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Opinión

Entre mujeres

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Cuando el sacerdote dijo: “Lo que Dios unió que no lo separe el hombre”, seguramente los que estaban uniéndose no lo tenían muy claro. Tencha y Federico fueron los padrinos. El resto de los convidados participó de acuerdo con sus posibilidades: unos aportaron cajas de refresco o cartones de cerveza; otros facilitaron el vehículo que transportó a la feliz pareja para que llegara puntual a la parroquia. Felicitas apadrinó los anillos, y Macaria y Justiniano colocaron el lazo que simbolizaba la unión indisoluble.

Los primeros días fueron de plena melcocha. Fueron advertidos del noviciado, pero los malos augurios no caben cuando el amor es verdadero. Doloritas y Ascencio lo sabían, o creían saberlo. El caso es que, pasados los primeros meses de vivir en casa ajena, los otrora tórtolos despedían un tufo a podrido: el muerto y el arrimado a los tres días hieden. Silvina, la madre del muchacho, les pidió amablemente que ahuecaran el ala:

—Los casados casa quieren, mijo. Y yo con tu mujer no me puedo entender, ya me tiene hasta la coronilla, mejor búscale dónde puedan ustedes hacer vida porque, en definitiva, no aguanto sus humores ni ella los míos. Así que, yo en mi casa y ustedes en la suya y todos felices.

Para Chencho, aquellas palabras de la autora de sus días sonaban tan fuerte como una bofetada con la mano mojada. La mujer que le dio la vida ahora se transformaba en una arpía sin corazón que arrojaba al ruedo a su único hijo, sin capote ni espada y con un toro embravecido capaz de doblegar al más pintado.

Pero no hay problema —quiso convencerse—, y el fin de semana siguiente recorrieron todas las vecindades y casas de la colonia, y colonias circunvecinas para conseguir una vivienda en renta que se ajustara a su presupuesto. Su empleo como machetero en una casa de materiales apenas le daba para sufragar los gastos de alimentación. Enfermarse era un lujo que ni él ni Doloritas podían consentirse. Aunque frecuentemente enfermaban del estómago, los tés de hierbas amargas, con carbonato y jugo de limón hacían lo suyo, cauterizándoles el intestino cuando este aflojaba de más.

Así llegaron a ser inquilinos en la calle doce. Acordaron con la casera que le pagarían de inmediato el primer mes de renta y el depósito se lo irían abonando cada quince días, durante dos meses, sin que ello implicara el retraso del siguiente pago.

Pusieron cortinas con un cordel de trompo, lisas, de color amarillo, en la única ventana del cuarto donde se acomodaron para que la cocina, la sala y la recámara no se empalmaran. Todos los muebles eran viejos. Silvina se los proveyó como una consideración para su vástago, aunque muchos de los utensilios ya habían pasado sus mejores momentos: sillas cojas o mal reparadas de madera, colchas y cobijas agujereadas, ollas desportilladas… A nada pusieron objeción. Todo serviría para salir del paso. Total, ya después, con un poquito de suerte y la bendición de Dios podrían hacerse de lo necesario para la casa y, por qué no, de una casa propia para que los chilpayates pudieran correr gustosos por el patio y hacer travesuras sin que nadie los silencie.

Doloritas y Ascencio procuraban dar la menor de las molestias a la casera, no perdían oportunidad de granjeársela: le regalaban una naranja o un par de plátanos, cuando los domingos salían al tianguis a comer huesos de puerco —ese era su paseo semanal, la oportunidad de sentir que los esfuerzos de la semana habían valido la pena.

Pero el noviciado no perdona, la propia casera se los dijo:

—Pídanle a Dios que cuando les pase, ustedes sepan cómo sobrellevarlo, porque no todos lo superan. Conozco a muchos que a las primeras se rinden. Es más, hasta por cigarros salen y nunca vuelven —dijo la mujer, entendida en esos menesteres y con la sabiduría que le daba la experiencia de vida con tres diferentes cónyuges.

