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Energía

Molestia en Puerto Rico por privatización eléctrica impuesta

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Beijing, China, 21 de septiembre, 2022. (Xinhua).- El huracán Fiona tocó tierra el domingo por la tarde en Puerto Rico, dejando sin luz a gran parte de esa isla caribeña desde entonces.

Unos puertorriqueños tuitearon videos del huracán e informaron a sus amigos de que estaban a salvo en casa. Pero, al mismo tiempo, muchos manifestaron su enfado por la privatización del sector eléctrico impuesto por Estados Unidos.

Desastres naturales y artificiales

LUMA Energy, la empresa encargada de distribuir la electricidad en Puerto Rico, escribió en Twitter tras este último apagón que “el restablecimiento total del servicio eléctrico podría tardar varios días” y pedía a los usuarios “apoyo y paciencia”.

Los puertorriqueños, no obstante, han agotado su paciencia, pues antes del huracán habían sufrido también varios apagones.

En septiembre de 2017, el huracán María asoló Puerto Rico, dejando sin luz a gran parte de la isla. Desde aquel momento, todos pidieron mejorar el sistema eléctrico.

Sin embargo, la privatización recetada por Estados Unidos no sólo fracasó a la hora de resolver los problemas, sino que también agravó las fallas del sistema eléctrico provocando con ello un descontento cada vez mayor.

Muchos usuarios de Twitter, tras el reciente apagón, respondieron directamente a la publicación de LUMA Energy para expresar sus quejas.

Otros señalaron, directamente, que el origen del problema se encuentra en la privatización de la electricidad en Puerto Rico.

Apagones continuos

La insatisfacción con el sistema eléctrico de Puerto Rico se debe, sobre todo, a los frecuentes cortes de luz en gran parte del territorio y al aumento en los precios de la electricidad.

El cantante puertorriqueño, Bad Bunny, lanzó un video-documental de 22 minutos, el 16 de septiembre, titulado “El Apagón”, mediante el cual denunciaba los frecuentes cortes de luz en la isla y su impacto negativo sobre la vida cotidiana de las personas. El video se hizo viral en Internet.

Según la prensa local, los apagones son una constante desde que LUMA llegó a la isla en junio de 2021.

Además, en abril de ese mismo año, Puerto Rico sufrió un apagón generalizado en toda la isla. Unos meses después, en agosto, uno de los principales hospitales de la isla estuvo casi veinte horas sin electricidad y los cortes del suministro energético afectaron también a la sala de cuidados intensivos.

Sin embargo, a pesar de los apagones, los precios de la electricidad han seguido aumentando. Según informes locales correspondientes a agosto de este año, hubo siete incrementos del precio de la luz desde la entrada de LUMA en junio de 2021. Muchos ciudadanos, indignados, han publicado sus facturas en las redes sociales.

Además de expresar sus quejas en Internet, los puertorriqueños salieron a las calles y organizaron protestas masivas exigiendo al Gobierno que cancele el contrato con LUMA Energy, por entender que la privatización del sector eléctrico les priva de su derecho a una vida feliz.

Privatización equivocada del sector eléctrico

Según su página web oficial, la empresa fue constituida en Puerto Rico como una empresa conjunta entre la compañía estadounidense, Quanta Services, y la canadiense ATCO. Detrás de la presencia de LUMA en Puerto Rico está el impulso de Estados Unidos (EU) para privatizar la red eléctrica del territorio insular.

Puerto Rico tenía una deuda de, aproximadamente, 72 mil millones de dólares en 2015. Ante un posible impago de sus deudas, Puerto Rico no tiene derecho a solicitar la protección por bancarrota bajo la regulación del Código de Quiebras de Estados Unidos, debido a su estatus legal de Estado Libre Asociado.

Por tanto, para obtener el respaldo del Gobierno y el Congreso de EU, la Gobernación puertorriqueña asumió “receta” estadounidense para reestructurar su deuda, incluido el plan de privatización del sector eléctrico.

El 2016, el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (PROMESA, según siglas en inglés de “Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act”), en virtud de la cual se creó la Junta de Supervisión y Administración Financiera de Puerto Rico.

Esta Junta está formada por ocho miembros, siete de los cuales son nombrados por el presidente de Estados Unidos, mientras que el miembro restante es nombrado por el gobernador de la isla pero sin derecho a voto.

La normativa PROMESA otorga a la Junta poderes extraordinarios, dado que el gobernador de Puerto Rico ni tampoco su asamblea legislativa podrán ejercer ningún tipo de control, supervisión, vigilancia o revisión sobre la Junta o sus actividades.

Apenas unos meses después de su creación, en diciembre de 2016, la Junta presentó una lista de propuestas para mejorar la economía local, dejando claro que Puerto Rico debía privatizar algunos sectores públicos como la energía.

