supera los 14,000 millones de dólares anuales.

Francisco Demesa, director general de Natura y Avon, ha sido enfático: México es el mercado de habla hispana con mejores oportunidades en Latinoamérica. El giro hacia las franquicias es estratégico, pues permite fomentar el emprendimiento local manteniendo los estándares de una marca global. Es, en esencia, la evolución de la venta por catálogo hacia una experiencia omnicanal donde el consumidor decide dónde y cómo interactuar con la marca.

Die Casting: El silencio estratégico de la manufactura

El sector industrial se prepara para una cita clave en el Bajío. Los próximos 15 y 16 de abril, la Die Casting Expo México 2026 aterrizará en el Centro de Congresos de Querétaro. La fundición a presión es, quizás, uno de los héroes anónimos de nuestra economía; sin ella, las industrias automotriz y aeroespacial simplemente se detendrían.

México se ha consolidado como un centro de manufactura avanzada, y la región del Bajío —Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes— es el epicentro de este ecosistema. El evento no solo será una vitrina de maquinaria y aleaciones, sino un termómetro para medir cómo la automatización y la ingeniería de precisión están respondiendo a la creciente demanda de componentes especializados en Norteamérica.

En el balance final…

Desde el café que consumimos hasta las piezas de alta precisión de un motor, la inversión privada está presente. Que estas empresas sigan expandiendo sus líneas de producción y abriendo puntos de venta es la mejor señal de que México, con su infraestructura y talento, sigue siendo un destino indispensable para el capital global.

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