Pese a todo, Doloritas era medianamente feliz. Sus padres radicaban en un pueblo olvidado de la sierra, ella sabía que ellos existían y ellos… tal vez la recordaban —la muchacha tenía nueve hermanos—. Ella había concluido la educación primaria y, por lo menos, se instruía con El libro semanal; por eso estaba pendiente del número siguiente, era un túnel del tiempo y el espacio cuando Chencho salía a trabajar. De muy pequeña fue empleada doméstica en una casa de la Balbuena. Después de unos años, el patrón, hombre de edad, enfermó gravemente y murió. Los hijos del difunto le ofrecieron llevarla a trabajar con ellos a los Estados Unidos, pero ella se rehusó. “Qué voy a hacer tan lejos. De seguro me mata la tristeza. Qué voy a hacer con chicas chichis y tanto lodo” —justificó su decisión y recordó ese dicho de su madre, el cual nunca supo lo que significaba, pero bien que aclaraba que hay cosas que deben hacerse sin pensar y otras no, o tal vez significaba que no era el momento para tomar cierta decisión. En fin.

Una tarde, Doloritas sintió que el mundo se movía bajo sus pies; el olor de la sopa de fideos hirviendo sobre la estufa le causó un asco repentino que la obligó a correr rápidamente al cuarto de baño compartido, que para su fortuna estaba desocupado. Se hincó frente al escusado y con una mano sujetó su cabello azabache para evitar mancharlo. Arcadas convulsas le causaron dolor en las costillas. La baba escurría desde su boca como un hilo espeso y continuo. Entonces, alguien tocó a la puerta discretamente y preguntó si saldría pronto porque tenía urgencia de usar el servicio. Se puso en pie y con un poco de agua del lavamanos refrescó sus labios y se humedeció la nuca y la frente.

Cuando Ascencio llegó del trabajo, lo primero que notó fue la palidez de Doloritas y sus ojeras gigantes:

—¿Te sientes mal? —preguntó mezclando inocencia y formalismo.

—Yo creo que me hicieron daño los huesitos de puerco —respondió ella desde la cama donde yacía recostada con las manos sobre el pecho, a la manera en que se acostumbra a colocar los difuntos dentro de los ataúdes.

Ascencio intuyó que no eran los huesos de puerco los causantes de los malestares de su mujer. ¡No la friegues! —dijo el hombre, mientras intentaba quitarse el pantalón de trabajo. Se puso en pie, en calzoncillos, y se sirvió un poco de agua. Estaba seguro de que por ese mal a Doloritas le crecería el vientre, debería usar ropa cada día más holgada y, transcurridos nueve meses, aquella molestia consumiría pañales, alimento especial y lloraría todas las noches como un bendito robándoles el sueño.

Y dicho y hecho. Cuando el plazo de la siguiente regla se cumplió y nomás Andrés no se apareció, Doloritas y Chenco comprobaron felizmente que serían papás, lo que significaba que Ascencio debería redoblar escuerzos en la casa de materiales; tal vez: cargar más bultos de cemento, acarrear más arena y grava o…

—No, la verdad no me veo chambeando más duro, pero ganando lo mismo. De perico – perro no voy a pasar. Y para la miseria que me pagan. No, no me van a aumentar el sueldo, si el patrón nomás está esperando un error para correrme, que dizque porque no le conviene que haga antigüedad. Mugre viejo, si ni seguro social me da. ¿Te acuerdas cuando me derrengué una pata por cargar mal un bulto? Ándale, me mandó al centro de salud y bien que me dijo lo que yo tenía que decirle a los doctores de la clínica: que andaba yo haciendo faena en mi casa y que ahí me había descuajaringado. Lo bueno que no fue un asunto de mucho cuidado, pero bien que me hizo que fuera, cojo y todo, a trabajar.