Con el aval de la Junta, LUMA Energy ganó la licitación para operar la red eléctrica de Puerto Rico en 2020, que se encarga de la distribución y transmisión de la energía por toda la isla, obteniendo un contrato por 15 años renovables si, finalizado el plazo, hubiese acuerdo entre todas las partes. Tras un traspaso de 12 meses, en junio de 2021, LUMA se hizo cargo oficialmente de la red eléctrica de Puerto Rico.

Pero, menos de quince días después, Puerto Rico volvió a registrar apagones a gran escala, explosiones en subestaciones y otros incidentes que afectaron a millones de personas.

En opinión del Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la Ley PROMESA trae “más problemas que soluciones”. Afirmó que la Junta carece de “cualquier comprensión de la economía básica” y de responsabilidad democrática para favorecer un mayor control sobre su propia incompetencia.

Frente a la privatización del sector eléctrico, algunos usuarios de Twitter recurrieron a los juegos de palabras en Internet, o retruécanos, para manifestar sus quejas.

Foto: Pexels

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Cáncer de mama y pulmón estarían vinculados a combustibles fósiles

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Ciudad de México, 21 de mayo de 2026.– Una nueva serie de investigaciones del Biofuels Research Project, desarrolladas por The Hormel Institute de la Universidad de Minnesota, la Universidad de Illinois en Chicago (UIC) y otras instituciones científicas, reveló evidencia sobre el impacto de compuestos aromáticos presentes en gasolinas y combustibles fósiles que podrían alterar procesos biológicos asociados con el desarrollo de cáncer de mama, cáncer de pulmón y enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson.

Los estudios se enfocan en sustancias como benceno, tolueno, xileno y etilbenceno, compuestos utilizados para mejorar el rendimiento de motores, pero que la evidencia reciente vincula con alteraciones celulares y genéticas relacionadas con la iniciación y progresión del cáncer. De acuerdo con los investigadores, la exposición prolongada a estos aromáticos podría detonar mecanismos que favorecen el desarrollo de cáncer de mama, especialmente en mujeres con antecedentes genéticos o vulnerabilidad biológica previa.

En el caso del cáncer de pulmón, especialistas del proyecto identificaron que los contaminantes derivados de la combustión de combustibles fósiles generan daños celulares y mutaciones asociadas con esta enfermedad, una de las principales causas de mortalidad en México. Investigaciones citadas dentro del estudio subrayan que la contaminación del aire es un factor determinante en la incidencia de cáncer pulmonar en el país.

El equipo científico enfatizó que la transición hacia combustibles con menor contenido aromático no debe verse únicamente como una estrategia energética o climática, sino como una política de salud pública capaz de reducir riesgos asociados con enfermedades de alta mortalidad. Destacaron que sustituir parcialmente estos compuestos por biocombustibles como el etanol no solo disminuye emisiones contaminantes, sino que reduce la presencia de partículas finas y sustancias potencialmente cancerígenas en el ambiente.

Los hallazgos también advierten que la regulación actual de aromáticos en combustibles fósiles, tanto en Estados Unidos como en México, podría ser insuficiente frente a la nueva evidencia científica. Por ello, los investigadores consideran necesario avanzar hacia esquemas energéticos más limpios y acelerar la sustitución de compuestos aromáticos por alternativas menos dañinas.

En la presentación de los resultados participaron el Dr. Steffen Mueller, director Asociado del Centro de Recursos Energéticos de la Universidad de Illinois en Chicago; Rick Schwarck, referente de la industria de combustibles en Estados Unidos; Gail Dennison, directora de Desarrollo y Relaciones Externas del Hormel Institute; Leena Hilakivi-Clarke, profesora y subdirectora del Instituto Hormel; y Galo Galeana, director general de Biomovilidad.org.

El Biofuels Research Project es una iniciativa internacional coordinada por instituciones como el Instituto Hormel, el Centro de Recursos Energéticos de la Universidad de Illinois en Chicago y la Universidad Case Western Reserve, enfocada en comprender los efectos biológicos y ambientales de los combustibles fósiles y sus alternativas.

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S&P ajusta perspectiva y advierte vulnerabilidad en empresas del Estado

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Ciudad de México, 21 de mayo de 2026.- La decisión de Standard & Poor’s (S&P) de modificar de “estable” a “negativa” la perspectiva crediticia de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) encendió una señal de alerta para la economía mexicana. Aunque las calificaciones no fueron reducidas, el cambio refleja una mayor probabilidad de degradación si persiste el deterioro financiero del país y de sus empresas estatales, así lo advierte el equipo de análisis de Skandia.