El hombre seguía dándole vueltas al asunto de Doloritas. Él sabía que tarde o temprano iba a pasar. Nunca fueron buenos para eso de calcular las lunas y las ovulaciones y las hilachas. “Pero ¿ahorita, Señor? Nomás espérame tantito a que me aliviane. O dame un mejor trabajo y yo te respondo. Sabes que soy cumplidor. Pero un hijo. No, no, no —todas las palabras salían de su boca y Doloritas nomás lo miraba tendida sobre la cama, como una colcha más, como un adorno. Y pensaba: “Si no me lo hice yo sola. Este creía que nomás era pura diversión, pero no: primero los placeres y luego los deberes, bien decía mi tía Mati —esto no lo decía Doloritas, pero lo pensaba y le calaba fuerte que Chencho pretendiera hacerse el occiso, porque toda la pinta tenía ese teatro de sujetarse la cabeza y moverla de arriba abajo y maldecir y luego hablar con Dios y después… Se estaba haciendo guaje con el paquete—. ¿Pues no que lo que une Dios…? Pues sí, pero este ya no la quiere pelona sino hasta con trenzas. Casi le pide a Dios que lo dado también sea arrempujado. Cuánto daño le hizo Silvina a Chencho: lo tuvo todo el tiempo bajo las enaguas y le impidió convertirse en un hombre —pensó la muchacha—. El tipo que estaba lloriqueando, sentado sobre una silla vieja que su propia madre le había regalado, casi como limosna, parecía, de igual forma, un limosnero compungido que espera solo estirar la mano para coger el fruto del árbol.

—Pobre de ti, muchacha. Sí que la tienes difícil. Este nació para maceta y no pasará del corredor. Ve nomás: no conforme con tenerte sin tragar y con la barriga llena, pero con un escuincle, ahora resulta que lleva dos días sin venir a su casa. No me lo tomes como un mal consejo, pero deberías mejor irte para el rancho con tus papás; él, seguramente, bien que va a comer a casa de su mamá y, mientras, friégate tú —aconsejaba la casera a la joven y le compartía el alimento—. Me recuerdas mucho a mí. Ay, si yo te contara… Nomás con decirte que mi marido, porque estábamos bien casados, igual que ustedes, me hizo muchas triquiñuelas, y yo, tonta, lo quería mucho, lo idolatraba, y él abusaba. Pero así es el perro: mañoso, aunque le quemen el hocico. Y no es por hacerte sufrir ni desearte mal, pero nomás espérate, ojalá que no te salga conque ya tiene otra vieja, porque hasta te puede matar del puro coraje. Tú estate preparada para todo. Total, hombres van y vienen. Y mujeres con un chamaco, como tú, hay muchas; no serías la primera ni la última que se hace cargo sola del paquete y lo saca adelante. Mientras pueda ayudarte, voy a echarte la mano. Digo, hasta donde se pueda, pero tú sabes que vivo de rentar mis cuartos, no te confíes y machetéale, toma una decisión antes de que sea tiempo de parir y te agarren las prisas con los calzones abajo, otra vez —Ambas rieron estrepitosamente. La vieja sonaba empática, conocedora, maternal. Reconfortaba a la joven. El vientre le había crecido, también el deseo de tomar decisiones.

Asesorada por la casera, Doloritas vendió elotes en el zaguán de la vecindad, después, el negocio creció y se diversificó para convertirse en un puesto formal de garnachas y pozole de cabeza de puerco. Así pasaron los meses. Ascencio no se apareció ni por equivocación por la vecindad. El negocio de la muchacha le permitió pagar la renta, hacerse de la ropa del bebé y formar un guardadito para los imprevistos del parto.

Una noche, luego de recoger los utensilios de la vendimia y lavar las ollas, Doloritas sintió que la fuente se le rompía, abrió las piernas con cierta vergüenza y miró un hilo líquido que le recorría las piernas y se encaminaba hacia la coladera del patio.  

—Anda muchacha. Que ya es hora. Ahorita paramos un taxi en la esquina o que nos lleve uno de los vecinos al hospital. ¡Que te dé gusto, vas a ser mamá! —revoloteaba la vieja mientras mandaba a Trosmo su nieto, un chiquillo de cabellos rizados, a tocar a los vecinos para preguntarles quién podría llevar en su carro a Doloritas a parir al hospital. Por fortuna, el primer vecino a quien se tocó la puerta se ofreció gustoso a conducir a la futura madre al nosocomio.

La casera estuvo al pendiente de Doloritas la noche que duró su internamiento. Al día siguiente, abordaron un taxi a la salida del hospital. La joven llevaba a un pequeño entre sus brazos —un hombre —dijo la vieja cuando se enteró— estos sólo sirven para echar el chisguete como los perros y se van. Sea por Dios. De ti depende que lo traigas con el lazo cortito, que sea un hombre desde chiquito, no como ya sabes quién.

Ambas mujeres apretaron los labios conteniendo la risa. Por un tiempo, Doloritas continuó con éxito su negocio de garnachas, hasta que ahí mismo conoció al hombre con quien formó una nueva familia. La vieja le dijo: “Gallo que quiere a la gallina, la quiere con todo y pollitos, aunque no sean de él. Que no se te olvide, muchacha”. Y el gallo se hizo cargo de la gallina y del pollo, y se dio el lujo de hacer más numerosa la granja. Por lo menos hasta ahí se enteró la casera por una serie de cartas que Doloritas le enviaba regularmente, durante varios años, desde Austin, Texas, adonde la muchacha fue a radicar con su familia.

Los años pasaron, la casera se hizo vieja y enfermó. Poco duró su agonía; ella decía que “el que obra mal se le pudre el cutis”, tal vez por eso Dios le permitió una muerte piadosa, sin mayor sufrimiento que el debido, porque siempre quiso obrar bien con los demás. El día de su velorio, metida en una caja de madera y con las manos entrelazadas sobre el pecho, a la manera en que se acostumbra a colocar los difuntos dentro de los ataúdes, la casera recibió el último adiós de los suyos, de sus vecinos y de una mujer que vino con su familia desde Austin, Texas, para despedir con agradecimiento a quien fuese su consejera.

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Fuera de balance / Empresas por la resiliencia operativa

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Por Ángel Pérez Sánchez

El error más común de la alta dirección empresarial es ver la gestión ambiental como un costo administrativo. La realidad, respaldada por datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial, indica que el cambio climático ya no es un fenómeno meteorológico, sino un riesgo sistémico de mercado.

En ese sentido, la llegada de la ISO 14001:2026 marca el fin de la era del “cumplimiento por compromiso” para inaugurar la era de la resiliencia operativa. En el contexto actual de relocalización de cadenas de suministro (nearshoring), la trazabilidad ambiental ha dejado de ser un “plus” para convertirse en un filtro de exclusión.

En sectores de alta precisión como el automotriz o el aeroespacial, no tener la certificación ISO 14001:2026 equivale a tener un pasaporte vencido: simplemente no puedes cruzar la frontera de las cadenas globales de valor. Los inversionistas y reguladores ya no preguntan si tienes un plan ambiental, sino cómo este garantiza que no perderás contratos por sanciones o interrupciones climáticas.

La nueva norma no pide que las empresas “sean buenas con el planeta”, pero sí exige que analicen cómo el entorno externo puede colapsar su continuidad operativa. Cuando Lillian Peregrina, directora comercial en Mexico & LATAM de BSI, afirma que la inversión se amortiza en menos de 18 meses, se refiere en concreto a la eficiencia en agua, energía y materias primas como optimización directa del flujo de caja.

Como bien señala Andrés Ibarra, gerente de desarrollo de negocios de BSI en México, el verdadero reto para las organizaciones en México y Latinoamérica es cerrar la brecha entre el discurso corporativo y la operación diaria.

Si el operador de la planta no entiende que su eficiencia es la que garantiza la permanencia de la empresa en mercados exigentes, la certificación es solo un maquillaje costoso.

Para Peregrina e Ibarra postergar la adopción de la norma ISO 14001:2026 no es ahorrar dinero, es acumular una deuda de riesgo que, tarde o temprano, los mercados, los seguros y los bancos cobrarán con intereses impagables.

Iniciativa privada invierte en Sinaloa

El grupo TransitionIndustries, anunció una de las inversiones industriales más relevantes en la historia reciente del país: 3,300 millones de dólares, mediante el proyecto Pacífico Mexinol que contribuirá a posicionar a México como un actor estratégico en la nueva industria química de bajo carbono y en la transición energética global.

El proyecto, ubicado en Topolobampo, Sinaloa, contempla la construcción de la planta de metanol con emisiones ultra bajas más grande del mundo en su tipo, bajo un modelo orientado a emisiones netas cercanas a cero (Net Zero), mediante el uso de tecnologías de captura de carbono, energías limpias e hidrógeno verde.