S&P mantuvo la calificación de Pemex en “CCC+”, considerada altamente especulativa, y la de CFE en “BBB”, aún dentro del grado de inversión. Sin embargo, la calificadora advierte que las condiciones fiscales y operativas podrían empeorar en los próximos 12 a 24 meses, afectando la estabilidad de ambas entidades.

El ajuste se relaciona con el debilitamiento de las finanzas públicas y el bajo crecimiento económico. México enfrenta un déficit fiscal cercano al 4.8% del PIB y una deuda pública que podría superar el 54% del PIB en los próximos años, impulsada por el apoyo financiero continuo a Pemex.

La petrolera estatal sigue siendo la más endeudada del mundo, con pasivos por 79 mil millones de dólares y pérdidas netas de 45,992 millones de pesos en el primer trimestre de 2026. Su producción permanece estancada en 1.6 millones de barriles diarios, por debajo de la meta oficial. Proyectos como la refinería de Dos Bocas han elevado los costos sin generar aún los beneficios esperados, lo que mantiene su estructura financiera vulnerable.

La CFE, por su parte, conserva estabilidad gracias a ingresos superiores a 650 mil millones de pesos en 2025, pero enfrenta presiones por subsidios eléctricos, altos costos del gas natural y la necesidad de modernizar infraestructura. Aunque su situación es menos crítica que la de Pemex, la calificadora advierte riesgos si el respaldo gubernamental se mantiene como principal soporte financiero.

El impacto trasciende a las empresas: S&P también cambió la perspectiva soberana de México a “negativa”, manteniendo la calificación en “BBB”. Esto implica mayores costos de financiamiento y menor confianza de inversionistas, con posibles efectos en el tipo de cambio y la inflación.

Para revertir la tendencia, Pemex y CFE deberán fortalecer sus finanzas internas, mejorar eficiencia operativa y reducir dependencia del apoyo fiscal. En el caso de Pemex, se requiere mayor inversión privada y flujo positivo sostenido; en el de CFE, modernización y eficiencia energética.

La perspectiva negativa refleja los desafíos estructurales que enfrentan las empresas estatales y las finanzas públicas mexicanas. Su evolución dependerá de la capacidad del gobierno y de las propias compañías para recuperar rentabilidad, controlar deuda y restaurar la confianza de los mercados internacionales, señala el análisis de Skandia.

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Demanda eléctrica récord pone a baterías en el centro de la estrategia energética

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Ciudad de México, 19 de mayo de 2026.- Este verano, la demanda máxima de electricidad en México podría alcanzar un nivel histórico cercano a los 54,000 megawatts (MW), impulsada por las ondas de calor, de acuerdo con el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE). Este escenario coincide con la llegada de miles de visitantes por la competencia de futbol de la que México es sede, lo que representa un reto operativo para el Sistema Eléctrico Nacional y para industrias altamente dependientes de un suministro estable.

El crecimiento del consumo eléctrico mantiene una tendencia sostenida. Según el PRODESEN 2024-2038, en 2023 el consumo neto de electricidad creció 3.5%, superando las proyecciones de largo plazo. En este contexto, Skysense recordó que el sistema ha enfrentado márgenes de reserva ajustados en periodos de alta demanda, incrementando el riesgo de estrés operativo y reforzando la necesidad de soluciones de almacenamiento energético.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que el desarrollo de energías renovables debe estar vinculado a la capacidad de almacenamiento para garantizar estabilidad: “Se almacena y después se inyecta a la red”.

El costo de los apagones

La continuidad operativa se ha vuelto crítica para sectores como hoteles, aeropuertos, centros de datos, telecomunicaciones y salud, donde una interrupción eléctrica no es opción. “En México, un apagón puede representar pérdidas de entre 200,000 y 3 millones de pesos por hora en hoteles y restaurantes”, explicó Enrique Garduño, CEO de Skysense.

Entidades como Nuevo León, Jalisco, Chihuahua, Estado de México, Querétaro y Yucatán —que concentran cerca del 60% del consumo nacional— fueron identificadas por la CFE como zonas de mayor riesgo por su alta concentración industrial.

Solución a picos de demanda

Frente a este panorama, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) se posicionan como una solución estratégica para enfrentar picos de demanda. Estos sistemas permiten almacenar electricidad en momentos de menor carga y utilizarla cuando la red enfrenta saturación o fallas.

“El almacenamiento en baterías se está consolidando como una decisión de negocio para diversas industrias, entre ellas la hotelera, que tendrá gran demanda en junio. A nivel global, el mercado de BESS crece a doble dígito año a año”, señaló Garduño.

Más allá de su función tecnológica, el almacenamiento energético se perfila como un habilitador clave de resiliencia industrial, permitiendo a las empresas adaptarse a un entorno energético cada vez más exigente y variable.

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