Déjeme decirle que el metanol es un insumo clave para múltiples cadenas industriales, utilizado en la producción de materiales, combustibles y productos químicos de uso cotidiano. En su versión de bajas emisiones, como la que producirá en Sinaloa, se convierte además en un componente relevante para avanzar hacia procesos industriales y energéticos más limpios.

Se espera que Pacífico Mexinol inicie operaciones para el 2030, con una producción de 1.8 millones de toneladas anuales de metanol azul y 350 mil toneladas de metanol verde, lo que fortalecerá la competitividad industrial de México y su integración en cadenas globales de valor.

Durante su etapa de construcción, el proyecto generará alrededor de 6,000 empleos, así como más de 400 empleos permanentes en operación, impulsando el desarrollo económico regional, la formación de talento especializado y el fortalecimiento de proveedores locales.

Considera además el uso exclusivo de agua residual tratada, buscando evitar la presión sobre fuentes de agua potable, y cuenta con más de 200 medidas de mitigación ambiental.

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Gas natural: del dogma a la realidad

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México mantiene una contradicción en su política energética: mientras el discurso apuesta por la soberanía, la realidad profundiza la dependencia del extranjero. Importamos gas licuado de petróleo, combustibles automotrices y gas natural. El caso de este último energético es quizá el ejemplo más evidente. México vive atado a las importaciones, especialmente de Estados Unidos y esa dependencia se acentuó durante el sexenio del nacionalista Andrés Manuel López Obrador.

En 2025, México importó en promedio de 6 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) y el Sistema de Información Energética (SIE).  Esto equivale a aproximadamente 68 mil millones de metros cúbicos anuales, un volumen histórico que confirma una tendencia creciente desde 2018.

El volumen del gas proviene del extranjero (principalmente de Texas) y que utiliza México, especialmente para la industria y para la generación de energía eléctrica equivale al 76% del consumo total nacional.  Esto significa que tres de cada cuatro moléculas que consumimos no se extraen del subsuelo mexicano, aunque ahí está el gas natural: enterrado.

El balance del sexenio anterior es claro: las importaciones crecieron de manera sostenida, con un incremento promedio anual cercano al 5%, y un aumento acumulado de más de 30% respecto a 2018. Este fenómeno no fue casual. Respondió, por un lado, a la caída relativa de la producción nacional de gas y, por otro, a una política energética que, en los hechos, relegó el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente el gas de lutitas.

La negativa al fracking durante el sexenio pasado -más ideológica que técnica- dejó sepultado uno de los mayores potenciales energéticos del país. México cuenta con recursos prospectivos de hasta 141.5 billones de pies cúbicos de gas natural en yacimientos no convencionales, ubicados principalmente en tres cuencas: Burgos, Sabinas-Burro Picachos y Tampico-Misantla que abarcan parte de los estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

De estas, la Cuenca de Burgos, en el noreste del país, es considerada la más importante por su extensión, infraestructura existente y cercanía con los desarrollos shale de Estados Unidos. Es, en términos geológicos y económicos, la gran reserva estratégica de gas natural de México.

Por eso, el giro del actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para volver a permitir extraer el gas natural alojado en las rocas mediante el fracking o fracturamiento hidráulico bajo nuevos estándares técnicos y ambientales no sólo resulta relevante, sino necesario, ya que marca el abandono de una narrativa que durante años frenó el aprovechamiento del gas natural y provocó el aumento en las importaciones.

La decisión significa reconocer que el gas natural no es el enemigo de la transición energética, sino su aliado. En un sistema eléctrico donde más del 60% de la generación depende de este combustible, su disponibilidad es indispensable para garantizar estabilidad, respaldo a energías renovables y competitividad industrial. 

El gas natural es el combustible de transición ya que genera menos emisiones contaminantes que el carbón o el combustóleo; es más económico que otras opciones energéticas y es esencial para sostener el crecimiento económico mientras se avanza hacia un sistema más limpio.

Apostar por su producción nacional no significa renunciar a la transición energética, sino hacerla viable porque seguir dependiendo del gas importado representa riesgos como la vulnerabilidad ante eventos climáticos, tensiones geopolíticas que derivan en la volatilidad y, casi siempre, en aumento de precios, como se evidenció durante la crisis energética de Texas, en 2021.

Reevaluar el fracking significa dejar atrás el oscurantismo ideológico para adoptar una política energética informada y orientada al bienestar nacional. Ahora el reto es atraer y garantizar inversiones público-privadas; una regulación estricta y una supervisión clara de las prácticas para disminuir el daño al medio ambiente.

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Fuera de Balance / Inversión privada, motor que no debe detenerse

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Por Ángel Pérez Sánchez

La inversión privada se mantiene como el pilar más sólido para garantizar la estabilidad y el crecimiento de México. Más allá de los indicadores macroeconómicos, es el flujo de capitales, nacionales y extranjeros, lo que traduce las proyecciones en empleos reales, infraestructura y competitividad. Cuando una empresa destina sus recursos económicos en territorio mexicano, no solo apuesta por un mercado consumidor, sino por la capacidad técnica de su gente y la posición estratégica del país en las cadenas de valor globales.

Esta semana, tres anuncios de sectores tan diversos como el de consumo masivo, la belleza y la manufactura pesada, confirman que, pese a los retos, la brújula de los negocios sigue apuntando hacia la consolidación en suelo azteca.

Nestlé apuesta en el Edoméx

La firma suiza Nestlé destinará una inversión de 455 millones de dólares. Lo interesante de este movimiento es su dualidad: 275 millones se destinan a modernizar sus cinco plantas ya existentes (desde el alimento para mascotas en Cuautitlán hasta los snacks saludables en Tultitlán), mientras que 180 millones dan vida a un nuevo Centro de Distribución (CEDIS) en Zumpango.

Con una capacidad de 90 mil posiciones de pallets, este CEDIS no es solo un almacén; es una declaración de eficiencia. Según Fausto Costa, presidente ejecutivo de la compañía, la hoja de ruta incluye automatización y mejoras en eficiencia hídrica y energética. Para una entidad que alberga a casi 3,000 colaboradores directos de la firma, esta inyección de capital asegura que la manufactura mexiquense siga siendo el corazón operativo de Nestlé en la región.

Natura y la conquista del “retail”

Por otra parte, en el sector de venta directa, Natura está rompiendo el molde tradicional. La compañía anunció la apertura de 10 nuevas tiendas y 10 franquicias para este 2026, buscando alcanzar 34 puntos de venta físicos. El objetivo es claro: capitalizar un mercado de belleza que en México supera los 14,000 millones de dólares anuales.

Francisco Demesa, director general de Natura y Avon, ha sido enfático: México es el mercado de habla hispana con mejores oportunidades en Latinoamérica. El giro hacia las franquicias es estratégico, pues permite fomentar el emprendimiento local manteniendo los estándares de una marca global. Es, en esencia, la evolución de la venta por catálogo hacia una experiencia omnicanal donde el consumidor decide dónde y cómo interactuar con la marca.

Die Casting: El silencio estratégico de la manufactura

El sector industrial se prepara para una cita clave en el Bajío. Los próximos 15 y 16 de abril, la Die Casting Expo México 2026 aterrizará en el Centro de Congresos de Querétaro. La fundición a presión es, quizás, uno de los héroes anónimos de nuestra economía; sin ella, las industrias automotriz y aeroespacial simplemente se detendrían.

México se ha consolidado como un centro de manufactura avanzada, y la región del Bajío —Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes— es el epicentro de este ecosistema. El evento no solo será una vitrina de maquinaria y aleaciones, sino un termómetro para medir cómo la automatización y la ingeniería de precisión están respondiendo a la creciente demanda de componentes especializados en Norteamérica.

En el balance final…

Desde el café que consumimos hasta las piezas de alta precisión de un motor, la inversión privada está presente. Que estas empresas sigan expandiendo sus líneas de producción y abriendo puntos de venta es la mejor señal de que México, con su infraestructura y talento, sigue siendo un destino indispensable para el capital global.

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